La guerra de aranceles de EE.UU. perjudica a sus vecinos americanos

La guerra comercial abierta por la Administración Trump va a perjudicar a varias naciones americanas, bien directamente, como es el caso de México, por las represalias que puedan adoptar China y otros países en la compra de automóviles, o bien de modo indirecto, por el aplazamiento de inversiones que, debido al mayor clima de incertidumbre, pueden darse en países necesitados de capital extranjero, como Brasil y Argentina. Centroamérica y el Caribe, dependientes de la economía estadounidense, también pueden verse afectados.

En su informe «Una recuperación despareja» el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto cifras a ese deterioro. De entrada, las actuales circunstancias económicas, de las que la guerra comercial es solo una parte, han llevado a revisar a la baja el crecimiento de la región para este año y el próximo. En 2018, Latinoamérica crecerá un 1,2% (una décima por debajo de 2017), y en 2019 lo hará en un 2,2% (cuatro décimas menos que la previsión hecha hace unos meses).

El clima de guerra comercial no es bueno para una región que necesita exportar. Las medidas que está adoptando Estados Unidos, país con una tasa de exportación relativamente pequeña (aunque es el segundo mayor exportador del mundo, sus exportaciones suponen solo el 12% del PIB), dañarán sus cifras, pero mayor perjuicio pueden ocasionar en economías rivales o más pequeñas. En el caso de Latinoamérica, existen tres niveles de afectación.

México
La renovación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha evitado que México (como Canadá) tenga que sufrir los aranceles que Estados Unidos decidió aplicar a las importaciones de acero (arancel del 25%) y de aluminio (10%). De hecho, podrá beneficiarse de la previsible menor importación que de esos productos haga Estados Unidos desde fuera de Norteamérica, pues al resultar más caros los procedentes de otros países México podría aumentar su papel de suministrador.

No obstante, México sufrirá directamente las represalias que tome China, especialmente en el sector de la automoción, ya que muchos automóviles ‘made in the US’ han pasado por factorías mexicanas. El informe del FMI estima que México sufrirá una caída en las exportaciones del 10%, que en el caso del sector automovilístico podría ser del 50%. «A corto y mediano plazo, estos trastornos sectoriales y la desintegración de las cadenas de valor regionales y globales pueden originar grandes desarticulaciones del mercado laboral, ya que los trabajadores de los sectores más afectados tienen que buscar nuevas oportunidades en otros sectores», apunta el FMI.

Centroamérica y el Caribe
Efectos indirectos ocurrirán previsiblemente en las economías de países centroamericanos y caribeños, pues «tienen una alta exposición comercial a Estados Unidos en relación con el tamaño de su economía, por lo que pueden verse muy afectadas por los cambios en la política comercial» estadounidense. Las exportaciones a Estados Unidos de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, así como de Haití y República Dominicana, suponen entre el 5% y el 10% del respectivo PIB.

Un descenso de las exportaciones de Estados Unidos, que podrían caer un 9% de acuerdo con las estimaciones del FMI, perjudicaría el desarrollo económico de la primera potencia del mundo y podría dañar el crecimiento del turismo de origen estadounidense que en los últimos años está empujando las economías caribeñas.

Argentina y Brasil
Por último, un tercer grupo de países que podrían sufrir indirectamente los efectos de la guerra comercial son aquellos que en estos momentos tienen una gran necesidad de la inversión extranjera. Según el FMI, «los efectos indirectos de las actuales tensiones comerciales, reflejados en una mayor incertidumbre –que provocan el aplazamiento de inversiones y planes de gasto de consumo de empresas y hogares, así como una mayor volatilidad de los mercados financieros–, podrían ser cuantiosos, especialmente si las tensiones se agudizan».

El alza de los tipo de interés en Estados Unidos ha provocado una salida de capitales en economías que dependen mucho de esas aportaciones extranjeras. La caída de los flujos de capital están afectando especialmente a Argentina y Brasil, pero también amenaza con perjudicar a otras naciones como Chile, Colombia y Perú.

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