Más de dos millones de personas en riesgo de inanición en Zimbabue

Cerca de 2,5 millones de personas están en riesgo de inanición después de las severas sequías registradas entre octubre y mayo y el efecto del poderoso ciclón Idai que arrasó parte del país. Y las previsiones no son nada halagüeñas: se estima que cerca de 5,5 millones de zimbabuenses o, lo que es lo mismo, una tercera parte de su población necesite asistencia alimentaria en 2020, según un informe de UNICEF publicado en junio.

Los desafíos del cambio climático han empeorado la crisis alimentaria: «Este año tenemos más zimbabuenses hambrientos que nunca», declaró Eddie Rowe, director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Zimbabue, a la CNN. Ante este escenario desolador, el PMA lanzó ayer una petición de emergencia de 331 millones de dólares (unos 295 millones de euros)
para ayudar a los afectados en la nación del sur de África. «Nos enfrentamos a una sequía como ninguna que hayamos visto en mucho tiempo», dijo David Beasley, el Director Ejecutivo de este organismo de las Naciones Unidas.

El gobierno, que dice estar proporcionando granos a más de 750.000 hogares desde enero, atribuye la escasez de alimentos a los efectos del cambio climático, mientras que los críticos culpan a una caída en la producción agrícola por las reformas del gobierno en este sector. La seguridad alimentaria se ha visto agravada por la situación económica del país, en recesión desde hace más de una década, que se ha traducido en escasez de alimentos y productos básicos, de divisas, de gasolina…y ahora también, de agua. La sequía ha dejado a más de dos millones de personas sin acceso a agua limpia. El mes pasado, las dos principales ciudades del país, Harare y Bulawayo, anunciaron que habían comenzado un programa de racionamiento que limitaría el acceso de agua corriente solo una vez por semana. La maltrecha economía también ha tenido un gran impacto en la prestación del servicio de agua, que ya de por sí es de baja calidad debido a la escasez de productos químicos purificadores que cuestan la friolera de 3 millones de dólares americanos al mes, según los expertos del sector.

La crisis del agua también ha generado temores de un brote de cólera en áreas donde los residentes han estado sin agua durante casi tres meses.

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