El delirante encuentro de Donald Trump y Kanye West

Decía el humorista George Carlin que uno de los principales problemas de América es que cualquiera puede ser presidente. No vivió Carlin —fallecido en 2008— para ver a Donald Trump en la Casa Blanca, y seguro que el encuentro que tuvo este jueves lugar en el Despacho Oval le hubiera reafirmado en sus temores. Por una vez, el actual presidente de EE.UU. se quedó sin palabras ante la verborrea de su huésped de honor, el rapero Kanye West, quien en una incomprensible arenga dijo que se sentía Superman, con los ojos puestos en el mismo escritorio tras el que se sentaron John Kennedy y Ronald Reagan.

Hace sólo cinco años la idea de Donald Trump, el magnate de los casinos y rascacielos dorados, en la Casa Blanca era motivo de chanzas. Las mismas que ahora puede despertar el propio West, con su ego desmedido y sus incesantes provocaciones. En el despacho en el que se han tomado decisiones que han cambiado el curso de la historia, rodeado de periodistas y funcionarios deslumbrados, West proclamó las razones de su apoyo a Trump: «Mi padre y mi madre se separaron, así que no tuve mucha energía masculina en mi infancia».

Desde que en 1970 Elvis Presley se presentó a las puertas de la Casa Blanca para pedirle a Richard Nixon que le diera una placa que le identificara como un agente de la lucha antidroga, no se había vivido un encuentro de estas características. A Elvis, sin embargo, no lo había invitado nadie. Trump organizó una comida por todo lo alto con West y su mujer, Kim Kardashian, para hablar de política y que los dos famosos le asesoren en materia de penas por delitos relacionados con el tráfico de drogas.

Apareció en Washington el rapero con la famosa gorra roja con las palabras ‹Make America Great Again› [«Hagamos que América vuelva a ser grande»], el lema de la campaña de Trump, y dijo que al ponérsela se había sentido «como Superman». «He recibido muchas presiones para no llevarla», dijo. Luego añadió: «Me encanta Corea del Norte. Desde el primer día de esta presidencia se ha solucionado uno de nuestros mayores problemas». Trump se reunió en junio con el dictador de ese país en un intento de facilitar su desnuclearización, algo que aún no ha dado resultados.

No es esta la primera vez que West se adentra en el complejo mundo de la política norteamericana, pero ha cambiado radicalmente de rumbo. En 2004, tras los estragos del huracán Katrina en Nueva Orleans, proclamó en televisión que «a George Bush no le importan las personas de raza negra», provocando furibundos ataques de los republicanos, que consideraban que había injuriado al comandante en jefe. Hoy es uno de los pocos artistas afroamericanos que apoya abiertamente a Trump.

Que alguien con una agenda habitualmente tan apretada como el presidente de EE.UU. encontrara este jueves tiempo para verse con un rapero para hablar de prisiones es la demostración de que la presidencia de Trump vive del espectáculo, sobre todo en unos días en que un huracán azota la costa Este del país, la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016 llega a su fin y la embajadora ante la ONU ha presentado su dimisión.

En un momento de la visita los periodistas le preguntaron a West si consideraba presentarse a las elecciones presidenciales, a lo que Trump respondió con premura: «Lo haría muy bien, pero sólo a partir de 2024».

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