Atlantismo a pesar de Trump

Los europeos necesitamos solidaridad atlántica, el pilar de nuestra defensa colectiva. El reto es contribuir más y mejor y hacerlo gestionando e
l ego desbocado de Donald Trump. El presidente americano ha pulverizado en tiempo record el «poder blando» o la capacidad de atracción de su país y ha debilitado su influencia global.

Estos días en Bruselas se ha mantenido fiel a un estilo de poder dramático, exigiendo a los dirigentes europeos de forma inmediata más gasto en defensa y nuevas concesiones en comercio internacional, mezclando temas atlánticos con comunitarios. Su desprecio permanente a las formas y a lo pactado (por ejemplo, a la clausula de defensa mutua del artículo 5, nada menos) hace más difícil que consiga sus objetivos. Sufre una pulsión infantil de querer experimentar hasta dónde puede llegar con sus escaladas verbales antes de tener que desdecirse, un patrón patológico de conducta que se repite una y otra vez.

El descontrol temperamental le hace ser menos eficaz en la defensa de los intereses de Estados Unidos: mezcla verdades y mentiras, exageraciones y fábulas con argumentos plausibles, a los que resta coherencia y hace menos convincentes. Los europeos invierten más en defensa que hace unos años y la Alianza Atlántica no sirve solo para protegerlos, sino que es un instrumento esencial del despliegue militar norteamericano en todo el planeta.

Angela Merkel, descrita por Trump como alguien en manos de Rusia (es posible que el presidente esté proyectando sus propios problemas), ha demostrado firmeza e inteligencia en la relación con Vladimir Putin, y no se deja chantajear por la dependencia energética. Al día siguiente del ataque frontal a la canciller, el presidente norteamericano recoge velas, la felicita por sus éxitos y afirma que la relación con Berlín es magnífica. Todo gracias a que los socios europeos de la OTAN van a gastar más en defensa, algo pactado antes de la cumbre. Trump ha sido incapaz en estos dos días de hablar de la defensa atlántica en términos de valores compartidos. Pero ha conseguido unir a los europeos en la tarea franciscana de sobrellevarlo hasta su siguiente arrancada.

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