Los planes de Boris

Boris Johnson ha empezado su nueva vida fuera del Gobierno criticando a Theresa May por sus planes para atemperar el Brexit. Con trazo grueso, acusa a su jefa de filas de querer dejar a su país en una situación de vasallaje económico respecto a la UE. En esta nueva reencarnación, la figura más popular entre los votantes conservadores se propone suceder a May, pero por ahora espera a que culmine una doble negociación durísima. Primero, la que tiene lugar con Bruselas, en la que los términos del divorcio y del período transitorio están acordados, pero en la que falta por definir las bases de la futura relación UE-Reino Unido.

Es muy probable que estos términos acaben siendo muy genéricos y abiertos, para contentar a suficientes parlamentarios conservadores, y se negocien de verdad ya fuera de la UE. El problema es que la segunda negociación, entre los conservadores, tiene preferencia sobre cualquier otra, y no se atisba zona de acuerdo alguna. May aspira a un Brexit blando, con una unión aduanera que no se llame así y múltiples pactos bilaterales en otros aspectos económicos, incluido libre circulación de trabajadores. Dentro de su grupo parlamentario hay suficientes partidarios de una ruptura taxativa con la UE como para hacerla caer.

Boris Johnson barrunta que si lo hacen en otoño pueden perder las elecciones o mantener el gobierno pero enseguida tener que gestionar el tramo más difícil de las negociaciones con la UE, una vez el Reino Unido empeora sus bazas al dejar de ser Estado miembro. Este cálculo no tiene por qué impedir al exalcalde ciclista jugar sus cartas si intuye que ha llegado su momento. Sus dos ventajas sobre sus competidores conservadores son su facilidad para conectar con el ciudadano de a pie y su capacidad de adaptación a las circunstancias. Incluso no es descartable que a medio plazo un hipotético paso de Johnson por la jefatura del gobierno permita al Reino Unido lograr un acercamiento comercial y económico a la UE. Justo lo que Boris considera anatema en estos días de sol e incertidumbre en Londres.

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