El abogado de Stormy Daniels convierte el caso de la actriz porno en una cruzada contra Trump

Ha nacido otra estrella mediática. La pronunciada estela que deja Donald Trump, siempre fronteriza entre la amarga realidad y su indisimulada querencia por el reality show, es material idóneo para la fabricación de insospechados personajes. El último y más llamativo es Michael Avenatti, un abogado de controvertida trayectoria que ha saltado a escena en su condición de defensor de Stormy Daniels. El caso que enfrenta a la actriz porno con el también abogado Michael Cohen y, en última instancia, con su exjefe, Donald Trump, cuyo origen se encuentra en los 130.000 dólares pagados a Daniels para que callara su «affaire» con el magnate, acapara buena parte de la actualidad política, ahora que Trump preside Estados Unidos. Circunstancia que Avenatti ha aprovechado para adquirir un protagonismo mediático del que nunca disfrutó.

El letrado siempre ha acariciado estar en primera fila, pero la actividad jurídica en su estado original, en Seattle y Texas, no le habían permitido ir más allá que una exitosa intervención en casos de demandas colectivas. Con una proyección pública limitada a la defensa de personajes como Paris Hilton y Christina Aguilera. El caso Daniels, o caso Cohen, dos ramificaciones del mismo tronco, que afectan de lleno a la Casa Blanca y a algunas inconfesables actividades en lo alto de la Trump Tower, los mejores escaparates para adquirir fama en la costa Este, ha abierto una ventana de oportunidad que el impetuoso abogado no está dispuesto a desaprovechar. La actriz porno, ahora bailarina en barras americanas, mantiene un contencioso por difamación con Trump, que niega haber mantenido una relación con ella durante algunos meses de 2006. El exabogado y «chico para todo» del magnate afronta cargos de fraude bancario y contra la ley de financiación electoral, por el soborno a Daniels, con un dinero que él abonó y que después le reembolsó Trump, según su reciente confesión.

Pero la motivación de los litigios judiciales cada vez está más en segundo plano. Avenatti, con la misma afición a vivir peligrosamente que le ha llevado a disputar como piloto nada menos que 33 pruebas, entre otras las 24 horas de Le Mans y las de Daytona, se ha lanzado a una carrera mediática contra Trump. Con un abierto reconocimiento de que el objetivo es «derrocar al presidente de Estados Unidos», sus explosivas afirmaciones en Twitter y su continuada presencia en las televisiones con llamativas declaraciones que arremeten contra los demandados, «se ha catapultado a sí mismo para convertirse en protagonista de la historia». Así se expresa Stephen Gillers, profesor de Leyes en la Universidad de Nueva York, en declaraciones al Washington Post, con quien se muestra categórico en su convicción de que una conducta así suele volverse contra su cliente: «Cuando un abogado adquiere tanto protagonismo público, hay muchos peligros».

En una de las mayores imprudencias sostenidas por su insólita estrategia, de acuerdo con lo que opinan muchos expertos, Avenatti hizo públicos recientemente los movimientos de las cuentas bancarias de Michael Cohen. Una información que puso al descubierto las cantidades de dinero que el exabogado había percibido de compañías como Novartis y AT&T, justo después de la campaña presidencial. Frente a la intención del letrado de Daniels de tituar a Cohen y a Trump a los pies de los caballos, las empresas atribuyeron ese dinero a una contratación normal por sus servicios. El propio Cohen ya se ha encargado de resaltar que, dado el carácter privado de esa información, duda mucho que a Avenatti se le permita representar a su cliente en la Corte de Nueva York.

No es la primera vez que se enfrenta a Trump. Ya en 2005, Avenatti se encontró en los tribunales con el presentador del programa de televisión «El Aprendiz», en representación de la demanda de uno de los concursantes. También la ideología cuenta. El abogado de origen italiano pertenece al Partido Demócrata, con el que ha participado en 150 campañas electorales en 42 estados, entre ellas la que llevó al exvicepresidente Joe Biden al Senado. En un momento en el que el partido minoritario sufre una profunda crisis de identidad, con el menor poder en años, cualquier personaje que asume el papel de azote del inquilino de la Casa Blanca se convierte en reconocido abanderado de la causa liberal.

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