El Gobierno italiano, dividido por el barco con 177 inmigrantes

Se atraca, pero no se desembarca. Es inminente la salida de los inmigrantes del barco. No, ninguno puede bajar. Son las órdenes y contraórdenes que dan los ministros del gobierno sobre la nave de la Guardia Costera italiana Ubaldo Diciotti, que lleva a bordo a 177 inmigrantes rescatados hace una semana en aguas maltesas, porque su lancha neumática estaba naufragando.

Se evidencian así las enormes contradicciones en el gobierno de coalición formado por el Movimiento 5 Estrellas y la Liga. Por primera vez, el titular de Transportes e Infraestructuras, Danilo Toninelli, decidió el lunes ejercer sus prerrogativas como titular del ministerio del que depende la nave de la Guardia Costera. Toninelli indicó el puerto de Catania (Sicilia), para que se produjera el desembarco.

El barco llegó casi a la medianoche del lunes, pero el vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga, ordenó que no bajara ni un solo inmigrante hasta que la Comisión Europea decidiera el reparto de los 177 inmigrantes entre países miembros de la UE.

Ni el primer ministro, Giuseppe Conte, fue capaz de lograr un compromiso con los dos ministros enfrentados, Salvini y Toninelli. El titular de Interior, siempre desafiante, sin preocuparse del derecho y las convenciones internacionales hasta el punto de amenazar con devolver a Libia a todos los refugiados salvados en el Mediterráneo si la Comisión Europea no se comprometía a encontrar una solución con el reparto.

«O Europa comienza a actuar en serio, defendiendo sus confines externos y acogiendo a los inmigrantes que llegan a Italia, o comenzaremos a llevar a sus puertos de salida, a Libia, a todos los inmigrantes llegados a Italia». Salvini sabe que esta amenaza es irrealizable, y además ilegal. Por eso, añade: «Si podemos cambiar las concesiones de las autopistas -en referencia a la retirada de la licencia a la concesionaria de la autopista del puente que se derrumbó en Génova-, podemos cambiar también los acuerdos internacionales. Si siempre decimos que no se puede, hacemos daño a estos jóvenes que parten de África y mueren a miles, y además no hacemos el bien de los italianos», dijo Salvini.

Por su parte, el ministro de Transportes Toninelli, cansado de verse supeditado al juego de Salvini, optó por hacer su deber de defender a la Guardia Costera, un cuerpo de su ministerio que siempre ha estado en la primera línea socorriendo a náufragos y salvando vidas en el Mediterráneo.

Ataque de Malta
La tensión del gobierno italiano se ha extendido a sus relaciones con Malta, país acusado por Italia de no haber hecho su tarea, al desentenderse de socorrer a los 177 inmigrantes que naufragaban en sus aguas. La versión de Malta difiere de la que da el gobierno italiano. Además, cansado de los ataques de Salvini, el gobierno de La Valeta ha enviado sus quejas por escrito a la Comisión Europea. El primer ministro maltés, Joseph Muscat, ha dicho que «los populistas destruyen el diálogo», lanzando este ataque a Italia: «Con estos gobiernos italianos, no se puede ya seguir adelante», dijo Muscat.

Mientras tanto, el primer ministro, Giuseppe Conte, se movía, por indicación del presidente de la República, Sergio Mattarella, para sondear la disponibilidad de las cancillerías para acoger los inmigrantes. Todo indica que Matteo Salvini no cederá en su desafío a Bruselas. El ministro del Interior ha recordado el precedente de julio, cuando en Pozzallo (Sicilia) desembarcaron 450 inmigrantes: «Solo Francia ha mantenido su compromiso, acogiendo a 45 refugiados, sobre un total de 50 prometidos. Mientras, los demás países -Alemania, Portugal, España, Irlanda y Malta- no han cumplido con sus compromisos y no han acogido a ninguno». Entre tanto, sigue la extenuante espera de los 177 inmigrantes del Diciotti, 28 de ellos menores no acompañados.

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