Dando ejemplo al mundo: esta semana se honra lo mejor de Estados Unidos

Los actos que se han celebrado esta semana para honrar la vida de George H.W. Bush (Presidente de EE.UU.1988-1992), fallecido el 1 de diciembre, nos hacen recordar porqué Estados Unidos ha sido y es el país líder del mundo. Cabe resaltar lo solemnes y conmovedoras que han sido las ceremonias y los discursos que han dado los líderes de los partidos políticos, incluida la emotiva elegía leída por su hijo George W. Bush (Presidente EE.UU. 2000-2008) en su funeral el miércoles día 5 en la catedral nacional en Washington, D.C.. También queda de manifiesto el profundo patriotismo y amor a la bandera que transciende cualquier ideología política, cosa que contrasta tristemente con España en este momento. Sin embargo, esta semana ha sido importante para Estados Unidos y para el mundo porque se recuerda a un líder de los de antes, de los que ya no se ven, de los que deberíamos volver a generar.

Yo nací en 1982, el año en el que Ronald Reagan empezó su mandado de ocho años como Presidente contando con George Bush como su Vicepresidente. Y aunque soy demasiado joven para recordar cómo se vivió el impacto de los logros históricos de Reagan y Bush durante esos años (el fin de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, el boom económico después de la recesión de los 70, los acuerdos firmados con China, entre otros), en estos momentos no puedo evitar comparar su perfil político con los que se ven hoy en día.

Tengo doble nacionalidad española y americana, y vivo muy preocupada por la situación política y social de mis dos países. La polarización y la falta de ‘diálogo’ real están creando crispación, rencor, y división entre gente de todas las edades. Y si uno se para a escuchar, es gente que, realmente, más a menudo de lo que uno piensa, tiene las mismas metas y objetivos: ayudar y servir a su país, respetar la ley, y hacer propuestas justas que promuevan el desarrollo del país. Claramente, el camino que los distintos partidos quieren seguir para lograr estos objetivos son diferentes, pero cuando alguien enciende la televisión o lee los periódicos, se ve que las noticias son sesgadas, la demagogia abunda, y el «fake news» nos amenaza.

Y dentro de este contexto, ¿cómo van a generarse líderes como George H.W. Bush, que sean buenos diplomáticos, que sepan negociar y ceder cuando sea necesario, y que sepan apoyar las ideas de un supuesto contrincante cuando éstas sean lo mejor para el país?

Observemos estas palabras de la carta que le escribió Bush, siendo republicano, al demócrata Bill Clinton, el día que éste último le sustituyó en la presidencia después de haberle ganado en las elecciones celebradas en 1992: «…Yo no soy muy bueno dando consejos, pero no dejes que la gente que te critica te desanime ni te distraiga de tus objetivos. Serás nuestro presidente cuando leas esta carta…Tu éxito ahora será el éxito de nuestro país. Te apoyaré con fuerza. Buena suerte. George»

Antes de ser vicepresidente durante 8 años y Presidente durante 4, Bush sirvió a su país en varios puestos de gran relevancia. Se alistó voluntariamente en la Marina el día que cumplió 18 años, para así defender a su país en la Segunda Guerra Mundial y combatir como piloto en el Pacífico. Después de una carrera de éxito en el sector privado, decidió entrar en política y fue Congresista por el estado de Texas. También fue el primer jefe de la legación americana en China, Embajador ante las Naciones Unidas, y Jefe de la CIA. Lo más importante de toda esta trayectoria es que la desempeñó siempre de forma conciliadora, unificadora, comprometida, y sobre todo con humildad y convicciones.

Hace unos meses cuando sabía que el final de su vida podía estar cerca, Bush le dijo a su familia que quería que el actual presidente Donald Trump y su familia fueran bienvenidos en todos los actos oficiales de esta semana, incluído en su funeral. Trump le ganó la nominación presidencial republicana a su hijo Jeb Bush en 2016, y ha criticado públicamente las políticas de su hijo mayor, George W. Bush, cuando éste fue presidente. Y a pesar de que las diferencias entre su familia y Trump son conocidas, Bush quiso tenderle la mano para así sanar cualquier herida y unir al país.

Entonces, ¿cuál es el legado que nos deja George H.W. Bush? Para él, lo primero siempre fue su país y no su ego, sus ideas políticas, o su partido. A través de su trabajo y esfuerzo, quiso contribuir a que el mundo fuera más seguro y próspero. No dejemos que su figura y liderazgo formen sólo parte de la historia, hagamos que sirva de inspiración para un futuro mejor tanto en Estados Unidos como para el mundo.

Adriana de Riva Harvey es analista política

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