Juncker planteará el Brexit como «oportunidad para más Europa»

El discurso anual sobre el Estado de la Unión ha sido tradicionalmente la ocasión para que el presidente de la Comisión Europea hablase un poco de sus logros. Jean-Claude Juncker se enfrenta mañana a una ocasión diferente porque la situación le obliga a lanzar un mensaje rotundo y creíble no solo sobre el futuro, sino sobre la mera supervivencia de la UE. La historia ha situado una coyuntura especial, justo después de un periodo de grandes zozobras, entre las que el Brexit no ha sido la menor, y los ataques electorales de las fuerzas populistas eurófobas. Ahora, con la llegada el poder de Emmanuel Macron en Francia y la esperada renovación de Angela Merkel en Alemania, Juncker considera que la situación es propicia para lanzar nuevos desafíos de alcance.

En la agenda de Juncker están varios capítulos que pueden cambiar el ritmo de la construcción europea. En lo económico completar la arquitectura institucional de la zona euro con una especie de ministro de Economía con poderes de control fiscal sobre los países. En la seguridad, con el desarrollo de la defensa común y la protección de las fronteras exteriores. Y en el exterior, una ofensiva agresiva para captar tratados de libre comercio con los países más importantes de la economía mundial, para aprovechar la actitud de retraimiento del presidente norteamericano Donald Trump.

Se supone que Juncker va a tener que hablar de todos estos proyectos sin referirse expresamente al Brexit, aunque todo el mundo sabe que la ausencia de Gran Bretaña podría acabar siendo el gran acelerador en los sectores donde la integración estaba tradicionalmente entorpecida por Londres. La economía se ha recuperado claramente tanto en la zona euro como en el conjunto de la UE y el presidente de la Comisión tiene razones para ser optimista cuando contempla cómo, por ejemplo, la dirigente nacional-populista francesa, Marine Le Pen, ha sido derrotada en toda regla y la amenaza que representaba se ha desvanecido por completo.

Autoridad fiscal europea

Sin embargo, no todo va a ser un camino de rosas. Aunque a Juncker le ha ayudado mucho la presencia en la campaña electoral alemana de Martin Schulz, que ha sido su gran aliado en Europa durante lo que llevamos de legislatura europea, todos los planes del presidente de la Comisión deben ser asumidos por el Consejo, por los gobiernos, y el más importante de ellos, el que se supone que volverá a dirigir Merkel.

Schulz ha orientado la campaña electoral hacia su terreno y la candidata democristiana ha acabado admitiendo la posibilidad de que se diseñe una autoridad fiscal europea, que es lo que quiere Juncker. La diferencia es que el presidente de la Comisión quiere que esa figura se enmarque dentro de su institución y Merkel está pensando en que sean los países los que lo controlen. También va a proponer que el fondo de rescate europeo evolucione hacia una fórmula que se parezca a lo que hoy es el Fondo Monetario Internacional a escala planetaria. Y el debate vuelve a ser el mismo: ¿lo controlarán los países (es decir, Alemania y Francia) o lo hará la Comisión?

El principal punto de sombra va a ser la escabrosa cuestión de la actitud de Polonia y Hungría, dos países que están desafiando la política europea en materia de principios esenciales, ya sea porque su funcionamiento institucional está siendo puesto a prueba como por la desagradable decisión de negarse a aceptar solicitantes de asilo y refugiados de guerra. Es probable que la Comisión sea la primera que tenga que afrontar una situación en la que un país miembro deba ser sancionado por no respetar los principios esenciales del ideal europeo

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