Hillary Clinton exhibe en su libro poca autocrítica y mucho rencor

Cuando el día después la derrotada candidata demócrata llegó en compañía de Bill a Old House Lane, su mansión familiar en Chappaqua (Nueva York), sintió una mínima liberación al cambiarse de ropa y quedarse en vestimenta para practicar yoga. «Una pregunta atormentaba mi cabeza: ¿cómo ha podido ocurrir esto?», escribe la senadora.

Es la cuestión central de las memorias con las que Hillary Rodham Clinton afronta uno de los días más demoledores de su intensa vida política y personal, a la que intenta dar respuesta desde el mismo título: «What Happened» («Lo que ocurrió»). A mitad de camino entre la búsqueda de culpas externas y una parcial asunción de responsabilidades que se diluye entre los detalles de campaña, la primera mujer candidata a presidir Estados Unidos muestra descarnadamente su frustración tras quedarse a punto de retornar a la Casa Blanca por la puerta grande. Las palabras «dolor», «enfado» y «corazón dañado» describen su estado de ánimo, que, según confiesa, ha ido calmando con los afrutados sabores del vino Chardonnay.

Atrás queda el discurso de victoria, escrito y repasado horas antes para ser vitoreado en el Javits Center de Manhattan, pero nunca pronunciado, que la aspirante demócrata desvela en su nuevo libro: «No habrá nosotros contra ellos»; «El sueño americano es demasiado grande», repasaba antes del catastrófico vuelco electoral. Ni el logro de ganar «más votos para presidente que cualquier candidato blanco», que destaca en el arranque junto con los casi tres millones de sufragio popular por encima de Donald Trump, fue capaz de compensar una tragedia política fraguada por 100.000 votos en tres estados industriales. En su búsqueda de explicaciones, el entonces director del FBI, James Comey, y el presidente ruso, Vladímir Putin, se convierten en dianas propicias para su autoexculpación.

«What Happened» no ha caído bien entre los líderes del Partido Demócrata, inmerso en una larga travesía del desierto poselectoral. Muchos contemplan la obra como un despecho personal de la autora que distrae a su electorado. Bernie Sanders, su derrotado rival en el proceso de primarias y que aún rivaliza con los Clinton por el control de la formación liberal, califica de «ridículo» el intento de Hillary de mantener viva la memoria de noviembre de 2016. El expresidente Bill ha tenido que salir al paso con su habitual sorna: «Al que no le guste el libro, que no lo compre». Las memorias de su mujer se situaron el martes en Amazon como uno de los grandes best-seller del año. Aunque la acogida suma tantos parabienes como críticas.

La veterana política demócrata recurre a su condición de mujer para justificar cierta desventaja electoral. Con el argumento de que ha afrontado una exigencia mayor, su mensaje denota un recelo hacia la sociedad estadounidense, y, en particular, hacia el trato recibido desde los medios.

Resbalones
«En las encuestas, muchos americanos decían que yo no les gustaba, y cuestionaban mi autenticidad y la confianza que ofrezco. Sí, he cometido errores y me he resistido a pedir perdón a veces, pero como la mayoría de los hombres en política. De hecho, uno de ellos (en alusión a Richard Nixon) llegó a presidente con la estrategia de no pedir nunca excusas y, en caso de error, atacar más fuerte».

En otro de sus lamentos, la excandidata demócrata pasa factura a su rival en la elección, el hoy presidente, Donald Trump, con quien se despacha tildándole de «peligro real para el mundo, sin más ideología que su ego», y «golfo de la prensa amarilla reconvertido en loco conspirativo de la derecha». Además de referirse a él como un «asqueroso» cuando relata cómo se le acercó por detrás durante el segundo debate electoral. Aunque la misma candidata asume que la identificación de su contrincante como acosador sexual no sólo no perjudicó al candidato republicano, sino que interfirió en su denuncia de connivencia de Trump con Rusia, que el equipo demócrata intento emplear como principal ariete. La senadora desvela la decepción que sintió cuando The Washington Post difundió un vídeo en el que su rival describía a un amigo cómo intentó abusar sexualmente de una mujer casada. Fue apenas horas después de que el director de la Inteligencia Nacional y el secretario de Seguridad Nacional concluyeran Moscú estaba intentando ayudar al candidato republicano.

A lo largo de sus memorias, Hillary asume pero no profundiza en sus errores. Para ella, fue mucho más determinante el anuncio del entonces director del FBI de que investigaba posibles nuevas pruebas contra ella por el caso de los e-mails, a sólo once días de la cita con las urnas, que llamar «deplorables» a los seguidores de Donald Trump. Como en ajuste de cuentas, Hillary reconoce haberse alegrado cuando el actual presidente despidió al jefe de la Oficina Federal.

También habría pesado para ella más la intervención del Gobierno de Putin en el proceso, mediante hackers y activismo en redes sociales, que el desprecio que transmitió a los mineros al descartar con malas formas que su Administración fuera a atender al sector o que sus bien pagados discursos organizados por Goldman Sachs, de los que se confiesa arrepentida. Para muchos analistas, semejantes traspiés con los votantes blancos de clase trabajadora de Michigan, Wisconsin y Pensilvania, los estados que resultaron decisivos, fueron explotados por el populismo de Trump e influyeron decisivamente en el resultado final.

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