Erdogan vincula el desplome de la lira a un «complot internacional»

El presidente turco, Tayyip Erdogan, ha afirmado este domingo que la actual situación de la lira turca -que ha perdido un 40 por ciento de su valor frente al dólar en lo que va de año, y acelera su desplome- es parte de «un complot desde el extranjero» contra el país, ya que «no puede explicarse por razones lógicas». En un discurso con acentos casi patéticos, pronunciado ante una multitud de seguidores en la ciudad de Trabzon, en la ribera del Mar Negro, Erdogan volvió a urgir por tercer día consecutivo a los turcos a «comprar liras» vendiendo sus dólares y euros, para salvar la moneda nacional.

La caída de la lira, acelerada el pasado viernes con una devaluación del 16 por ciento, es según los expertos resultado de las preocupaciones del mundo financiero internacional por la influencia del presidente Erdogan en la economía del país, sus repetidas llamadas a mantener tasas de interés bajas, para no disparar la inflación, y el rápido deterioro de la relaciones de Ankara con la Administración norteamericana.

El líder turco no comparte ese análisis, y culpa de la situación a los «enemigos de Turquía» y a la rivalidad comercial con Estados Unidos. Tayyip Erdogan ha repetido este domingo -como ya hiciera un día antes en un artículo aparecido en «The New York Times»- que está dispuesto a «buscar nuevos aliados»
, en una referencia indirecta a Rusia y China. Si Washington «está dispuesta a sacrificar sus relaciones con Ankara, Turquía reaccionará y buscará nuevos mercados, nuevos socios y nuevos aliados, a costa de quien ha lanzado una guerra económica contra el mundo entero y nuestro país», ha dicho Erdogan.

Demasiadas disputas
«No nos queda más salida que decir adiós a quien decide sacrificar nuestra alianza estratégica de medio siglo con un país de 81 millones de habitantes por salvaguardar sus relaciones con grupos terroristas».

La grave acusación de Erdogan a Trump se refiere al apoyo de Estados Unidos a las llamadas Unidades de Protección del Puelo Kurdo (YPG), que combaten en Siria al régimen de Al Assad y que según Turquía son un apéndice del PKK, el grupo kurdo-turco considerado «terrorista» por Ankara.

A esta disputa se suma la suerte del pastor evangélico norteamericano
Andrew Brunson, actualmente juzgado en Turquía por los cargos de «terrorismo y espionaje», y en estos momentos en arresto domiciliario después de haber pasado año y medio en la cárcel. Estados Unidos exige su liberación inmediata, mientras que Turquía exige por su parte la extradición de Fetulá Gulen, un predicador musulmán turco establecido en EE.UU. desde hace veinte años, y al que Ankara acusa de ser el instigador del golpe militar frustrado de 2016.

Erdogan ha dicho el domingo que Estados Unidos le puso la fecha límite del pasado miércoles para poner en libertad al religioso Andrew Brunson, acusado de simpatizar con Fetulá Gulen. Tras incumplir esta fecha límite, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de aranceles al acero y al aluminio turcos, así como sanciones contra dos ministros, en lo que Erdogan describió como una «guerra económica» contra Turquía. «Está ocurriendo una operación contra Turquía … Su objetivo es obligar a Turquía a rendirse en todos los campos, desde finanzas a política, para hacer que Turquía y la nación turca se arrodillen», ha lamentado Erdogan en el congreso de su partido del Gobierno, Justicia y Desarrollo en la provincia de Trabzon, según recogió el diario «Hurriyet».

En la cumbre de la OTAN de julio pasado, a la que asistieron Donald Trump y Erdogan, hubo negociaciones entre ambos países para la puesta en libertad de Brunson. Según «The New York Times», EE.UU. ofreció liberar a Mehmet Hakan Atilla, un banquero turco vinculado a Erdogan y acusado de infringir las sanciones contra Irán por lavado de dinero desde el banco público Halkbank. Trump también ofreció presionar a Israel para la liberación de otro detenido turco, algo que sucedió. Pero las negociaciones se enturbiaron.

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