El terrorista de Lieja será enterrado tras un funeral cristiano

El «soldado del Estado Islámico», según reivindicó Daesh a partir de su agencia Amaq, que mató a gritos de «Alá es grande» la pasada semana a tres personas en Lieja, entre ellas dos policías, será enterrado este martes en el cementerio de la localidad belga de On tras un funeral cristiano.

El pasado martes Benjamin Herman, delincuente común nacido en Bélgica hace 31 años que se había radicalizado en prisión, se hizo con las armas de dos policías a los que mató, así como a un hombre de 22 años que pasaba por la zona en su coche. Pese a la apropiación que hizo Daesh del ataque asegurando que Herman vengaba a las víctimas de los bombardeos de la coalición internacional liderada por EE.UU. en Siria e Irak, la familia del asesino ha negado todo viso de radicalización previo al ataque.

«Es ante todo la petición de una familia que está en duelo ante la pérdida de un ser querido. Creo que detrás de todas las etiquetas que podemos poner a Benjamin, también está la de hijo, nieto, hermano, tío», ha explicado al diario «Sud Info» el párroco de la iglesia de On, François Barbieux, que oficiará la misa en recuerdo del terrorista, que murió a tiros de la policía tras matar a tres personas. «Detrás de esta tragedia una familia que no ha pedido nada», ha agregado. Ante las críticas de varios vecinos que creen poco apropiado que se honre al atacante de esta manera, Barbieux ha alegado que no pueden ser más sectarios que los terroristas que han reivindicado el atentado.

Comienzan como pequeños delincuentes de barrio, se educan religiosamente en prisión y se sirven de sus primeras experiencias para lanzarse en aventuras mayores y más inquietantes. El ataque del pasado martes sigue los patrones clásicos de los últimos zarpazos reivindicados por Daesh en Europa. Desde 2003, Herman ha visitado en varias ocasiones la prisión por diverios delitos, especialmente el de tráfico de drogas por el que estaba encarcelado cuando pidió el permiso del pasado 28 de mayo -terminaba condena en 2020- que precedió su ataque. La prensa francófona se ha debatido sobre su auténtica motivación yihadista o simplemente se ha servido de la etiqueta para otorgarle una reivindicación política al asesinato de los policías.

Según los primeros elementos de la investigación citados por la prensa belga, Benjamin Herman estaba fichado por las autoridades desde 2017 por «sospechas de radicalismo» y su nombre había sido «mencionado indirectamente» en dos informes de la Seguridad del Estado, pero a falta de una declaración clara «radicalizados», estos informes no se transmitieron a las personas que tomaron la decisión de liberarlo.

De fondo sigue el debate sobre el control de la radicalización exprés en prisión. Tras la cadena de atentados en suelo francés de los últimos años, los Gobiernos de Hollande y ahora el de Macron han movido ficha creando creado un servicio de inteligencia especializado en prisiones que no existía antes, porque los más radicales ahora ocultan su radicalización, según relató a ABC en una entrevista el coordinador de la lucha antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove. Esta semana, el propio Ejecutivo galo ha anunciado esta semana, según recoge «Le Monde», la creación de una unidad de coordinación para los radicalizados que salen de la cárcel.

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