El Senado de EE.UU. debate limitar el poder de Trump sobre el botón nuclear

Definitivamente, la Guerra Fría vuelve para quedarse. Pero no es sólo una guerra con el enemigo externo. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha abierto un choque con el Congreso capaz de llevar al límite los habituales roces entre poderes en el equilibrado engranaje institucional estadounidense. La desconfianza hacia el inquilino de la Casa Blanca llevó este martes a los senadores a abrir el primer debate formal dirigido a limitar el poder del presidente para lanzar un ataque atómico. El conocido botón nuclear, que tanta literatura y cinematografía ha generado y cuyo acceso está limitado en exclusiva al comandante en jefe, mediante códigos secretos, inquieta al unísono a republicanos y demócratas, en un momento de máxima tensión con Corea del Norte.

No es coincidencia que los senadores demócratas hayan cuestionado durante meses la capacidad mental de Trump, ni que el promotor de la iniciativa, el republicano Bob Corker, presidente de la Comisión de Exteriores de la cámara alta, declarara hace poco que «su agresividad nos puede conducir a una III Guerra Mundial». En medio de un irrespirable ambiente de batalla política, en el que la desconfianza del Congreso hacia el singular presidente es máxima, ambos partidos se han puesto de acuerdo en estudiar una restricción a los «excesivos poderes» del presidente para decidir en solitario un ataque nuclear.

A los temores de los congresistas contribuyó el anuncio de Trump de apostar por un refuerzo y ampliación del arsenal estadounidense. Nada más tomar posesión de su cargo, en una muestra más de su distanciamiento de la gestión de Obama, anunció que su Administración invertiría en «un ejército más fuerte y mejor dotado», una iniciativa en la que incluyó la ampliación de la capacidad atómica, después de años de una reducción estratégica pactada con Rusia.

Exhibiciones de fuerza
El momento nos retrotrae al año 1976, recién terminada la Guerra de Vietnam, cuando el Senado debatió y generó un informe denominado «El uso responsable del arsenal nuclear». Aunque sus sugerencias para controlar la casi omnímoda capacidad de decisión del presidente, aprobadas tras el segundo gran conflicto bélico mundial, nunca llegaron a traducirse en modificaciones legales.

Dos años antes, durante el traspaso de poderes entre el presidente Richard Nixon, víctima del caso Watergate, y el vicepresidente Gerald Ford, durante las horas en las que el ya excomandante en jefe mantuvo en su poder la llamada «football» (maleta con los dispositivos nucleares que siempre viaja con el presidente), se ordenó al alto estado mayor y al jefe del Pentágono estar en alerta ante cualquier decisión de ataque nuclear. Lo que da una idea del extremado control al que obliga que tanto poder de decisión descanse sobre una sola persona.

El actual intercambio de golpes de Trump con Pyongyang, alimentado por amenazas mutuas y exhibiciones verbales de fuerza nuclear del ocupante del Despacho Oval, ha llevado a los legisladores a desempolvar la idea, tras un silencio de cuarenta años.

Durante el debate celebrado este martes en la cámara alta, el senador Corker intentó transmitir la idea de que el debate iba «más allá del hecho de quién sea el actual presidente»». El demócrata Chris Murphy, mucho más contundente, alertó del riesgo que supone el propio Trump: «Estamos preocupados por el hecho de que el presidente de Estados Unidos es tan inestable y tan volátil que puede ordenar en cualquier momento un ataque nuclear».

Recientemente, la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, alertó de la urgencia de un cambio de sistema que suponga un mayor control al presidente. Aunque los expertos avisan de que cualquier modificación legal que lleve a cabo el Congreso podría topar con la Constitución y el poder expreso que otorga al presidente como comandante en jefe.

Normas estrictas

En solitario. Para un ataque con misiles, con bombas o con submarinos nucleares, el comandante en jefe es en la cadena de mando el que decide en exclusiva.

Subida «en doble». Hasta el presidente, la decisión de ataque nuclear de los altos mandos militares se toma de manera jerárquica con al menos dos personas en cada paso.

La maleta nuclear. Viaja con el presidente a todas partes. Son códigos que sólo poseen el presidente y el mando militar encargado.

Ataque. La decisión del presidente pondría a prueba la obediencia debida.

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