La pareja franco-alemana no pasa por su mejor momento

No pasa por su mejor momento ese cinturón de seguridad que supone para la Unión Europea la relación entre Alemania y Francia. En el consejo de ministros conjunto, que ambos gobiernos celebran juntos dos veces al año y que hoy tendrá lugar en Touluse bajo la dirección de Merkel y Macron, podrá tomarse el pulso a esta relación, que, sin embargo, no pasa por su mejor momento, a solo un día de la cumbre del Consejo Europeo y en vísperas del Brexit, el mayor test de estrés al que se ha enfrentado hasta ahora la unión.

Según el Quai d´Orsay, el encuentro incluye entre sus frutos el servicio cívico franco-alemán, el común manual escolar de la asignatura de Historia, la unidad franco-alemana de protección de eventos, el régimen de matrimonio común para parejas binacionales y la reagrupación de embajadas, consulados e instituciones culturales. Pero en el escenario de cooperación que ofrece la sede de Airbus, con sus grandezas y sus miserias, ambos jefes de Gobierno tendrán sobre la mesa asuntos en los que no son de la misma opinión.

Brexit, Siria, proteccionismo, digitalización: las relaciones entre Alemania y Francia están actualmente expuestas a considerables «conmociones externas», según los asesores del presidente francés. El entendimiento, además, sufre fisuras. En Francia, prevalece la impresión de que las iniciativas de política europea de su presidente han quedado sin respuesta. En Berlín, por otro lado, molesta el activismo de Macron, que para el carácter berlinés supone a menudo un espectáculo de ego. Un ejemplo fue la Conferencia de Embajadores de agosto, donde, en poco más de una hora, presentó un préstamo de 15.000 millones a Irán, con el que esperaba calmar la crisis, sin garantías ni procedimientos procesales, además de prometer a Putin la membresía del G7 y anunciar una nueva estructura de seguridad en Europa, basada en que «Rusia no debería perderse en China».

Hay un objetivo prioritario que Merkel lleva a Touluse en la maleta: la construcción de una nube de datos europea. La canciller alemana está «muy preocupada» por la soberanía de datos de las empresas europeas, según expresó en la reciente cumbre de ingeniería mecánica en Berlín. «Necesitamos una nube propia en Europa», dijo, en alusión al hecho de que la mayoría de las empresas almacenan ya sus datos con proveedores estadounidenses como Amazon o Microsoft. El ministro de Economía, Peter Altmaier (CDU), ya ha puesto sobre la mesa un concepto para una nube europea llamada Gaia-X. El equipo alemán espera obtener respaldo de Francia para este proyecto a cambo del sí para el impulso al desarrollo conjunto de las baterías eléctricas. Los franceses sugieren, en este punto, una autoridad reguladora europea que podría sancionar a las empresas digitales, del mismo modo que los grandes bancos se consideran «sistémicos» porque pueden hacer mucho daño en su caída, las grandes empresas digitales quedarían bajo supervisión estatal.

También hay otra cuestión de la que Merkel ya ha hablado anteriormente con Macron, sin demasiado éxito, y con la que espera volver a intentarlo en este encuentro. Se trata del certificado A1, un papel europeo, concesión al miedo francés al dumping social de los países del Este y que obliga a cada ciudadano europeo que se traslada a otro país a trabajar a obtener este certificado, para probar que está al día con las cotizaciones en el país de origen. Esto que sobre el papel parece muy razonable, está convirtiendo en incesante actividad administrativa cantidad de pequeños viajes de trabajo, cargando a las empresas y ejerciendo en la práctica de medida proteccionista. «Trataré de reducir el tamaño de este monstruo de la burocracia», ha dicho Merkel.

Macron, por su parte, parece interesado en proyectos a mayor escala, especialmente en la cooperación armamentística. Si bien hay progresos en el proyecto de un tanque franco-alemán, el proyecto de combate aéreo europeo FCAS amenaza con venirse abajo porque el Bundestag otorga los fondos necesarios solo por partes y la industria está cada vez más nerviosa. El plazo de 2014 está en serio peligro y Macron desea agilizar esos trámites. Todo lo relacionado con la exportación de armas viene generando desacuerdos entre los dos gobiernos. En Francia no se comprende la detención de las exportaciones alemanas a Arabia Saudí. París y Berlín llevan meses peleando con un documento conjunto destinado a evitar el bloqueo de sus respectivos socios, de manera que si la participación propia es inferior al 20% del valor del negocio, no sea posible el bloqueo, pero el SPD, miembro de la gran coalición, pagaría un caro precio en votos y da largas.

Y, por encima de todo, Macron quiere que Alemania invierta más. En Touluse le presentará a Merkel los datos de Holanda, un ejemplo de gasto que señala como modelo a seguir por Alemania y que incluye inversiones en inteligencia artificial y en empresas tecnológicas particularmente innovadoras.

La pareja franco-alemana, por tanto, hará un esfuerzo para reimpulsar su relación, después de que el nuevo tratado, firmado en enero, haya creado diferentes expectativas que no se han cumplido. Macron no entiende los desplantes en la comisión Europea. Merkel solo percibe a un presidente fugitivo y orientado a la acción, que pronuncia discursos pretendidamente definitorios con una frecuencia cada vez más corta. El francés habla de «una estrategia de audacia y toma de riesgos», frase que Merkel jamás pronunciaría, y mucho menos tomaría como base de acción política, puesto que tiene muy presente la pequeña escala y las dificultades de la política exterior.

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