Austria propone eliminar diez comisarios europeos

Mientras Alemania y Francia deshojan la margarita de sus complicadas propuestas conjuntas, de cara a la cumbre europea de finales de junio, el jefe de gobierno de Austria toma la iniciativa y presenta propuestas concretas y contundentes. Sebastian Kurz recuerda que tras el Brexit hará falta más dinero y su deducción lógica es la necesidad de ahorro. Señala como primera y ejemplar medida una reducción drástica del número de comisarios europeos, que contribuya a evitar en lo posible un aumento de las aportaciones presupuestarias de los socios a la UE. En una entrevista concedida al diario alemán «Die Welt», Kurz insta a »manejar cuidadosamente el dinero de los contribuyentes» y a «reducir en lo posible los gastos de administración».

A punto de ocupar la presidencia por turno de la UE, a partir del 1 de julio, Austria asume su porción de liderazgo y señala que «creo que si queremos que los países europeos ahorren, Bruselas debe predicar con el ejemplo». «Si el número de comisarios es reducido de los actuales 28 a solo 18, según un principio de rotación justa, no solo se generará un ahorro, sino que además la comisión Europea se convertirá en un órgano mucho más efectivo y focalizado», propone.

El nuevo canciller austriaco propone además reducir a una sola sede las instalaciones del Parlamento Europeo. «Por supuesto que no tiene sentido que un solo Parlamento Europeo funcione en dos sedes diferentes, Bruselas y Estrasburgo. Estoy seguro de que el Parlamento Europeo va a tener en el futuro una sola sede y creo que cuanto antes mejor, aunque también estoy seguro de que Francia no renunciará voluntariamente a la sede de Estrasburgo, al menos no la Francia progresista de Emmanuel Macron». Kurz se refiere a la poca sensatez del funcionamiento del a Eurocámara, que trabaja una vez al mes de lunes a jueves en Estrasbrugo y el resto del tiempo en Bruselas, generando unos constes adicionales de unos 200 millones de euros al año.

La secretaría del Parlamento europeo, por otra parte, tiene sede en Luxemburgo, de acuerdo a una planificación original que evitaba la centralización y cuyo objetivo era que las instituciones europeas estuviesen ubicadas en cuantos países fuese posible. Aquellos acuerdos fundacionales, que consideraban principios de prestigio y equilibrio, pero también intereses económicos puros y duros, resultan hoy obsoletos en parte de sus planteamientos, según el gobierno austriaco, que desearía que el nuevo marco presupuestario a partir de 2021 no exija a los países contribuyentes netos un coste mayor al 1% de su propio PIB.

Muy lejos de estas aspiraciones, la propuesta de la Comisión Europea para el nuevo periodo presupuestario, de 2021 a 2027, contempla un aumento del 1,11% del PIB conjunto, respecto al 1,03% actual, reduciendo las políticas agrarias y de cohesión en torno a un 5% cada una. «Austria transfiere a Bruselas cada año una cantidad neta de 970 millones de euros y estoy convencido de que el Brexit y la nueva situación presupuestaría es la ocasión perfecta para examinar más a fondo en qué se invierte ese dinero».

La propuesta, de entrada, no parece despertar especial resistencia en la Cancillería de Berlín. Incluso hay indicios de que Merkel estuviese avisada, como sugiere el hecho de que ayer sacase en una conversación una posible reducción de la nueva Comisión Europea que tomará posesión en otoño de 2019. Se diría que Kurz toma el papel de ariete, pero un ariete empujado desde atrás por la potencia de Berlín, que desea evitar en lo posible una confrontación frontal con Francia. Aunque no podemos desdeñar las ganas y capacidad de Sebastian Kurz para señalar a Europa caminos alternativos a los de las últimas décadas. Hoy recibe en Viena a Vladimir Putin, que llega en visita de trabajo para celebrar el 50º aniversario de la firma del primer acuerdo de abastecimiento de gas natural ruso para la república alpina y deseoso de escenificar que hay una Europa a la que sí da su aprobación, la del gobierno que el conservador Kurz ha formado con el ultraderechista FPÖ, uno de los ejecutivos más favorables aMoscú en la Unión Europea.

Tras el escándalo del intento de asesinato de un ex espía ruso en el Reino Unido, Viena fue uno de los pocos países comunitarios que decidió no unirse a las sanciones diplomáticas contra Rusia. El vicecanciller del Gobierno y jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache, ha abogado este fin de semana por un final a las sanciones comerciales occidentales contra Rusia, impuestas tras la anexión rusa de la península ucraniana de Crimea. «Es hora de poner fin a esas molestas sanciones y normalizar las relaciones políticas y económicas de Europa con Rusia», ha declarado, advirtiendo que las sanciones son dañinas para la economía austríaca y que la posición europea «arroja a Rusia en los brazos de China». El propio Kurz ha afirmado que su país se propone la función de «tender puentes» tanto geográfica como políticamente entre Occidente y Rusia.

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