La iraní que pasó de gritar «muerte a América» en el colegio a ganar un premio en la Torre Trump

«¡El desayuno está listo!, ¡el desayuno está listo!», exclama en inglés Pari Sherafatmand para despertar a los estudiantes extranjeros con los que comparte casa en Malta. Pari tiene 69 años, le encanta cocinar y sobre todo conversar con sus huéspedes antes de despedirlos de camino a una de las tantas escuelas de inglés que pueblan esta pequeña isla en el corazón del Mediterráneo. Los Sherafatmand, en claro contraste a los apellidos típicamente malteses Caruana, Brincat o Schembri, se exiliaron del Irán de los ayatolás en 1991, después de la guerra con Irak de la que en este 2018 se han cumplido 30 años de su final. Hoy Pari habla orgullosa de lo que ha luchado para sacar adelante a sus tres hijos: «Todos con carreras universitarias». De todos ellos destaca su hija Lida, de 41 años, artista creadora del movimiento «florescentista» en el que emplea flores para simbolizar el desarrollo de la civilización y con el que ha ganado premios internacionales como el de «Artista por la paz» de las Naciones Unidas.

Pari acababa de terminar la carrera de Química cuando estalló la Revolución contra el último Sha de Persia. En cuestión de meses llegaron las imposiciones del velo, los intentos de retener a las mujeres en sus casas y de oprimir con las interpretaciones más rigoristas de la sharia a la mitad de la población de Irán, uno de los países con mayor tasa de universitarias de la región. Pari renunció a su carrera en un laboratorio universitario para sacar adelante a sus hijos en Jorramchar, cerca de la frontera iraquí, enclave del inicio de la guerra con el Irak de Sadam hace 38 años. En la tarde del 22 de septiembre de 1980, las tropas iraquíes lanzaron su primera fase de invasión mediante una serie de ataques aéreos en todo el país y las aduanas de la localidad donde vivían los Sheraftamand fue uno de los primeros objetivos. La batalla de Jorramchar se extendió hasta el 10 de noviembre de 1980 segando la vida de cerca de 7.000 civiles. Se cree que unos 250.000 iraquíes y entre 300.000 y 1 millón de iraníes murieron en ocho años de guerra.

Lida y Pari Sherafatmand, en Malta – Cedida a ABC

A falta de trabajo y dinero en Malta, la matriarca de los Sherafatmand -que habla farsi, inglés, italiano y no le va mal en maltés- decidió comprarse una máquina de coser, la clásica Bernina, que sin embargo apenas le duró unos pocos asaltos. «Cuando llegué me decían si iba a impartir clases de Química en la universidad, ¿pero cómo iba a hacerlo si apenas sabía inglés? Así que seguí el consejo de una amiga y decidí confeccionar vestidos. Iba de puerta en puerta y poco a poco conseguí sacar adelante a mis hijos. Pero a los pocos días mi máquina se averió. Fui a la tienda y quien me la vendió se llevó las manos a la cabeza: “¿Cuántas horas has estado cosiendo con esta máquina? Es solo para algo puntual y decorar la casa, ¡no para 12 horas al día!”, me dijo asombrado», recuerda Pari, que cosió y cosío hasta hace varios años cuando tuvo que parar por lo que Lida describe como «la enfermedad del carpintero»: sus manos le dolían demasiado y no tenía apenas sensibilidad en las yemas de los dedos. Fue entonces cuando comenzó a trabajar como familia de acogida.

Los Sherafatmand tuvieron que huir primero hacia otras regiones del país hasta que, con la contienda acabada y el líder Jomeini ya fallecido, abandonaron Irán hacia Europa. Pensaron en Italia o Reino Unido, pero finalmente encontraron refugio en Malta, donde una campaña para fomentar el turismo les abrió las puertas, convirtiéndose finalmente en la primera familia oficial de refugiados de la historia del país, que hace unos meses se vio envuelto en una polémica con España e Italia por la gestión del barco Aquarius de inmigrantes subsaharianos.

Primer dibujo de Lida Sherafatmand, a la edad de 3 años y durante la Batalla de Jorramchar

Cedida a ABC
«Teníamos una alarma en la escuela que comenzaba a sonar cuando los helicópteros bombardeaban cerca de la escuela. “¡Bien, otra hora libre!”, esa era mi reacción habitual. Mis padres sentían más el peligro que yo, pero al mismo tiempo obviamente era consciente del terror», recuerda Lida, que tan solo tenía tres años cuando empezó la guerra y se estrenó en su «carrera artística»: «Cuando Jorramchar fue completamente arrasada recuerdo que dibujé ángeles rodeando a un sol de cuyos rayos salían flores para la gente. Es mi primer dibujo. Pensaba que por qué no podemos dejar que el sol cante para nosotros y comenzar a bailar», describe.

Lida, bajita y de apariencia porcelánica, defiende con perenne entusiasmo su apuesta de no depender de las mecas del arte para desarrollar su carrera: «Hay una mentalidad de que los artistas exitosos están en París, Londres o Nueva York y no tengo nada en contra de estas capitales, pero si continuamos poniendo todo el prestigio en unas ciudades o instituciones concretas esto crea un monopolio del prestigio artístico y unos patrones patéticos. He vivido varios años en París y felizmente abandoné la ciudad, la arquitectura es muy bonita, pero necesitaba conectar más con la naturaleza y eso no podía hacerlo en París», sostiene. Lida, que ahora vive en Struga (Macedonia), a orillas del lago Ohrid, comenzó a exponer a partir de los 20 años. Solo ahora, veinte años después, afirma que sus ventas se han estabilizado. «He tenido que esperar veinte años para poder dedicarme totalmente a esto. Mucha gente se rendiría después de unos años, pero es una parte tan grande de mí que nace que no pueda rendirme». Desde 2012, las flores protagonizan casi todo su trabajo porque «no causan polémicas en ninguna parte. En un nivel estético, las personas instintivamente encuentran las flores hermosas».

En casa de Pari se cena en torno a las 19 horas; «sé que a los españoles os cuesta un poco tan temprano», bromea. A veces deja de fondo programas de la televisión iraní, la de los exiliados, mientras atiende a las preguntas de sus huéspedes. «¿Habéis visto lo que está pasando con el consulado iraní en Basora (Irak)? Un grupo de manifestantes ha quemado el edificio. ¿No hay dinero para los iraníes porque prefieren destinarlo para la guerra, y ahora en Irak quieren expulsar a las milicias?», opina mientras sirve un plato de crema de calabaza a sus estudiantes.

Pari y Lida siguen muy unidas; su vida de ciudad en ciudad y de exposición en exposición no se entendería en parte sin el incondicional amor de su madre. «Es mi relaciones públicas», bromea Lida. Como cualquier otro niño iraní crecido en los años de la guerra contra Irak, Lida tuvo que gritar todas las mañanas «muerte a Estados Unidos» en su colegio. Después del deshielo de las relaciones entre ambos países liderado por Barack Obama y otras potencias europeas en 2015, Trump ha roto con el acuerdo nuclear con uno de los “grandes enemigos de América”. Más de 30 años después de gritar las consignas contra EE.UU. en la escuela y en plenas batallas dialécticas entre Washington y Teherán, un trofeo de la “Torre Trump” concedido a la artista Lida Sherafatmand destaca orgulloso en una de las vitrinas del pasillo.

¿Qué hace una iraní en la Torre Trump?

Iba a recibir un premio de una organización (Asia Art Funds) que está en la Torre Trump. Precisamente en esos días (a finales de 2017 y principios de 2018) había protestas en Irán. Quise que fuera el presidente Trump a la exposición que había tuiteado que apoyaba las manifestaciones. Por desgracia, no contestó a mi carta (ríe). (Hace una pausa y cambia de tema). Tener contacto con esta gente no es una conclusión automática a su contribución política, solo por estar hablando con él no quiere decir que apoye completamente todo lo que hace. Si el presidente Ahmadineyad quiere hablar conmigo de arte me sentaré con él. Cuando estuve en Rusia, en una exposición en San Petersburgo invitaron a muchos cónsules a la exposición, entre ellos estaba el de Israel, él sabía que había nacido en Irán aunque tuviera nacionalidad maltesa. Luego esa foto apareció en internet, y mucha gente: «¡Oh, estás apoyando a Israel!». ¿Sabes de qué estaba hablando? Otra vez, en París, cuando me encontré con el Príncipe Reza Pahlevi, hijo del último sha y que nos había reunido a varios porque quería oír la opinión de jóvenes iraníes sobre la situación del país. Me hice también fotos con él. Algunos las vieron, también iraníes, y dijeron: ¡oh!, ¿ahora estás apoyando la monarquía? Una foto no quiere decir que apoye a Trump en todas sus políticas, apoyo algunas, porque es raro poder rechazar o apoyar completamente a un político.

Desde hace años, Lida participa activamente en la concienciación de las niñas en los países donde rige la ley islámica. Junto con Hauwa Ibrahim, ganadora del premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2005 por su trabajo como abogada defensora de mujeres y niñas condenadas a lapidación en el norte de Nigeria, la artista iraní-maltesa ha enviado una serie de ilustraciones con las que ayudar a la abogada a simplificar las reglas de la sharia para las mujeres nigerianas que no pueden leer ni escribir: «La gente me pregunta por qué no pintas algo más dramático y violento, lo siento, ya es suficiente, yo quiero hacer algo diferente, quiero crear. Quiero provocar un sentimiento y una mentalidad de ‘florecimiento’ para las personas y sus vidas».

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