Las remesas hacen crecer hasta un 2% la economía de Centroamérica

Cuando se examinan las datos de crecimiento económico de Latinoamérica sorprende siempre que los países centroamericanos, con economías pequeñas y poco sofisticadas, crezcan más que el conjunto de los países sudamericanos, en los que hay naciones con mayor potencial.

Así, el Producto Interior Bruto (PIB) de Centroamérica creció un 3,7% en 2017 y podría crecer este año un 3,9%, frente al crecimiento del 0,7% en 2017 y previsión del 1,7% para 2018 en el caso de Sudamérica, de acuerdo con los datos del último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La economía de Centroamérica, y también la del Caribe, sigue muy de cerca los ciclos económicos de Estados Unidos, de forma que el
crecimiento del gigante estadounidense arrastra también a los países del istmo
. Si para algunos países de Sudamérica, China ha pasado a ser el primer socio comercial, desplazando a Estados Unidos, este sigue siendo el socio de referencia para los países centroamericanos. El Acuerdo de Libre Comercio de América Central (CAFTA en sus siglas inglesas) fomenta precisamente el intercambio entre esos pequeños países y la gran potencia norteamericana.

Pero además existe un factor determinante que no siempre se tiene a la vista. Las remesas que los emigrantes procedentes de Centroamérica y el Caribe envían a sus países de origen suponen entre el 8% y el 34% del PIB de varias de esas naciones, lo que ata enormemente la evolución de la economía de esa región a la de Estados Unidos, donde residen la mayoría de ellos. En algunos países la mayor parte del crecimiento del PIB puede deberse a un incremento en la cuantía de las remesas.

Peso en el PIB
La influencia es especialmente notoria en los países del llamado Triángulo Norte centroamericano, los cuales han conocido una fuerte emigración hacia Estados Unidos. Las remesas de los emigrados supusieron en 2017 el 19,5% del PIB en Honduras, el 18,3% en El Salvador y el 11,5% en Guatemala, según consta en un reciente informe de Diálogo Interamericano. Además, las remesas aportaron el 10,2% del PIB de Nicaragua, si bien la emigración de este país está sustancialmente dividida entre Estados Unidos y la vecina Costa Rica.

El porcentaje es aún más elevado en el caso de Haití, donde las remesas constituyeron en 2017 el 33,6% de una economía especialmente pobre. Otros países del Caribe con fuerte peso del dinero enviado por los emigrantes son Jamaica (16,7% del PIB) y República Dominicana (7,8%).

Sin remesas, apenas crecimiento
Desde la crisis financiera mundial de 2008 las remesas que los emigrantes procedentes de países latinoamericanos envían a sus lugares de origen ha ido creciendo cada año. El incremento en 2017 llegó a ser del 9%, la cifra más alta en once años, alcanzado un volumen de remesas récord de 77.000 millones de dólares, como recoge un informe del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA).

La mayor cuantía correspondió a las remesas remitidas a México (28.711 millones), debido al mayor número de emigrantes de ese país. Aunque en ese país los envíos tuvieron la relevancia de constituir el 2,7% del PIB, el impacto fue mayor en las economías más pequeñas de los vecinos meridionales de México.

En los tres países del Triángulo Norte las remesas fueron las responsables de más de la mitad del crecimiento económico. Si en 2017 el PIB de Honduras creció un 3,8%, 2 de esos puntos fueron debidos a las remesas (el 60% del crecimiento); en Guatemala supusieron también 2 puntos de un aumento del 3,3% del PIB (el 51%), y en El Salvador también añadieron 2 puntos al crecimiento, situándolo en el 2,3% (el 78%).

En Nicaragua y en República Dominicana las remesas hicieron que el PIB creciera un 1% (la cuarta parte del crecimiento económico que tuvieron esos países, que fue del 4,5% y del 4,7% respectivamente)

Miedo a Trump
El miedo a ser expulsados de Estados Unidos por las nuevas políticas migratorias del presidente Donald Trump parece estar detrás del incremento del envío de remesas desde ese país. El anuncio de la Casa Blanca de rescindir el programa del Estatus de Protección Temporal (TPS) que permite la estancia a miles de personas procedentes de algunos países centroamericanos y caribeños podría haber acelerado el envío de dinero.

Así lo apunta el informe del CEMLA. «Es razonable esperar», afirma, «que las politicas migratorias instrumentadas por las autoridades estadounidenses, caracterizadas por un incremento en las actividades de identificación y deportación de inmigrantes ilegales y la cancelación del programa de Estatus de Protección Temporal, tengan el efecto de aumentar las remesas originadas en ese país en la medida que dichas políticas resultaran en la repatriación de un número importante de migrantes sujetos aún al TPS y en un adelanto de las remesas enviadas por ellos, asícomo de aquellos que perciben una mayor incertidumbre respecto a la posibilidad de que sean repatriados a sus países de origen».

Por su parte, Diálogo Interamericano asegura que una encuesta puso de manifiesto que los inmigrantes con mayor miedo a ser deportados son los que están enviando más dinero (unos 5.287 dólares al año, frente al promedio de 3.900 dólares). Una vez producidas esas deportaciones habría menos remitentes de remesas y se vería afectada su cuantía total, así como la contribución al crecimiento del PIB.

España, segundo origen
Si los inmigrantes en Estados Unidos generan más del 70% de las remesas que llegan a Latinoamérica, la segunda procedencia es España, con alrededor de un 10% de esos envíos monetarios (6.155 millones de euros en 2016). España es el principal origen de los remesas que llegan a Bolivia y a Paraguay.

En 2017 la población latinoamericana creció en España por tercer año consecutivo, después de varios años de disminución. Aunque los salarios en sectores como la construcción y los servicios no mejoraron, el aumento de la población inmigrante y una liegra recuperación del empleo favorecieron el incremento de las remesas.

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