La ausencia de Obama y Trump desluce el homenaje a Martin Luther King

Sonaba con fuerza «We Shall Overcome» en el Mason Temple de Memphis en la conmemoración de los 50 años del asesinato de Martin Luther King. «Venceremos» o «lo lograremos» es la traducción del himno más repetido en el movimiento de derechos civiles que lideró King y que hoy se recita todavía en muchas manifestaciones. El estribillo lo cierra «someday», «algún día». El mensaje que dejan los actos y celebraciones de esta semana en la ciudad de Tennessee es que ese día, el de la realización del sueño de King de un país igual para todos, el de la superación de las tensiones raciales, está todavía muy lejos.

Miles de personas acudieron este miércoles al centro de Memphis para conmemorar la figura de King. Se celebró una marcha hasta la sede del sindicato que en 1968 convocó la huelga de los trabajadores de recogida de basuras, que fue el motivo que llevó a King a la ciudad sureña. Después de disturbios y violencia, King venía a organizar una marcha pacífica, que este miércoles se representó de nuevo en las calles de Memphis.

En la cabecera de la manifestación estuvieron el hijo de King, Martin Luther King III, el reverendo Al Sharpton, uno de los líderes de las organizaciones de derechos civiles, y Lee Saunders, el dirigente del sindicato AFCSME, que engloba a los basureros que iniciaron el movimiento hace medio siglo.

Por la tarde, se repitieron los testimonios, los recuerdos y los llamamientos a la acción desde el motel Lorraine -el actual Museo Nacional de los Derechos Civiles- el escenario del asesinato de King. Se alojaba en la habitación 306 cuando a las seis de la tarde del 4 de abril de 1968, James Earl Ray, un blanco de ideología racista, le disparó desde un edificio al otro lado de la calle. A la misma hora, se hizo sonar una campana en ese escenario -y en todas las iglesias de Memphis-, que repicó 39 veces, los años que tenía King en el momento de su muerte.

Tensiones raciales
El aniversario se ha celebrado con sentimientos mezclados: el homenaje y la celebración de la figura de King han convivido con la frustración de que las tensiones raciales siguen vivas medio siglo después. «No hemos aprendido lo suficiente», asegura Raphael Warnock delante del balcón del motel donde King cayó muerto. Warnock es el actual sucesor de King al frente de la iglesia baptista Ebenezer, de Atlanta, desde cuyo púlpito impulsó su lucha por los derechos civiles. «Es más fácil levantar monumentos que seguir los ideales de King. Ahora él es una figura para todos los públicos, pero cuando vino aquí en 1968 era más impopular de lo que es Trump en la actualidad», continúa, antes de referirse al odio que pervive en EE.UU.: «Hemos creado una historia feliz, la de una América mítica, post-racial. Pero la elección de Trump y el racismo que ha aflorado con ella ha dejado patente que no es así. A pesar de los avances, seguimos sufriendo una opresión racial sistémica».

«Los progresos son insignificantes si se comparan con las vidas que se pierden», añade Jeffrey Benoit, presidente de la oficina local de la National Action Network, la organización que dirige Sharpton. «América siempre ha negado el racismo. Hay que empezar por aceptarlo y confesarse».

En Memphis no ha desaparecido el dolor de la puñalada que supuso la muerte de King. Quienes vivieron la noticia aquí repiten las mismas palabras: «duelo», «tristeza», «incredulidad», «rabia», «frustración». Una de ellas es Suzanne Clark, que asistió al célebre discurso del «Mountaintop» que King dio en el Mason Temple la víspera de su muerte. Era entonces estudiante universitaria, una de las pocas chicas negras enroladas en la Memphis State University y recuerda la emoción del discurso y el desconsuelo del día siguiente, que no ha desparecido hasta hoy. «En su día tuve muchas esperanzas. Fui a la investidura de Obama en 2009, pero desde entonces el racismo que estaba soterrado explotó en nuestras caras. La elección de Trump tiene que ver con la gente que quería recuperar lo que ellos consideran su país, del que no formamos parte», asegura.

La ausencia del presidente de Estados Unidos y de cualquier otro alto cargo del Gobierno deja patente el aumento de la tensión racial desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses piensan que las relaciones raciales se han deteriorado con Donald Trump, cuya presencia en Memphis sería impensable: durante la campaña, fue el candidato de los grupos supremacistas y rechazó a regañadientes el apoyo de un exdirigente del Ku Klux Klan. Ya en la Casa Blanca, tuvo una reacción tibia a los incidentes raciales del verano pasado en Charlottesville. Trump dijo que entre los miles de supremacistas blancos que se manifestaron con antorchas de inspiración nazi «había gente buena». Su presencia este miércoles en Memphis hubiera dinamitado las conmemoraciones.

El presidente Donald Trump emitió un sobrio mensaje en Twitter sobre el aniversario: «Hoy honramos a Martin Luther King en 50 aniversario de su asesinato», acompañado de un vídeo sobre «el legado de justicia y paz» de King que ya había compartido este año.

Today we honor Dr. Martin Luther King, Jr. on the 50th anniversary of his assassination. Earlier this year I spoke about Dr. King’s legacy of justice and peace, and his impact on uniting Americans. #MLK50 Proclamation: https://t.co/XXtPO0VX5A pic.twitter.com/SH0esMSyMT— Donald J. Trump (@realDonaldTrump)

April 4, 2018Tampoco estuvo en Memphis Barack Obama, el gran símbolo del ascenso de la minoría negra en la representatividad política. Su presencia quizá hubiera sido un problema de seguridad para las conmemoraciones. Obama mandó un vídeo a los actos celebrados en Mason Temple, en el que aseguró que «mientras intentemos seguir su camino, el alma de King se alegrará». También tuvo una aparición en la pantalla otro ex presidente demócrata, Bill Clinton.

Quienes sí estuvieron en las calles de Memphis fueron activistas históricos, como Jesse Jackson y John Lewis, y políticos como el candidato presidencial Bernie Sanders, que hizo hincapié en el mensaje contra la pobreza de King.

Llamada a capítulo
En muchas formas, la conmemoración en Memphis ha sido una llamada a capítulo a la relación de EE.UU. con el racismo, un recordatorio de que el problema no se ha superado, aunque buena parte de la sociedad estadounidense prefiera mirar a otro lado.

Pocos lo han expresado con la fuerza de Bernice King, la hija del líder asesinado hace medio siglo. En un emocionante discurso en Mason Temple, ante el mismo atril en el que habló su padre, reveló que su padre le dijo a su madre el mismo día de su muerte que su próximo discurso se titularía «América podría ir al infierno». «Si miro a cómo está el mundo hoy, América podría todavía ir al infierno», dijo antes de exigir a su país que se mire al espejo.

«Cincuenta años después, estoy aquí para declarar no solo que América tiene que volver a nacer; sino que ya es hora de que se arrepienta», aseguró sobre los problemas de racismo y pobreza. «Todo el mundo debe arrepentirse de haber caído en un discurso que divide».

Su hermano, Martin Luther King III, también subió al estrado y mostró sus «emociones mezcladas»: queda mucho por hacer dijo, pero también tiene esperanza en nuevos movimientos, como Black Lives Matter -contra la brutalidad policial contra la minoría negra-; «YoTambién», contra la discriminación y los abusos a las mujeres, y el reciente emprendido por los estudiantes del instituto Stoneman Douglas de Florida contra las armas tras la masacre del pasado mes de febrero. «Creo que una coalición de estos grupos puede promover el camino en este país», confió.Una de las grandes ovaciones se las llevó Andrew Young, uno de los líderes de los movimientos de derechos civiles, que trabajó codo con codo con King y que le acompañaba en Memphis el día de su muerte. «Yo estaba ahí cuando le impactó la bala. Pero los africanos dicen que no estás muerto hasta que la gente deja de decir tu nombre». Aunque Memphis ha dejado claro estos días que el racismo no está muerto, Martin Luther King seguirá vivo mucho tiempo.

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