Inminente «choque de trenes» en la UE por la política de inmigración

Muchos creían que la crisis de los refugiados había pasado con el acuerdo que la UE fijó con Turquía para que contuviese en su territorio a los refugiados sirios y el consiguiente fin del drama de las decenas de miles de personas tratando de llegar a Alemania por todos los medios. En realidad, es posible que aquello no fuera sino la parte visible de un iceberg que está a punto de estallar en el escenario político europeo. Ahora es el nuevo gobierno italiano que amenaza con volar todos los consensos de la penosa reforma del sistema de asilo. Y a la reticencia conocida de los países del este se podría sumar también Eslovenia, si el vencedor de las elecciones, el euroescéptico Janez Jansa, vencedor de las elecciones de este domingo, logra formar gobierno en su país.

El consejo de ministros de Interior que se celebra mañana en Luxemburgo será la primera ocasión en la que el nuevo gobierno italiano hará acto de presentación de sus tesis que se resumen en un principio muy sencillo: que los inmigrantes hagan sus maletas cuanto antes para volver a sus países. El nuevo ministro del Interior, el nacionalista y demagogo Matteo Salvini, que es también uno de los vicepresidentes del Gobierno, no podrá participar en la reunión porque debe participar en la votación del Senado, pero ya ha dicho que no aceptará ninguna propuesta de la Comisión porque cree que «penalizará nuevamente a Italia».

En realidad, lo que los ministros discutirán hoy es simplemente si ha habido o no progresos en la negociación de la reforma de la legislación actual, conocida como el reglamento de Dublin y que, en realidad, es lo que penaliza a los países fronterizos frente a los que están lejos de las fronteras exteriores. Esa reglamentación acaba por responsabilizar a los países por donde han entrado en la UE los demandantes de asilo, es decir los del sur como España, Italia o Grecia. Ese principio se estableció pensando en que el grueso de los demandantes de asilo llegarían por avión y directamente a los países donde pensaban pedirlo, y no por mar, a través de pateras y embarcaciones de fortuna, con intención de peregrinar por toda la UE buscando un resquicio para lograr algunas facilidades para establecerse.

Según la Comisión y en contra de los cree Salvini, la propuesta de reforma del Reglamento de Dublin «es una oportunidad para mostrar la solidaridad de los Veintisiete» precisamente para ayudar «a los países de la primera línea, especialmente Grecia, Italia, Malta y España, que asumen una responsabilidad desproporcionada», según dijo ayer el portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas.

El ejecutivo comunitario quiere reformar este sistema con varios ejes básicos, entre ellos el de homogeneizar los criterios para decidir si se concede o no asilo a un demandante y establecer mecanismos para desincentivar su movilidad antes de saber si merecen ser acogidos. Bruselas quiere que haya también una lista común de países seguros y de países no seguros para que haya coherencia a la hora de decidir si se va a conceder la condición de refugiados a unas persona y a otras y si es posible o no enviarlos de vuelta a ese país en caso de que hayan de ser expulsados. Pero el verdadero obstáculo político es la idea de que en caso de que vuelva a haber una emergencia migratoria, todos los países tendrían que aceptar cuotas obligatorias de acogida, para aliviar el esfuerzo de los países receptores. Los países del llamado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) se niegan a aceptar esa reforma, con lo que es imposible por ahora aprobarla. Menos aún si se añade Eslovenia al mismo criterio.

La Comisión, que es la que ha hecho la propuesta, se conformaría con que los países avancen hacia una armonización de los criterios sobre los cuales valoran las peticiones de asilo, a través de la transformación de la actual Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO) en una nueva agencia europea, paralela a Frontex, que asista a los países en su decisión. Sin embargo, la idea que ha avanzado Alemania de establecer una autoridad comunitaria que sería responsable de decidir si se concede o no asilo a todos los demandantes, le parece «prematura» al ejecutivo comunitario. «Creemos que no será posible hacerlo rápido, porque va a requerir recursos y mejoras institucionales importantes, difíciles de poner en marcha a corto plazo», ha asegurado el portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, quien ha defendido la transformación de EASO en una agencia como una solución «más eficaz a corto plazo».

El proceso que analizarán hoy los ministros debería desembocar en una decisión de los jefes de Estado y de Gobierno en la cumbre de los días 28 y 29 de junio en Bruselas. España estará representada hoy por el embajador Pablo García-Berdoy, ante la ausencia de mistro. Sin embargo, para hacerse una idea del tenor de la posición del nievo Gobierno, la delegación socialista española en el Parlamento Europeo se ha pronunciado en contra de las posiciones del italiano Salvini.

El nievo ministro italiano del Interior es un nacionalista exaltado que ha empezado su gestión advirtiendo que el grueso de los que han llegado a Italia sin papeles deberían «empezar a hacer las maletas». Durante los momentos más agudos de la crisis migratoria, Italia recibía cantidades ingentes de refugiados y emigrantes económicos, la mayor parte de los cuales quería ir a otreos países, principalmente a Francia y Alemania. Pero Francia llegó a invocar razones de seguridad nacional para dejar de aplicar el tratado de Schengen y cerrar su frontera terrestre con Italia. El debate de los refugiados ha sido uno de los elementos que han jugado un papel determinante en el resultado de las elecciones legislativas, de las que ha salido una coalición de euroescépticos nacionalistas y populistas.

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