Las presiones de Trump enrarecen el ambiente en la cumbre de la OTAN

El presidente norteamericano Donald Trump llegó a la cumbre de la OTAN de Bruselas como se esperaba, como un elefante en una cacharrería, acusando a Alemania de ser un país «vendido» a los intereses de Rusia y a todos los demás de ser unos «delincuentes» por beneficiarse del paraguas de seguridad norteamericano sin pagar por ello. La falta de sutileza del inquilino de la Casa Blanca no sorprende a nadie, pero sigue siendo el elemento central de las relaciones transatlánticas, que paulatinamente se van haciendo cautivas de sus volubles estados de ánimo. Durante la reunión formal, para la que se había pactado una declaración conjunta en la que se reiteran los compromisos acordados de aumentar los presupuestos de defensa hasta el 2% del PIB de los países miembros, Trump se descolgó sin previo aviso con la exigencia de que esa cifra debería duplicarse, hasta el 4%, según fuentes norteamericanas como «medio de presión» en una estrategia de regateo más propia de los vendedores de alfombras que de dirigentes de escala mundial.

En la historia de la OTAN, como es natural, el factor norteamericano ha sido siempre un elemento central. Pero nunca antes se había producido una situación tan marcada como la actual, en la que se trata prácticamente de una reunión de Trump con todos los demás. O más exactamente, Trump contra todos los demás dirigentes. No tiene ni siquiera un aliado preferente como han sido los británicos para todos sus predecesores, y todos los que se acercaban a darle la mano en los prolegómenos de la reunión se alejaban después aliviados porque no había pasado nada irreversible. Tal vez el único que ha tenido una reunión apacible con el norteamericano ha sido el presidente francés Emmanuel Macron, del que Trump dijo que «está haciendo un trabajo formidable en Francia».

Las tensiones esta vez empezaron contra Alemania, según fuentes norteamericanas «porque es el país más importante de Europa y para animar a todos los demás», pero también porque Trump parece haber sido sensible a los temores de muchos países europeos de que después de esta cumbre con los aliados de la OTAN pueda tal vez sellar una relación privilegiada con el autócrata ruso Vladimir Putin, que es la mayor fuente de temores para gran parte de los europeos y con el que se va a reunir después en Helsinki.

«Son delincuentes»
«Se supone que debemos estar recelosos ante Rusia y Alemania va y se gasta miles de millones al año para pagar a Rusia» dijo Trump ayer al inicio de un desayuno en la embajada norteamericana en Bruselas, cuando era consciente de que las cámaras captarían sus palabras . Ante el estupor del secretario general de la OTAN, Jens Stoltemberg que lo estaba recibiendo, en lugar de los habituales comentarios sobre el tiempo o la incomodidad del viaje, Trump se dedicó a denigrar a los aliados europeos. «Protegemos a Alemania, protegemos a Francia, protegemos a todos esos países y luego muchos de ellos van y hacen un acuerdo con Rusia para construir un gasoducto y le pagan miles de millones a las arcas rusas».

Cuando llegó a la Reunión a media mañana, la canciller alemana Angela Merkel ya estaba informada de las palabras de Trump y le respondió con una analogía en la que recordaba que hubo tiempos en los que una parte de Alemania estaba sometida a Rusia, la antigua Unión Soviética, pero que ahora ya es un país unido y soberano y que no recibe órdenes de nadie, ni siquiera de Washington. «Yo he vivido personalmente que una parte de Alemania fuera controlada por la Unión Soviética. Y estoy muy agradecida de que ahora estemos unidos en libertad en la República Federal. Por eso podemos decir que hacemos nuestra propia política independiente y tomamos independientemente nuestras decisiones. Y eso está bien».

En cuanto a los demás aliados, Trump había dicho a su manera que «son delincuentes en lo que a mí respecta porque Estados Unidos ha tenido que pagar por ellos» y que «muchos países no están pagando lo que deberían y, francamente, nos deben una tremenda cantidad de dinero de muchos años atrás». La intransigencia del máximo dirigente norteamericano fue incluso en aumento y en la reunión plenaria dijo que no bastaba con el 2% de gastos militares acordado en previas cumbres de la OTAN, sino que consideraba necesario duplicarlo hasta el 4%, que es un porcentaje que ni siquiera alcanza Estados Unidos.

En estas circunstancias, el secretario general de la OTAN tuvo que reconocer al término de la reunión de los 29 jefes de Estado o de Gobierno que no todo habían sido proposiciones amistosas sino todo lo contrario. «Hemos tenido discusiones, tenemos desacuerdos pero, lo más importante, hemos tomado decisiones que impulsan a esta alianza hacia adelante y nos hacen más fuertes», indicó Stoltenberg en la rueda de prensa que clausuraba la jornada. «En la historia de la OTAN -continuó- hemos tenido muchos desacuerdos pero siempre hemos sido capaces de superarlos una y otra vez, porque, a fin de cuentas, estamos de acuerdo en que Europa y Norteamérica están más seguras juntas. La OTAN es buena para Europa y es buena para América del Norte». No está claro que haya convencido aún a Trump de este principio. Y en todo caso, su reunión con Putin este lunes, en un «territorio neutral» como Finlandia aclarará todas las dudas que han quedado en el aire en la cumbre de la Alianza.

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