Hamás e Israel se dan una tregua

Israel y Hamás elevaron la tensión en Gaza al mayor nivel que se recuerda desde la guerra de 2014 antes de acordar un alto el fuego temporal. Después del lanzamiento de 180 cohetes desde la Franja y de que el Ejército israelí atacara 150 objetivos, que dejaron tres muertos, entre ellos una mujer embarazada y su hija de un año y medio, las facciones palestinas informaron a última hora del jueves del acuerdo alcanzado para una tregua gracias a la mediación de Egipto. Como es habitual en estos casos, el Estado judío no confirmó la información ya que, oficialmente, “Israel no negocia con terroristas”, pero los bombardeos cesaron y el silencio volvió a la Franja.

«La mediación de Egipto ha logrado devolver la calma a la zona y frenar la escalada de violencia entre Israel y las facciones palestinas. Nosotros vamos a respetar la calma, siempre que Israel haga lo propio», declaró una fuente palestina implicada en la negociación a la agencia Reuters. Tras el lanzamiento masivo de cohetes en los últimos días, el portavoz de Hamás, Sami Abu Zuhri, señaló que «Israel es muy débil y puede ser derrotada fácilmente». Los islamistas llamaron a la población a participar un viernes más en las movilizaciones de la Gran Marcha del Retorno en la verja de separación y un sanitario perdió la vida por disparos de los francotiradores israelíes en Rafah. Otros 170 manifestantes resultaron heridos, según el ministerio de Salud, en este vigésimo viernes consecutivo de protestas.

Desde el Gobierno israelí no hubo comentario alguno, aunque el Ejército levantó las restricciones de seguridad a las localidades más próximas a la Franja y desde la media noche no se produjeron bombardeos por lo que parece que también se sumó al planteamiento de «calma a cambio de calma». Esta medida se produjo tras la decisión del gabinete de seguridad del jueves en el que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, «ordenó a los militares que sigan actuando con fuerza» contra los grupos armados palestinos. El periódico Maariv aseguró que durante esta reunión el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, fue el único que reclamó una operación importante en Gaza al estilo de la de 2014. En esa última gran ofensiva Israel mató a 2.500 palestinos, la mayoría civiles según los datos de la ONU.

Asesinatos selectivos
Alon Davidi, alcalde de Sderot, la ciudad más afectada por el lanzamiento de cohetes, criticó el alto el fuego porque «comprendo que las autoridades quieran negociar, pero ya es hora de que Israel acabe con el terror a través de la vía militar. Esta guerra que va y bien es insana», según recogieron los medios locales. La única que rompió el silencio del Gobierno sobre el acuerdo con Hamás fue la ministra de Cultura y Deportes, Miri Regev, quien pidió «volver a la política de asesinatos selectivos contra los líderes» islamistas. Regev viajó a las poblaciones fronterizas con Gaza y declaró que «la ecuación debería ser muy simple: si nuestros hijos viven con miedo, entonces el liderazgo de Hamas debe vivir con miedo».

Esta última escalada de tensión, como las anteriores en los últimos meses, acaba con una tregua que parece frágil y no servirá para aliviar la grave situación que sufren los dos millones de habitantes de la Franja. Hamás reclama el final del bloqueo impuesto por Israel y Egipto, pero como mucho deberá conformarse con la reapertura de Kerem Shalom, único paso para la entrada de mercancías cerrado desde hace un mes, y la ampliación del límite para la pesca. A cambio deberá frenar el lanzamiento de cohetes y evitar que los manifestantes lancen al otro lado de la verja globos y cometas incendiarias cada viernes. La calma en Gaza es una sensación efímera.

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