Argelia, tras la dimisión de Buteflika: «Los argelinos tienen claro que aún queda lo más importante»

Día histórico en Argelia después de que la dimisión de este martes de Abdelaziz Buteflika (82 años), que pone fin a un liderazgo de 20 años, ante la presión de las protestas multitudinarias del pueblo argelino contra la continuidad del mandatario. Ahora se abre paso una «transición política» del Gobierno post-guerra civil (1992-2002) como desafío más importante para el gigante magrebí.

Para Nadjia Bouaricha, periodista del diario El Watan, uno de los periódicos más críticos con el oficialismo, Buteflika ha renunciado porque el movimiento de protesta popular «reclamando la salida del régimen y sus red clientelar» no se ha debilitado desde que empezara la revuelta el pasado 22 de febrero. «Buteflika y su clan intentaron maniobras incluso para buscar ayuda externa y amenazar con el caos sirio. Pero todos sus intentos fueron inútiles. La presión de la calle ha pesado hasta el punto de que incluso el ejército ha llegado a comprender que lo que cuenta es la elección de la gente», sostiene Bouaricha.

El teniente general Ahmed Gaid Salah, jefe del Estado Mayor argelino y viceministro de Defensa – Reuters
¿Qué papel ha tenido el ejército y del jefe del Estado Mayor, Gaïd Salah, en la decisión de Buteflika?
Me imagino que la reacción del Jefe de Estado Mayor se produjo después de una presión del comando. Todos conocemos la proximidad de Gaid Salah con el clan presidencial de Bouteflika. Gaid Salah ha respaldado todas las decisiones de Said Bouteflika (hermano del hasta ayer presidente) e incluso se ha beneficiado de este reinado presidencial que generó generosamente a sus patrocinadores. Hoy la situación ha cambiado. Los argelinos han exigido en las manifestaciones la salida de Bouteflika y Gaid Salah. El último entendió que perdería al seguir sosteniendo a Bouteflika.

A partir de este día, el Ejército tendrá que evitar el menor «paso en falso» frente a una calle convertida en un «nuevo actor político» de peso en Argelia, dice a AFP Hasni Abidi, director del Centro de Estudios e Investigaciones sobre el Mundo Árabe y Mediterráneo en Ginebra. El lunes, la agencia oficial argelina había anunciado que la dimisión de Buteflika llegaría antes del 28 de abril, fecha que marca el término de su mandato, sin embargo, el pulso del hombre fuerte del Ejército argelino Gaid Salah al entorno del presidente para que se apartara de una vez ha propiciado la resignación del enfermo líder magrebí.

Visiblemente cansado, la última aparición de Buteflika ha tenido lugar hace unas horas. Vestido con una gandoura beige (túnica norteafricana) y sentado en una silla de ruedas, el mandatario de 82 años ha entregado la carta de renuncia al presidente del Consejo Constitucional Tayeb Belaiz.

Footage of Bouteflika, frail and skeletal, delivering his letter of resignation to the president of the Constitutional Council. It really is a woeful sight. #Algeria pic.twitter.com/oBt9GPOlzX— Yasmina (@animsche)

2 de abril de 2019Esta decisión «tiene la intención de ayudar a calmar los corazones y las mentes de mis compatriotas, para permitirles proyectar juntos Argelia hacia un futuro mejor al que aspiran con razón», dijo el jefe de estado en su carta de dimisión, ha informado la agencia oficial APS.

«Está claro que la propuesta del Ejército no satisface plenamente las expectativas populares. Los argelinos han reclamado su soberanía sobre todas las decisiones con la aplicación de los artículos 7 y 8 de la Constitución. Pero el Ejército se ampara en el requisito previo de la sección 102 que permite al presidente del Consejo de la Nación (Abdelkader Bensalah, 77 años) liderarlo y al gobierno actual administrar la transición», explica a ABC la periodista argelina. «Este no es el cambio que pide la calle. Los argelinos exigen la salida del régimen, incluido la del jefe del ejército», agrega.

Los argelinos quieren ejercer su propio derecho a la autodeterminación -explica Bouaricha- a través de una Asamblea Constituyente que redacte la nueva constitución para el establecimiento de la Segunda República. «Son conscientes de que lo más importante queda aún por hacer», concluye.

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