El socialismo se aliaría con la ultraderecha para derribar a Orban

Unos ocho millones de húngaros van hoy a las urnas a elegir a los 199 diputados de su parlamento con la certeza de que Viktor Orban vuelve a ser el gran favorito y todo apunta que podrá asumir su tercera legislatura consecutiva, cuarta en total. Todos los sondeos le atribuyen a la alianza entre el partido de Orban, Fidesz, y los democristianos del KDNP una amplia mayoría. Sus posibilidades van desde el no lograr la mayoría absoluta, que sería su peor fracaso posible, a obtener la mayoría de dos tercios que le da en el parlamento mano libre absoluta y poder legislativo y de nombramientos incontestado.

Con un sistema de elección mixto -de listas y directa- la oposición vuelve a acudir a las urnas con una división que es desde hace dos legislaturas un inmenso regalo para Orban. El naufragio que sufrió la izquierda tras su gobierno derrotado en 2010 fue tal, que el segundo partido después de Fidesz es hoy la extrema derecha de Jobbik, con entre el 16 y el 20%. Y solo después aparece el Partido Socialista (MSZP- Dialog) que en ningún sondeo alcanza el 20% y todo concentrado en ciudades y especialmente en Budapest. Después vienen los Verdes y otros grupos menores.

Cuestionar el poder de Orban

El candidato socialista Gergely Karacsony es un sociólogo, de una izquierda moderada, que trabajaba en una compañía demoscópica y asume un cargo, el de rival de Orban, que ha devorado a todos sus antecesores. Ayer conversó con ABC poco antes de su último acto de campaña y se mostraba esperanzado en cuanto a las posibilidades de romper o al menos cuestionar el poder de un Orban que levanta pasiones entre sus seguidores y cuyo carisma eclipsa todos los esfuerzos de otros en campaña. «Se puede batir a Orban. Creo que tenemos la posibilidad de dejarle sin una mayoría absoluta y desde luego creo que puede excluirse que recupere la mayoría de los dos tercios». El líder socialista cree que esto es fundamental «para evitar que cambie el régimen local. Los ayuntamientos son hoy los únicos que crean un cierto contrapoder al poderoso gobierno de Orban. No solo los ayuntamientos que tiene la izquierda y Jobbik, también los de Fidesz».

La relación de los socialistas y el resto de oposición de izquierda con la extrema derecha de Jobbik es muy atípica. Colaboran con ella en ayuntamientos para hacer frente al gran partido del poder. Jobbik, que surgió como una fuerza cuasi nazi, se ha moderado y puja con la izquierda en favor de mayor transparencia y lucha anticorrupción, el gran talón de Aquiles de Orban. Jobbik tiene una difícil posición ya que Fidesz monopoliza el discurso nacional, de seguridad, de «hungaridad» y de defensa frente al ataque exterior. Karacsony no descarta una colaboración con la extrema derecha si Orban perdiera la mayoría absoluta. Se declara contrario a repetir elecciones y aboga por un acuerdo de emergencia y provisional. «La izquierda no puede presentar el caos como alternativa a Orban». «Si logramos que Orban pierda la mayoría absoluta lo mejor es crear un gobierno de tecnócratas para un tiempo tasado, con una personalidad de consenso a su cabeza. Para eso nosotros estaríamos dispuestos a colaborar con Jobbik».

Éxito económico
Orban presenta un balance económico con bastantes éxitos con un fuerte crecimiento del 4% y una tasa de paro que bajo de más del 10 al 4,2%. La oposición vierte serias críticas a la desigualdad social que considera la mayor de Europa y a la educación y sanidad que ve en situación desastrosa. Pero Orban ha aplicado una política de apoyo a las familias y de empleo social que ha surtido efectos positivos. Y una política de seguridad que la oposición no discute. Los que desde el exterior, con casi todo el periodismo europeo, con la Comisión, el aparato de Bruselas, con las ONG izquierdistas y la masiva financiación anti Orban del magnate George Soros atacan sin cesar la política de rechazo a cuotas y la valla construida por Orban no parecen saber que la oposición de izquierdas también está en contra de cuotas de refugiados e inmigrantes y defiende la existencia de la frontera fortificada. Karacsony critica a Orban en este campo no en el fondo, sino en su retórica de alarma para generar temores en la población a que Hungría podría pronto estar como las ciudades occidentales lo que es puro alarmismo y demagogia, dice.

«La izquierda paga hoy su desprecio a la causa nacional»

Gergely Karacsony, candidato socialista, ofrecía ayer a ABC algunas de las claves de los éxitos de Orban y de los motivos por los que la oposición no logra capitalizar la enorme hostilidad que el jefe de gobierno húngaro genera en el exterior. Dice que las campañas contra Orban de la mayoría de los medios de Europa y EE.UU., los gobiernos occidentales, las ONG y el Parlamento Europeo siempre benefician al atacado. Porque realzan su papel de protector de la nación húngara frente a unos ataques del exterior que el líder presenta como ataques a la voluntad de los húngaros, un argumento con enorme fuerza evocadora. En 1919 en el Tratado de Trianon las potencias vencedoras partieron no solo el Imperio Austro-Húngaro sino la propia Hungría y entregaron gran parte de su territorio a los vecinos, dejando al país con solo un tercio de su territorio y gran parte de la población húngara fuera de sus fronteras. «Desde entonces las heridas en el alma húngara son muy profundas». Aquello fue una terrible mutilación por intervención extranjera. Y existe una especial sensibilidad ante una agresión exterior real o imaginada. «La izquierda húngara cometió un grave pecado al ser antinacional. Y su desprecio a la causa nacional la pagará aun mucho tiempo». «La izquierda rechazó en su día dar la doble nacionalidad a los húngaros que residen fuera de nuestras fronteras. Yo estaba a favor. Después Orban se la otorgó. Los húngaros de Transilvania por ejemplo le adoran». Orban se ganó así la baza de defensa de la nación.

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