Le Pen mantiene su primer puesto para las europeas según todos los sondeos

Todos los sondeos anuncian un «terremoto» político en Francia, con motivo de las elecciones europeas. La extrema derecha de Marine Le Pen se cotiza como posible gran vencedora, al frente del primer partido de Francia. Emmanuel Macron confirma su aislamiento político continental. Las izquierdas históricas, socialistas y comunistas, se hunden ante la ascensión de la extrema izquierda populista.

Todos los sondeos de las últimas dos semanas afirman que Agrupamiento Nacional (AN, ex-Frente Nacional, FN), el partido de Marine Le Pen, puede conseguir entre el 23 y el 24 % de los votos nacionales, convirtiéndose en el partido más votado, el primer partido de Francia. La extrema derecha francesa ya ganó de manera espectacular las elecciones europeas del 2014 (con un 25 % de los votos). Cinco años después, el mismo triunfo parece más llamativo, cuando otros partidos a la derecha o extrema derecha del Partido Popular Europeo (PPE), anuncian una ola ultra conservadora muy considerable en toda Europa.

En segundo puesto, según todos los sondeos, La República En Marcha (LREM, liberal reformista), el partido de Emmanuel Macron, se ha estancado en torno al 21 o el 22 % de las intenciones de voto. Una diferencia de solo 1 ó 2 puntos, pero altamente simbólica, si se confirmarse que el partido del presidente queda relegado a un segundo puesto.

LREM parece víctima del aislamiento personal de Macron, en toda Europa. Nathalie Loiseau, la cabeza de lista del partido de Macron, no consigue ser visible. Exministra de asuntos europeos, gran conocedora de la «cocina administrativa» de la UE, no consigue despegar ni dar visibilidad al proyecto presidencial de Renacimiento de Europa. Renacimiento, con R mayúscula. Proyecto ultra ambicioso que no ha conseguido despertar gran interés fuera ni dentro de Francia.

Salvarse de la quema
Los Republicanos (LR, derecha tradicional) sigue siendo víctimas de la retirada política de Nicolas Sarkozy, sustituido por unos aspirantes a líderes que no consiguen salir del hoyo de un modesto 12 % de intenciones de voto. Se trata de un retroceso histórico del conservadurismo francés tradicional, que tuvo personalidades eminentes, de Valery Giscard d’Estaing a Jacques Chirac. A la izquierda, socialistas y comunistas corren el riesgo del hundimiento histórico. El PS apenas tiene un 5 % de intenciones de voto. El peor resultado potencial de la historia del socialismo francés, que tuvo personalidades europeas de los más altos vuelos, como François Mitterrand o Jacques Delors.

El PCF apenas tiene un 3 % de intenciones de voto. El comunismo francés se instala en el gueto de los grupúsculos insignificantes. No habrá comunistas franceses en el nuevo Parlamento Europeo (PE), elegido el próximo día 26.

A la izquierda, el único partido que se salva del hundimiento es La Francia Insumisa (LF, extrema izquierda populista), cuyo líder, Jean-Luc Mélenchon, ha intentado montarse al carro de la franquicia de los chalecos amarillos, donde cohabitan familias de extrema izquierda y extrema derecha. En la recta final de la campaña, LFI ha sido víctima de una crisis espectacular: varios de sus cuadros han abandonado el partido de extrema izquierda para apoyar a la extrema derecha de Le Pen. Tragedia política de gran calado: todas las izquierdas, juntas, «pesan» menos que la extrema derecha de Le Pen.

Europa Ecología / Los Verdes (EELV) es una federación de familias ecologistas que se cotizan con un 7 % de intenciones de voto. Solos, aislados, sin grandes aspiraciones, los ecologistas franceses quedarían contentos si consiguieran evitar una catástrofe.

Existen, todavía, tres grupúsculos de ultra derecha, Francia en Pie (FeP), Los Patriotas (LP), Unión Popular Republicana (UPR), que suman, juntos, entre un 6 y un 8 % de votos, robados a la extrema derecha de Le Pen.

A la extrema izquierda, otros dos grupúsculos, Lucha Obrera (LO) y Generación, apenas suman un 3 ó 4 % de intenciones de voto. Votos robados a las izquierdas tradicionales, caídas en una crisis catastrófica.

Un archipiélago
Esa fragmentación excepcional del paisaje político francés parece anunciar un terremoto o un cambio muy profundo, cuando menos.

Todos los partidos políticos tradicionales, de izquierda o derecha, se han instalado en una crisis sin precedentes. Y los nuevos partidos no cuentan con ningún apoyo excepcional.

Emmanuel Macron ha devorado a todos los partidos de centro y derecha tradicionales. Pero no cuenta con un apoyo nacional masivo. Sus ambiciones europeas no han encontrado el eco esperado en Alemania, que no comparte los proyectos europeos del presidente francés.

Marine Le Pen ha recentrado a la extrema derecha que su padre organizó en torno al difunto Frente Nacional (FN). Y ha creado un partido de nuevo cuño, Agrupación Nacional (AN), que puede convertirse en el primer partido de Francia, con un programa antieuropeo, antiliberal, anticapitalista, haciendo campaña contra todos los pilares de la Unión Europea (UE). Grandes beneficiarios de la antigua Política Agraria Común (PAC), los agricultores y las clases medias francesas no comparten tal hostilidad contra Europa.

Varios sociólogos y estudiosos comienzan a afirmar que Francia está viviendo una gran mutación, convertida en un «archipiélago» de comunidades culturales que no siempre se entienden entre ellas. La recta final de las elecciones europeas parece confirmar, en cualquier caso, que Francia está cambiando de modelo político.

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