Barnier vuelve a enfriar la perspectiva de un Brexit pactado

El negociador europeo, Michel Barnier, reconoció ayer tarde en una reunión con los embajadores de los 27 países europeos que los trabajos del fin de semana no han servido de gran cosa y que se sentía «contrariado» por la situación. Después de la reunión el viernes entre el presidente del Gobierno irlandés, Leo Varadkar, y el británico Boris Johnson, habían aparecido frágiles perspectivas de un acuerdo, una vez que ambos aceptaron que habían abierto una puerta «a un camino hacia un posible acuerdo». Los técnicos de la Comisión Europea se han pasado el fin de semana analizando con los representantes británicos la fórmula que ha emergido de esta conversación distendida entre los dos responsables políticos más directamente afectados. El presidente del Consejo, Donald Tusk, también creyó que había «señales positivas de que un acuerdo es aún posible». Pero ayer tarde, Barnier devolvió a los embajadores al más crudo realismo. La Comisión informó oficialmente que «queda mucho trabajo por hacer».

Según fuentes irlandesas, la base en la que se movieron las negociaciones volvía a ser en líneas generales la versión del «Backstop», la salvaguarda irlandesa, aceptada por Theresa May para Irlanda del Norte, pero con una cláusula que permita compensar a las compañías de esta provincia si el Reino Unido obtiene condiciones más ventajosas en sus acuerdos comerciales con países terceros. Este modelo volvía al trazado de una sutil frontera en el mar, entre la isla de Irlanda y la de Gran Bretaña, algo que inicialmente habían rechazado los partidarios más radicales del Brexit. En un comunicado el mismo viernes por la noche, Arlene Foster, la líder del Partido Unionista del Ulster (DUP) que ha tenido la llave de la mayoría parlamentaria del Gobierno conservador británico, también había dado señales de que tal vez podría apoyarlo. «El DUP siempre ha indicado que el Reino Unido debe abandonar la UE como una nación y, al hacerlo, no se pueden erigir barreras al comercio dentro del Reino Unido», dijo para reconocer acto seguido «la necesidad de ser flexible y buscar soluciones específicas para Irlanda del Norte». Sin embargo, el sábado un diario italiano publicaba una entrevista con su número dos, Nigel Dodds, en la que este se pronunciaba en contra de la nueva fórmula que a su juicio «no puede funcionar porque Irlanda del Norte ha de seguir siendo parte de la unión aduanera del Reino Unido».

Visto desde Bruselas el tiempo que queda para lograr un acuerdo es tan ajustado que cualquier tropiezo podría hacerlo sencillamente imposible. Los ministros de Asuntos Exteriores se reunirán el martes en Luxemburgo para preparar la cumbre que empieza el jueves en Bruselas en la que se ha dedefinir si hay un acuerdo para el Brexit, si habrá una desconexión sin acuerdo o si Londres pedirá una nueva prórroga.

Votación en el Parlamento
Según decía el sábado el británico «The Times», Boris Johnson ha decidido que someterá al Parlamento británico el resultado de las negociaciones sobre el Brexit en las 24 horas posteriores a la cumbre, de acuerdo con lo que prevé la llamada ley Benn, que le obliga a pedir una prórroga en caso de que no haya acuerdo. En este caso forzaría a los partidarios del Brexit a aceptar el pacto al que pueda llegarse, o resignarse a esa nueva extensión del plazo que daría tiempo para celebrar unas elecciones o incluso un segundo referéndum. En cuanto a la oposición laborista, el responsable del seguimiento del Brexit, Sir Keir Starmer ha dicho que el partido haría «lo que sea necesario» para evitar que el Reino Unido abandone sin un acuerdo la UE a fin de mes y que si Johnson no logra un acuerdo en Bruselas, debe cumplir con la legalidad y pedir ese aplazamiento. «Nosotros haremos todo lo que haga falta para evitar que nuestro país salga de la UE sin un acuerdo. Si no hay acuerdo la próxima semana, Johnson debe buscar y aceptar una extensión. Esa es la ley. Sin peros, sin pretextos».

Por si fuera poco, hoy lunes se celebra la reapertura del Parlamento británico, con un discurso de la Reina Isabel II, más comprometido que nunca por el ambiente que creó la sentencia que declaraba ilegal la suspensión del periodo de sesiones el mes pasado. En la política europea ha sucedido con frecuencia que los problemas más complejos se disolvían con el calor de un calendario apremiante. Pero en este caso, la política británica puede hacer que sea el caso más difícil de todos.

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