Los buzos esperan rescatar entre martes y miércoles a los últimos cinco atrapados en la cueva de Tailandia

El milagro que, hace solo una semana, parecía imposible va a hacerse realidad. Superando los más funestos presagios, este lunes fueron rescatados otros cuatro niños atrapados en la ya famosa cueva de Tham Luang, en el norte de Tailandia. Tras sumarse a los cuatro rescatados el domingo, ya solo quedan cinco en dicha caverna, que los equipos de salvamento tratan de sacar este martes a la superficie.

«La operación ha ido más rápida y mejor que antes», se congratuló el gobernador provincial de Chiang Rai, Narongsak Osottanakorn, al anunciar el éxito de la misión, que duró desde las once de la mañana hasta las ocho de la tarde (de cinco de la madrugada a tres de la tarde, hora peninsular española). Tardando dos horas menos que el día anterior, el mismo equipo de 13 buzos extranjeros y cinco tailandeses que había sacado a los cuatro primeros niños repitió la proeza. Gracias al conocimiento de la cueva que han adquirido durante los últimos días, su destreza está resultando decisiva para recorrer los cinco kilómetros de grutas, algunas estrechísimas e inundadas, que separan al grupo atrapado a 600 metros de profundidad de la luz al final de las tinieblas.

A la pericia del equipo de salvamento se unió este lunes la suerte. A pesar de las previsiones de lluvias torrenciales por el monzón, que podrían volver a inundar la caverna y complicar aún más el dificilísimo rescate, no cayó ni una sola gota en todo el día. «Lo único que le pido al cielo es que me siga dando un poco más de tregua», rogó el gobernador entre los aplausos y gritos de ánimo de algunos periodistas tailandeses. Pero, demostrando una vez más que no siempre llueve a gusto de todos, después de la medianoche empezó a descargar una fuerte tormenta que amenaza con perpetuarse esta semana.

A pesar de este contratiempo, las autoridades han mejorado el drenado de la cueva para bombear el agua que sigue anegando algunos tramos. Parece que así se ha logrado reducir el número de inmersiones al que deben someterse los niños para atravesar las grutas y pasar de una cavidad a otra, en ocasiones a través de huecos que apenas tienen un metro de ancho. Sin apenas visibilidad por el fango y con fuertes corrientes, se trata de la parte más peligrosa de esta claustrofóbica odisea para unos niños que solo tienen entre 11 y 16 años y han aprendido a bucear en un par de días.

En cuarentena
Haciendo un alarde de madurez y serenidad, ocho de ellos ya han salido de esta cueva de pesadilla y se recuperan en el hospital de la capital provincial, a 60 kilómetros de Mae Sai. Con los síntomas propios de haberse pasado demasiado tiempo bajo tierra, están en cuarentena y todavía no han podido reunirse con sus familias. Desmintiendo algunas informaciones que aseguran que el Gobierno no había dicho a los padres qué niños estaba sacando para no generar tensiones por el orden del rescate, el gobernador indicó a ABC que «sí estamos avisando a los familiares de los evacuados».

Debido al hermetismo de las autoridades, también hay bastante confusión sobre quiénes están siendo rescatados primero: los que estaban en mejores condiciones o peores. Al no revelarse los nombres de los evacuados, no se sabe si el monitor de los chicos, de 25 años, sigue todavía en la cueva. Como es el responsable del grupo, se supone que debería ser el último en salir. Pero parece que es el que se encuentra más débil porque, hasta que fueron encontrados al cabo de diez días, le dio a los niños lo poco que tenían de comer.

Cien buzos
El pasado 23 de junio, y tras un entrenamiento de su equipo de fútbol, llamado «Jabalíes», el entrenador y los doce muchachos se adentraron en la cueva, un popular destino turístico de la zona. Haciendo caso omiso a los carteles que advertían del peligro de inundaciones durante el monzón, que dura de junio a octubre, allí pretendían celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Pero una fuerte tormenta les impidió la salida y, al inundar la lluvia varias grutas, tuvieron que ir retrocediendo hasta cobijarse en una cavidad a cinco kilómetros de la entrada. Tras haber sacado ya a más de la mitad, un dispositivo de un centenar de buzos internacionales y tailandeses intenta hoy el último milagro.

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