China critica la retirada de Trump del tratado nuclear

En plena guerra comercial, el presidente Trump ha abierto otro frente más con China al anunciar su plan para retirarse del tratado que EE.UU. suscribió en 1987 con la extinta Unión Soviética para eliminar y prohibir los misiles nucleares de rango intermedio. Aunque la Casa Blanca justifica esta controvertida decisión argumentando que Moscú lleva años incumpliendo el acuerdo, parece que su objetivo no apunta al Kremlin, sino al autoritario régimen de Pekín.

Dentro de su ascenso como superpotencia gracias a su crecimiento económico, China ha desarrollado sus propios misiles nucleares de alcance medio para disputarle a EE.UU. la hegemonía en el Océano Pacífico, o al menos no estar a merced de sus portaaviones. Su arsenal apunta a las llamadas «primera y segunda cadena de islas». Mientras la primera la componen Japón, Taiwán y Filipinas (todos aliados de EE.UU.), la segunda llegaría hasta la base militar de Guam, donde Washington tiene una de sus bases más importantes en el Pacífico.

Ante estos proyectiles, comúnmente llamados «mata-portaaviones», la Casa Blanca no puede hacer nada porque tiene las manos atadas en virtud de su tratado de hace tres décadas con Moscú, por el que ambas partes renunciaron a sus miles balísticos y de crucero con un radio de entre 500 y 5.500 kilómetros. Como China está libre de esa restricción, Trump persigue ahora cancelar el acuerdo con Rusia para dotarse de cohetes intermedios con los que hacer frente a una hipotética amenaza de Pekín.

«Quiero recalcar que es complemente erróneo usar a China como excusa para salirse del tratado», criticó ayer la portavoz de Exteriores, Hua Chunying, según informa Bloomberg. Confiando en que ambos países «mantengan durante años los logros tan difícilmente alcanzados» y en que «aborden prudentemente y a través del diálogo los asuntos relacionados con el tratado», recomendó a Trump que «se lo piense dos veces» antes de romper al acuerdo.

Como es lógico, Pekín teme que el presidente estadounidense vuelva a dotarse de misiles nucleares intermedios – lo que supondría una seria amenaza- o que se libre del veto vigente desde 1987 para presionar en pos de un nuevo tratado que incluya no solo a Rusia, sino también a China. En previsión de que algo así pueda ocurrir y se vea obligada a renunciar a sus misiles intermedios, el régimen comunista lleva años desarrollando el H-20. Así se conoce a su bombardero invisible al radar, capaz de volar entre 8.000 y 12.000 kilómetros para arrojar un artefacto nuclear sobre los portaaviones estadounidenses. Dicho aparato, aún en fase de pruebas, cumpliría las mismas funciones destructoras que sus misiles de rango intermedio.

Mientras se agravan las tensiones entre Washington y Moscú, el presidente chino, Xi Jinping, viajó ayer a la sureña provincia industrial de Cantón (Guangdong), sede de la «fábrica global», para dar ánimos a los trabajadores e impulsar nuevos proyectos tecnológicos. Ignorando la ralentización de la economía por la guerra comercial, Xi inaugura hoy martes el puente más largo del mundo, que une sobre el mar los 55 kilómetros que distan entre Hong Kong y Macao.

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