Boris y la hiperdemocracia

Boris Johnson es el candidato conservador con más posibilidades de convertirse en el sucesor de Theresa May. Pero si pudiera pedir un deseo, elegiría llegar en bicicleta al número 10 de Downing Street una vez se hubiese aprobado en el Parlamento el acuerdo de retirada de la UE. Le sería mucho más fácil entonces culpar de todas las consecuencias y costes del Brexit a un gobierno del que él eligió marcharse. Asunto distinto es si lograría unir a su partido, porque lo movería a la derecha para competir con los nacionalistas ingleses de Nigel Farage. Johnson, no obstante, es un líder popular, hecho para triunfar en un contexto de hiperdemocracia, como el descrito por José Ortega y Gasset en «La Rebelión de las Masas»: la opinión de los expertos y la democracia representativa quedan orilladas por los deseos más toscos e irreflexivos de la multitud. El antiguo alcalde de Londres y ministro de Exteriores sigue opinando que romper con la UE ofrece muchas oportunidades a su país, contra toda evidencia económica y geoestratégica. Rechaza un segundo referéndum sobre Brexit porque animaría a Escocia a independizarse, justo lo contrario de lo que dicen los nacionalistas en Edimburgo. Los hechos y los datos no le impiden opinar lo antitético con rotundidad. Aún así, ve con claridad el desconcierto monumental que heredaría si May fracasa a principios de junio en su cuarto y último intento de aprobar el acuerdo de retirada. La primera ministra no ceja en su empeño y hará concesiones al partido laborista hasta el minuto final. Jeremy Corbyn colabora como puede para culminar el Brexit con un mal acuerdo, dado su anti-europeismo, aunque se siente amenazado por la mitad de sus diputados, partidarios de un segundo referéndum y de la permanencia.

Si Boris llega al poder con su país aún dentro de la Unión, el plazo de salida del 31 de octubre no será suficiente y se planteará una nueva prórroga. En ese escenario, el nuevo primer ministro, siempre pendiente de las conversaciones en los pubs, será capaz de proponer cualquier cosa, incluido un giro pro-europeo.

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