El fiasco electoral de las FARC: solo un 0,28% del voto

Ha sido un amargo despertar para los dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Alzados en armas durante más de cincuenta años en nombre del pueblo colombiano, solo el 0,28% de los votantes les han dado su apoyo cuando finalmente se han medido en las urnas en un proceso democrático y completamente pacífico. Además, insultados y boicoteados en diversos actos públicos, incluso en alguno de los barrios más pobres de Bogotá, los exguerrilleros han renunciado a presentarse a las elecciones presidenciales del 27 de mayo.

Ha sido un completo fiasco. Decían aspirar a dos millones de votos, como primer paso para una próxima conquista electoral del poder, pero se han quedado en 85.000 votos, en medio de grandes dudas sobre su viabilidad misma como partido.

En las elecciones legislativas del pasado domingo, la rebautizada como Fuerza Alternativa Revolucionaria de los Comunes (con las mismas siglas de FARC, pero ahora con el artículo de ‘la’ en lugar de ‘las’) no consiguió representación ni en el Senado ni en la Cámara de Representantes, y eso que hasta doce distintas formaciones políticas lo lograron. En las elecciones a la Cámara, la FARC quedó en último lugar; en las del Senado, en el antepenúltimo. No obstante, tendrá cinco puestos en cada hemiciclo, pero eso como un regalo establecido en los Acuerdos de La Habana firmados con el Gobierno.

Incluso en zonas que eran base de las FARC, los exguerrilleros han visto cómo el pueblo les ha dado la espalda cuando han podido expresar ese rechazo en las urnas. En el departamento de Meta, por ejemplo, el partido del expresidente Álvaro Uribe, el mayor enemigo político de las FARC, ganó en la contienda para el Senado, con 65.600 votos, frente a los 1.659 logrados por los antiguos alzados en armas. También en Caquetá, el partido de Uribe, el Centro Democrático, fue el más votado para el Senado.

Insultos del público
El alargamiento del conflicto armado no ha hecho más que perjudicar la percepción política de una guerrilla propia de otra época. En 1986, cuando el presidente Belisario Betancur propició un primer proceso negociador con las FARC, pronto fracasado, esta organización participó en las elecciones mediante la plataforma Unión Patriótica. En las presidenciales, el candidato de la UP obtuvo 328.756 votos; en las legislativas, la UP logró catorce senadores, sumando varias alianzas.

También más apoyo electoral que el cosechado ahora por la FARC es el que obtuvo otro grupo terrorista, el M-19, cuando en las elecciones de 1990, tras dejar las armas, logró dos puestos en la Cámara de Representantes y cierto apoyo en las elecciones a varias alcaldías, como la de Bogotá, donde que obtuvo 80.000 votos.

Con los años, dirigentes del M-19, pero ya al margen de unas siglas que quedaron en el pasado, han podido hacer carrera política. Es el caso de Gustavo Petro, alcalde de Bogotá de 2012 a 2015 y ahora principal contendiente desde la izquierda en las elecciones presidenciales del próximo mes de mayo.

Difícilmente esa trayectoria podía ser copiada por Rodrigo Londoño, el máximo dirigente de las FARC, con el apodo de Timochenko. Londoño, que era el candidato del nuevo partido en las presidenciales, ha contado con un
activo rechazo ciudadano
en varios de los actos populares que ha protagonizado. El mal arranque de campaña, con apenas asistencia de público en Ciudad Bolívar, la población más popular del área de Bogotá, y el lanzamiento de objetos contra Londoño en visitas a ciudades como Armenia y Cali, son una manifestación de que las FARC no van a tener tan fácil transición a la vida política.

El 8 de marzo, el partido anunció la retirada de Londoño de la carrera electoral. La razón aducida fue la mala salud del candidato, que acababa de sufrir un problema cardiaco y ser sometido a una operación. La FARC decidió no sustituirle y optó por retirarse de la campaña presidencial. Para entonces las encuestas ya habían dejado claro que las viejas siglas no estaba despegando electoralmente. El partido ha alegado que las agresiones que sufría le estaban dificultando realizar un campaña normal.

Apoyo de Venezuela a Petro
Prueba de esas escasas posibilidades electorales es que el chavismo no ha apostado en estas elecciones por la FARC y Londoño, sino por Gustavo Petro y su plataforma Colombia Humana. La semana pasada, el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, pidió a los activistas chavistas que se movilicen en las redes sociales en favor de los presidenciables bolivarianos de otros países: Petro en Colombia, Andrés Manuel López Obrador en México y Fernando Lugo en Paraguay. Se trata de algo que también estaría formando parte de la agenda de TeleSur, el canal internacional bolivariano puesto en marcha por Hugo Chávez.

La orden fue transmitida a los militantes jóvenes del Partido Socialista Unido de Venezuela, a los que se invitó a crear «cuentas independientes» en las redes sociales para emitir mensajes favorables a esos candidatos e influir en las campañas electorales de esos otros países.

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