El pacto con los kurdos abre a Al Assad el control del norte de Siria

En 24 horas y sin disparar una sola bala, Bashar al Assad ha recuperado más terreno de Siria que en los últimos dos años de guerra juntos. El mismo día en el que las tropas de Estados Unidos salieron del norte del país a través de la frontera con Irak, el Ejército sirio volvió a posiciones perdidas desde hace más de seis años y, según las imágenes difundidas por los medios oficiales, le recibieron con los brazos abiertos. Este despliegue se produce en plena ofensiva turca, pero Rusia, convertido en el país que maneja los hilos del conflicto, «no quiere pensar» en la posibilidad de que estallen enfrentamientos entre los ejércitos de Turquía y Siria porque, según el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, «se establecieron contactos y se llegó a determinados acuerdos», declaró sin añadir más detalles. Los rusos parecen tener todo controlado y además de coordinar con Damasco, Ankara y los kurdos, el jefe de su Estado Mayor, Valery Gerasimov, aseguró estar en contacto directo con su homónimo estadounidense Mark Milley, para resolver «asuntos de mutuo interés», que afectan a los nuevos movimientos en la zona.

La sorpresiva retirada de Donald Trump ha dado un giro radical al reparto de poder que se había establecido en Siria después de ocho años de guerra. En solo una semana, Estados Unidos ha dado luz verde a la invasión de Turquía, abandonado a sus aliados kurdos, claves en la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), y ha retirado a sus fuerzas. La primera consecuencia fue el giro de los kurdos hacia Damasco o Moscú en busca de protección y esto ha posibilitado un gran pacto que devuelve al Ejército de Siria al norte y noreste del país, zonas que controlaban desde 2012 las milicias kurdas de YPG, primero, y las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), después. El dirigente kurdo Aldar Xelil calificó el pacto con el Gobierno de Assad de «medida de emergencia» para intentar defender la frontera.

El primer lugar en el que se desplegó el Ejército sirio fue Tal Amar, situada a 30 kilómetros de la localidad fronteriza de Ras Al Ain, donde se viven violentos choques desde hace una semana. Las fuerzas de Assad también regresaron a las proximidades de Manbij, Tabqa e Ain Isa y en las próximas horas podrían llegar también a Kobane, en plena frontera, según recogió el diario progubernamental Al Watan y confirmó Recep Tayyip Erdogan argumentando que «Rusia ha mostrado una postura positiva» sobre este movimiento. No hay detalles sobre los próximo pasos, pero parece que la hoja de ruta pasa por seguir el modelo aplicado con los grupos armados en el sur de Siria con el que la parte árabe de las FDS se incorporarán al Ejército, mientras que las YPG podrán mantener las armas, pero solo dentro de las zonas urbanas que tengan bajo su control.

El presidente turco lanzó hace una semana la operación «Manantial de Paz» con la que pretende establecer una «zona de seguridad» de 30 por 480 kilómetros desde el río Éufrates a la frontera con Irak para alejar a los kurdos y realojar a buena parte de los 3,6 millones de sirios que tiene refugiados en su país. Fuentes oficiales consultadas por este medio en Damasco descartan «un choque directo con Turquía, pero hay mucha tensión en la zona y podría haber escaramuzas puntuales».

Los kurdos tienen la esperanza de frenar a Turquía, pero ven esfumarse su sueño de establecer una provincia autónoma. Las FDS, alianza kurdo-árabe liderada por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), brazo sirio del PKK, llegaron a dominar con el apoyo de Estados Unidos un treinta por ciento del territorio del país, incluidos los principales pozos de petróleo. «Hemos tenido que elegir y hemos elegido pueblo, esta es la mejor decisión para el pueblo», revelaron mandos militares kurdos a la hora de explicar su decisión de pactar con Damasco. Desde el comienzo del levantamiento contra Assad, los kurdos intentaron mantener una posición neutral o de pacto de no agresión con el Gobierno y desde 2012 establecieron una especie de autonomía sin tener que enfrentarse con las fuerzas leales a Assad, con las que incluso compartían administración en ciudades como Qamishli, capital de Rojava (nombre en kurdo para el Kurdistán de Siria).

Turquía siempre vio como una amenaza el fortalecimiento del Partido de la Unión Democrática (PYD) y su brazo armado, las YPG, a lo largo de la frontera y por ello Erdogan ordenó una ofensiva que después de una semana ha obligado a escapar a 160.000 personas, según los datos recogidos por la ONU. Las últimas cifras del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) elevaron a 121 el número de combatientes kurdos y más de 60 el de civiles muertos. En las últimas 24 horas, marcadas por la salida de Estados Unidos y el acercamiento del Ejército sirio, medios como Rudaw aseguran que se han suspendido las operaciones de la aviación.

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