«Hay que ver cuántas armas hay y quiénes las venden para entender los problemas del Próximo Oriente»

El heredero al trono de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, de 32 años, confesó no saber de qué le hablaba el periodista al preguntarle sobre el wahabismo en una comentada entrevista para el portal estadounidense «The Atlantic». Ante la incredulidad del reportero, Bin Salman le pidió además que se lo definiera porque no estaba «familiarizado con eso». «Eres el príncipe heredero de Arabia Saudí. Ya sabes lo que es el wahabismo», le espetó el periodista antes de describirlo él mismo «como un movimiento fundado por Ibn abd al-Wahhab en el siglo XVIII, de naturaleza muy fundamentalista, una interpretación de estilo salafista».

Decía el filósofo inglés Thomas Hobbes que la verdad consiste en la correcta ordenación de los nombres en nuestras afirmaciones: «Un hombre que busca la verdad precisa tiene necesidad de recordar lo que significa cada uno de los nombres usados por él». Para el arabista y catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid Pedro Martínez Montávez (Jódar, 1933) «el wahabismo no es el único malo de la película puesto que posturas radicales, intransigentes y fanáticas equiparables al wahabismo se han producido en muchos otros lugares y denominaciones, tanto como en el campo de la sunna como de la shia y otros idearios políticos y religiosos que no tienen nada que ver con el islam». En entrevista con ABC desde la Casa Árabe de Madrid, Martínez Montávez, profundo conocedor del mundo árabe y tremendamente prudente y cuidadoso en sus argumentaciones, ha analizado en ABC el problema palestino-israelí, el conflicto internacional más largo que existe en el mundo, así como el uso político de nuestro pasado andalusí.

Desde hace años, uno de los padres del arabismo español contemporáneo se afana en «recuperar la memoria del origen árabe de Madrid». Pedro Martínez ha realizado traducciones pioneras y magníficas de las obras de muchos poetas árabes de primer orden, como Nizar Qabbani, Yubrán, al-Sayyab, al-Bayati, Adonís, Fadwa Tuqán, Mahmud Darwish, Saadi Yusuf, Salah Abd al-Sabur, entre otros.

En una conferencia sobre el arabismo español en Casa Árabe mencionó los grandes nombres del arabismo español. Uno de ellos, Serafín Fanjul, firma hoy (la entrevista se realizó el pasado 16 de marzo) una Tercera en ABC sobre Al Andalus.

Del señor Fanjul prefiero no opinar porque estoy en completo desacuerdo. Ha sido discípulo mío. Durante algún tiempo, tuvo una actitud totalmente positiva y de pronto surgió una especie de metamorfosis que tendrá que explicar él.

Según Fanjul, a falta de una burguesía local nacionalista el PSOE utilizó para Andalucía el pasado andalusí «en búsqueda de un hecho diferencial que justificase y encubriera los pasteleos venideros».

Foto de archivo en la que el filólogo Pedro Martínez Montávez recibe la Medalla de Andalucía – EFE

Cuando se habla sobre Al Andalus uno de los grandes errores que se comete es que hay mucha gente que todavía no sabe diferenciar entre lo que es un mito y lo que es un símbolo. Yo, que precisamente lo he estudiado a fondo y he publicado bastantes trabajos sobre la materia, entre ellos un libro “Al Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea”, creo que habría que emitir juicios sabiendo distinguir entre lo que es la perduración de un símbolo y lo que es el empleo más o menos equivocado de un mito. Yo, que soy andaluz de nacimiento y que durante mis primeros años viví en Andalucía, no puedo de ninguna manera afirmar que a pesar de sentirme profundamente andaluz, al mismo tiempo que me siento profundamente español, y que no hay ninguna escisión: concilio mi condición de andaluz con la de español y europeo, pero admito que en otras personas sí puede producirse esa dualidad. Sin ser un experto en nacionalismos ni un experto en la forja de identidades, compruebo que la noción de identidad es una de las más complejas y de las más heterogéneas que existen desde hace algunos años en algunas partes del mundo, concretamente en España. Manifesté hace muchísimo tiempo que Al Andalus ha terminado en el tiempo, estoy completamente convencido de ello, pero Al Andalus no ha terminado en los imaginarios ni en las memorias colectivas. Está presente en los distintos imaginarios árabes y memorias colectivas porque también lo están en el imaginario español y andaluz. Estoy cada vez más convencido de que en Andalucía no existe una identidad única ni permanente, ni en Andalucía ni en ningún sitio. Las identidades, si existen, son fenómenos que se producen de una manera variable y dinámica a lo largo del tiempo, y en los que intervienen múltiples elementos concurrentes para su formación.

El empleo político o enmascaradamente social que se pueda hacer de eso es otra cosa completamente distinta. Sospecho además que subyace también una postura frente al hecho islámico a lo largo de la Historia. Referirse a los posibles residuos islámicos o musulmanes es donde ya la cosa se hace aún más compleja y heterogénea, porque ya no se plantea la postura ante Al Andalus, sino ante al islam y eso es una cuestión que en parte tiene que ver con lo andalusí y en parte no tiene que ver absolutamente nada con lo andalusí. No creo que exista una identidad andaluza, como me resulta muy difícil que existan identidades concretas que se puedan referir a otras partes de España o Europa. Si Andalucía se distingue por algo es por su carga de pluralidad. En Andalucía no existen las uniformidades, es plural, diversa y se mantienen múltiples elementos andalusíes. Verlo como una radicalidad tan absoluta como lo ve alguna gente me parece un error cargado de peligros.

¿Por qué?

Todo lo que se radicaliza es peligroso. Todo lo que se observa carente de multiplicidad de matices es primeramente difícil de entender. Es muy fácilmente explotable en el peor sentido de la palabra y se puede prestar a la elaboración de las ideologías y doctrinarios más desequilibrados y más peligrosos en el destino común de la humanidad. En eso sí creo firmemente. Lo que me parece más preocupante todavía es este tipo de reduccionismo que se están generando en los últimos tiempos y en el incurren múltiples intelectuales. Me parece contrario al ejercicio del intelecto y la razón, potencialmente peligroso. Como seres humanos debemos buscar ante todo la comprensión, el diálogo y el entendimiento. En eso me reafirmo completamente.

Hace unos meses le escuché a Safaa Fathy, filósofa y cineasta de origen egipcio que vive en Francia desde hace décadas, decir que en lengua árabe no tenían filósofos entendiendo la filosofía como una fábrica que crea conceptos como decía Deleuze.

Es sorprendente eso. Una de las cosas sorprendentes que se va descubriendo es que hay muchísimos individuos, personas que viven en el mundo árabe y se pueden calificar como árabe que tienen una idea escasísima y un desconocimiento casi total de su propio legado cultural. Eso sí sorprende. Ocurre en todos los sitios pero en la cantidad y la complejidad que existe en el mundo árabe encuentro pocos ejemplos equiparables. Afirmar que la cultura árabe carece de filósofos es decir una cosa que va radicalmente en contra de la Historia. Es distinto si se dice que se conoce muy poco sobre ellos. El pensador más traducido de tierras ibéricas es Averroes y así una ristra enorme de filósofos. Distinto es que esa gran pléyade se haya concentrado en la Edad Media y distinto es que desde hace un tiempo el pensamiento árabe no haya alcanzado cotas de universalidad como en otras latitudes. Me extraña mucho el ejemplo que usted me pone de una persona, que viene de Egipto y se mueve en un entorno cultural francés, que no tenga en cuenta al pensador argelino de origen que se expresa en francés y extraordinario en el pensar Mohamed Arkoun. Son cosas impensables que demuestran un desconocimiento de la realidad cultural. La figura de Maimónides es una figura andalusí cuya mayor parte de su obra la escribió en árabe y vivió en tierra del islam. Evidentemente no puedo afirmar que en los últimos siglos haya habido un filósofo de la categoría de Kant. No los hay equiparables a Kant, pero sí a Ortega y Gasset, y creo que Ortega y Gasset dentro del pensamiento hispánico contemporáneo es digno de crédito. Todo esto se debe conocer antes de hacer afirmaciones tan categóricas que no se sostienen.

Dice que Al Andalus se ha clausurado en el tiempo, pero no en las memorias colectivas.

Al Andalus es un objeto común y compartido entre españoles y árabes. Si no entendemos ni aceptamos y ni buscamos fórmulas para aplicar que Al Andalus es un objeto compartido entre ellos, los árabes que piensen que solo les pertenecen a ellos se equivocan, y los españoles que piensen que solo les pertenece a ellos, en un marco cultural, se equivocan. Eso es lo que nunca hemos debatido.

«La cárcel más grande de la Tierra»

¿Cómo lograremos entendernos? ¿Hay alguna salida?

El único camino que hay es la palabra, sin duda alguna. Hablando y hablando desde el conocimiento y desde la formación y el respeto mutuo. Hay un verso de Nizar Qabbani, poeta contemporáneo sirio que he traducido, que tomando y modificando el lema de los nazaríes de Granada decía que no hay más vencedor que la palabra. Eso es justamente lo que tenemos que hacer. ¿Hemos hablado mucho, árabes y españoles, de estos temas? ¿O nos hemos refugiado en los arquetipos, silencios, reproches y faltas de conocimiento y fundamento? ¿Hemos debatido o renunciado a hacerlo? El mundo ya no es el mundo pequeño de cuando yo era estudiante en la Universidad de Madrid en los años cincuenta, el mundo es más amplio, contradictorio desafiante y complejo. Seguramente en el caso del arabista es especialmente importante y todavía no hemos conseguido hacerlo. Debemos crear, moldear y ofrecer un arabismo de este tiempo que nos brinde una manera humanista para conocer y darlo a conocer este mundo diferente. No lo hemos hecho todavía y me temo que no lo haremos durante mucho tiempo.

En los años 50 surgió un nuevo arabismo en España liderado por arabistas como usted.

El mundo árabe ha dejado de ser un desconocido. Ha dejado de ser en muchos aspectos un mundo anclado en el exotismo. Cómo puede explicarse alguien los siete años de conflicto sirio. Cómo uno puede explicarse la permanencia todavía del conflicto internacional más largo que existe en el mundo, que es el problema palestino-israelí. ¿Cómo puede uno no ver eso? El estudio del mundo árabe ya no es algo que competa solo a los arabistas, sino también a economistas, sociólogos, politólogos, juristas, a técnicos… ¿Qué sería de muchas empresas españolas si no trabajaran en el mundo árabe? ¿Qué sería de la economía española si no tuviera en cuenta su acción en todo ese mundo? Todo esto se observa en todos los campos, también en la política. ¿El avispero político en que se encuentra el mundo árabe desde hace mucho tiempo y que va aumentando puede explicarse solo a través de la actuación de agentes internos y factores internos? ¿O hay que tener en cuenta todos los factores externos? Por poner un ejemplo muy concreto, ¿el conflicto sirio no ha cambiado a partir de la intervención de Rusia, por ejemplo? ¿El mundo árabe del futuro no va a cambiar de una manera importante y radical también a partir de la intervención, introducción de la participación de otras potencias en desarrollo, por ejemplo China o India? El mundo árabe ha dejado de ser desde hace mucho tiempo una burbuja. El mundo de ellos es el mundo nuestro o mío. Una de las peores cosas que hay todavía es el neo-orientalismo que repite clichés estereotipados exotistas que ya están absolutamente pasados de moda.

¿Hay neo-orientalistas entre los jóvenes? ¿En qué consiste?

Es seguir viendo ese mundo como de evasión, de escape, como un mundo que nos permite la manifestación de deseos, sentimientos y emociones. Sin duda alguna, hay mucha gente que sigue yendo al mundo árabe porque piensa que es exótico y nada más: el desierto, la arena, los dromedarios, sherezadas imaginativas, la danza del vientre… nada más que eso. Y no, es un mundo de problemas también y de insatisfacciones. Es un mundo también que carece de los grandes deseos y objetivos que impulsan la humanidad: la expresión de la libertad. Esa sí que es una carencia importante del mundo árabe, el enorme déficit de libertad en todos los sentidos. ¿Usted cree que las interpretaciones que se hicieron de la llamada primavera árabe en un principio eran interpretaciones realistas? ¿Qué se ha ido comprobando después? Que la primavera se ha convertido en uno o múltiples inviernos. Todas aquellas interpretaciones que se hicieron absolutamente irreales y que han quedado reducidas prácticamente a nada. Y no quiero decir que no hubiera motivos para los levantamientos populares: los había y los sigue habiendo. Desde luego, habrá nuevas primaveras árabes si no se corrigen los defectos internos profundos y las carencias profundas de ese mundo.

Uno de los grandes males del Próximo Oriente es que corre muchísimo dinero por él, muchísima riqueza a repartir

¿Ese optimismo por las primaveras árabes respondía a anhelos de Occidente?

Respondía a anhelos múltiples. La inmensa mayoría de esos movimientos tenía lemas muy concretos: se pedía la libertad o las libertades, se pedía la justicia social, se pedía la recuperación de la dignidad y se pedía el pan, es decir la comida. En eso eran iguales todos los movimientos, en esas exigencias. Estaban totalmente justificados los movimientos, pero fueron muy intervenidos tanto desde dentro como desde fuera, adulterados sin duda alguna y se ha ido comprobando con el paso del tiempo. Y todavía es un asunto que se mantendrá durante mucho tiempo porque ninguna de aquellas exigencias se ha cumplido de una manera también apreciable. Las juventudes árabes están enormemente frustradas, están enormemente desconcertadas, tienen una sensación básica de engaño o de acumulación de engaños, no confían mayoritariamente en sus dirigentes. Y desde luego gran parte de esa juventud árabe está deseando irse de ese mundo y empezar a construir y encontrar un mundo medianamente habitable en otro sitio.

No ha pasado lo peor aún…

Nos queda por pasar. Cuando se produjo la desposesión de Palestina, por llamarlo de una manera más o menos metafórica, pensaban la mayoría de los árabes que era lo peor que podían contemplar, no… luego vinieron cosas mucho peores como la guerra de los Seis Días, los conflictos del Golfo, que supuso que por primera los propios árabes se enfrentaran entre ellos. Después han venido otras muchas cosas como las primaveras. Sigue existiendo la imposibilidad de resolver de una manera equilibrada y humana el problema palestino. Hay que agradecer a algunos historiadores israelíes contemporáneos como Ilan Pappé, el enorme esfuerzo que han hecho por ir aclarando todo. Estoy leyendo su último libro en español “La cárcel más grande la Tierra” y es espléndido. ¿Puede alguien prever cómo va a terminar el conflicto del Golfo? ¿Y los enfrentamientos entre suníes y chiíes? ¿Cómo van a renunciar los agentes externos a participar en ese mundo y alterarlo? ¿Se puede prever de alguna manera? No. Por eso, siento mucho pero que en eso no puedo ser optimista. Sí me gustaría que se arreglaran las cosas.

El historiador palestino Nur Masalha me dijo que el sionismo se ha apropiado del judaísmo como el wahabismo con el islam, ¿comparte su análisis?

No soy ningún admirador del wahabismo, como tampoco lo soy de interpretaciones radicales de lo religioso. Lo digo siempre, soy un hombre no creyente en ninguna doctrina religiosa concreta y lo digo con absoluta claridad para que se sepa de un principio. Por tanto no puedo ser ningún admirador ni defensor de idearios religiosos que tienen ese marco de radicalismo e intolerancia. En absoluto. Pero también le digo que el wahabismo no es el único malo de la película, no es el único malo de la película y posturas radicales, intransigentes y fanáticas equiparables al wahabismo se han producido en muchos otros lugares y denominaciones, tanto como en el campo de la sunna como de la shia y otros idearios políticos y religiosos que no tienen nada que ver con el islam. Es un terreno minado por la política y la economía. Uno de los grandes males del Próximo Oriente es que corre muchísimo dinero por él, muchísima riqueza a repartir. Es un inmenso mercado. Cuántas armas se venden en el próximo oriente y quiénes son los principales surtidores de armas? Ahí están los entresijos del problema. Reducirlo todo a fórmulas absolutamente esquemáticas y simplistas no sirve o contribuye para tratar de aclarar medianamente algo.

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