Merkel apoya el Ejército europeo en su discurso ante la Eurocámara

En su esperado discurso ante el pleno del Parlamento Europeo, la canciller Merkel denunció ayer los crecientes nacionalismos y dio el paso de apoyo a Macron -que tantos y tantos meses estuvo escatimando- al respaldar expresamente la idea de un ejército europeo. Quizá llega demasiado tarde esa voluntad europeista a una Eurocámara que hace un par de años habría aclamado este discurso pero que ayer respondió con aplausos y abucheos de parecida intensidad.

Visiblemente influenciada por las recientes celebraciones del centenario del final de la I Guerra Mundial, Merkel llamó a formar un «auténtico ejército europeo para demostrar al mundo que entre los países de Europa no puede haber más guerras». Pero los gritos desde los escaños de la extrema derecha y de la extrema izquierda ponían de manifiesto que la paz y la convivencia sufren una grieta para la que ese ejército europeo difícilmente será una respuesta definitiva.

La canciller, que defendió el trabajo de la OTAN y dijo que el ejército europeo sería complementario a la Alianza Atlántica, rebajó cuanto pudo todo lo que esta propuesta pudiera tener de enfrentamiento con EE.UU., pero señaló sin tapujos que el sistema de defensa actual en los Veintiocho no es «eficiente» y siguió a la ministra de Defensa francesa, Florence Parly, que justifica el proyecto en «nuestra convicción de que los europeos deben ser fuertes, cada vez más capaces de protegerse a sí mismos y a su soberanía».

En la escenificación de apoyo a Macron, Merkel evitó mencionar diferencias todavía abiertas. Según la propuesta de Francia, comenzaría con una tropa integrada por un número reducido de países que interviniera en crisis internacionales. En una siguiente etapa sería ampliada a un «auténtico Ejército europeo». El Gobierno alemán sin embargo prefiere crear la tropa de intervención fuera del marco de la UE, con el objetivo de incluir a los británicos, que saldrán del bloque en 2019, y manteniendo las decisiones de intervención ligadas a los Estados y Parlamentos nacionales, por lo que la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, no habla de ejército europeo sino de «ejército de europeos».

Legado de cuatro mandatos
Pero Estrasburgo no era el momento de entrar en detalles sino de dibujar grandes líneas de acción, por lo que Merkel dedicó buena parte de su discurso a ensalzar «valores europeos» entre los que destacó la solidaridad y la tolerancia. «¡Nunca más nacionalismos!», clamó, «¡nunca más egoísmos! ¡No pueden volver a prevalecer en Europa. Se lo debemos a las generaciones pasadas, pero sobre todo se lo debemos a las generaciones futuras… Eso sí valdrá la pena defenderlo».

Como legado a una Europa de la que ha hecho columna vertebral de sus cuatro legislaturas, expuso su visión los «grandes retos sociales y económicos, cada vez más intensos».

«Con problemas económicos, terrorismo, conflictos y guerras a pocas horas de nuestras puertas. Con movimientos mundiales de refugiados y un cambio digital que nos deja sin aliento. Por no hablar de los viejos aliados que ponen en tela de juicio alianzas que han dado prueba de su validez -dijo sin citar expresamente a EE.UU- es cada vez más importante que los europeos nos mantengamos unidos. Cuenta más que nunca el respeto al otro y sus intereses. Hoy más que nunca hay que entender que el alma de Europa es la tolerancia, que forma parte intrínseca de lo que nos caracteriza y que es una condición sine qua non para que una comunidad funcione. Forma parte del canon de nuestros valores, está en el ADN europeo. Las decisiones, individuales a nivel nacional, siempre repercuten en toda la UE».

«El que socave los derechos fundamentales», avisó a navegantes autoritarios, «el que recorte derechos individuales, la libertad de expresión, no sólo pone en peligro el Estado de derecho en su país sino en toda la UE», dijo, arrancando un gran aplauso de la mayoría de los presentes.

Vínculos económicos
Insistió también en la necesidad de que todos los países europeos se impliquen en el fortalecimiento de la eurozona y en la gestión del fenómeno de los refugiados. «La solidaridad también supone superar egoísmos nacionales. Y me consta que Alemania no siempre ha dado el ejemplo perfecto, por lo menos a los ojos de algunos. Antes de 2015 tardamos en entender que la cuestión de los refugiados no solo nos afectaba a nosotros sino a todos los demás», reconoció, defendiendo un sistema común de asilo común, guardacostas y fronteras.

A propósito de la unión económica y monetaria, un apartado en el que habló menos de solidaridad y tolerancia y más de «imprescindible estabilidad», apuntó que Francia y Alemania trabajan para presentar propuestas que complementen la unión bancaria de cara a final de año.

También calificó de «imprescindible» el establecer un impuesto digital y desarrollar las nuevas tecnologías para hacer frente a potencias como China, marcando así una agenda que espera dejar en marcha antes de abandonar un liderazgo que ha marcado sin duda la Europa de principios del siglo XXI.

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