El momento de Colombia: ingreso en la OCDE y asociación con la OTAN

Como país situado en el centro geográfico de América, Colombia tiene una función de nexo entre el Norte y el Sur que le otorga un extraordinario valor. Es una potencia media que aspira a ocupar un sitio entre México y Brasil (equidistante entre los núcleos más poblados de esos dos países), con un papel regional potencialmente mayor que el de Chile o Argentina.

La perspectiva de la paz ha acabado por acelerar el ascenso colombiano a la
primera liga
de naciones (acaba de entrar en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que es el club de las naciones desarrolladas), y lo hace con la idea de que solo una buena sintonía con Estados Unidos, dadas las coordenadas geográficas del país, permitirá desarrollar plenamente sus posibilidades (se ha convertido en el primer «socio global» latinoamericano de la OTAN).

Por más que esas tres realizaciones —acuerdo de paz con las FARC, ingreso en la OCDE y asociación con la OTAN— hayan ocurrido al final del mandato de Juan Manuel Santos, se trata del fruto de un continuado esfuerzo que viene de atrás. Durante veinte años, las presidencias de Andrés Pastrana (1998-2002), Álvaro Uribe (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010-2018), a pesar de sus diferencias, han tirado generalmente en la misma dirección. Pastrana abrió las primeras negociaciones serias con las FARC y acordó con Washington el decisivo Plan Colombia, un marco de seguridad que Uribe profundizó y que le llevó a derrotar militarmente a la guerrilla; Santos culminó el proceso tras emanar del gobierno de Uribe, de quien luego se distanció en asuntos como la concreción del acuerdo con las FARC.

Por primera vez en décadas, en las elecciones del próximo 17 de junio, en la segunda vuelta de las presidenciales, esa línea política de modernización económica y colaboración con Estados Unidos está en juego. Encabeza las encuestas Iván Duque, del Centro Democrático de Uribe, en cuyo ticket electoral se ha integrado el Partido Conservador de Pastrana y por quien, en la segunda vuelta, pide el voto buena parte del partido de Santos. Enfrente se encuentra el dirigente de izquierda Gustavo Petro, como candidato de un conglomerado de formaciones que cuestionan el consenso político y económico colombiano gestionado por el centro y la derecha en las últimas generaciones.

OCDE y OTAN
El 30 de mayo Colombia ingresó en la OCDE después de un largo camino de confluencia comenzado hace casi ocho años. Tras México y Chile, Colombia es el tercer país latinoamericano en formar parte de esta organización, de 37 miembros, entre ellos los más desarrollados del mundo. El proceso de ingreso se inició formalmente en 2013 y desde entonces Colombia ha tenido que adaptar parte de su legislación a las demandas de 23 comités examinadores de la OCDE. El Gobierno colombiano ha insistido en presentar a esta organización como «el club de las buenas prácticas», y la entrada ha exigido la homologación de procesos de supervisión y transparencia para mejorar la gobernanza y luchar contra la corrupción.

Un día después, el 31 de mayo, Colombia fue admitida formalmente como «socio global» de la OTAN, una línea de cooperación abierta por esta organización en 2010 como modo de mantener relaciones permanentes con socios que se encuentran fuera del Atlántico Norte. Colombia, primer país latinoamericano en dar este paso, sigue a la incorporación como «socios globales» de cuatro países occidentales clave (Australia, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda) y cuatro estratégicos aliados de Estados Unidos (Afganistán, Irak, Pakistán y Mongolia). Sin formar parte de la estructura de cooperación militar, el acuerdo establecido entre la OTAN y Colombia en mayo de 2017, y que ahora ha entrado en vigor, fija una especial colaboración en asuntos como ciberseguridad, seguridad marítima y los vínculos entre terrorismo y el crimen organizado.

Críticas de Venezuela
El candidato presidencial de izquierda, Gustavo Petro, no ha mostrado un especial entusiasmo por la entrada en la OCDE, pero tampoco la ha criticado, quizás porque es algo que enorgullece a muchos colombianos. Sin tantos miramientos electorales, el expresidente Ernesto Samper (1994-1998), alineado con Petro, ha advertido que México «perdió su liderazgo regional cuando entró en el club de la OCDE». «Por lo demás, que se sepa, ningún pobre se ha enriquecido trabajando con reglas de ricos», aseguró. No obstante, si Petro ganara, posiblemente mantendría a Colombia en esa organización, aunque aplicaría políticas que podrían revertir algunos de los estándares cuyo logro han permitido el ingreso del país y alejarían inversiones extranjeras que en principio pueden verse atraídas por la entrada en el club.

Petro tampoco ha sido claro en relación a la asociación con la OTAN, pero de llegar a la presidencia probablemente promovería la cesación del acuerdo de cooperación. De hecho, gobiernos vecinos simpatizantes con él han cargado contra el paso dado por Colombia, por considerarlo una «amenaza para la seguridad regional». De todos modos, la reacción de Caracas ha quedado muy por debajo de las protestas de Hugo Chávez cuando Bogotá y Washington acordaron en 2009 el uso estadounidense de siete bases militares en suelo colombiano.

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