Merkel apura 24 horas consecutivas de negociación

En la gran coalición alemana, el partido que se lleve el gato al agua lo hará por una cuestión de resistencia física. Merkel lleva casi 24 horas consecutivas negociando con los socialdemócratas, toda una noche después de que, a las doce, terminase en teoría el plazo que los potenciales socios se habían dado a sí mismos para llegar a un acuerdo. Ni consiguen cerrar el trato ni tiran la toalla. «Hay minipasos», dicen fuentes de la Casa Willy Brandt, la sede del Partido Socialdemócrata (SPD), todavía obligadas al silencio impuesto sobre el contenido de las conversaciones.

Las últimas dificultades surgían anoche en materia de impuestos. Ya había quedado cerrado el preacuerdo sobre la respuesta que Alemania dará en Bruselas al plan de Macron para reformar Europa, cuyos detalles no habían sido todavía hechos públicos pero respondiendo a la premisa expresada por el presidente del SPD, Martin Schulz: «los países miembros necesitan más Europa, no menos, una renovación de Europa». Después, a primera hora de la tarde, entraron en detalle en materia de impuestos y de inmigración para, llegado un momento, dejar a los técnicos cerrando cuestiones técnicas y trasladarse Merkel, Schulz y el líder de los socialcristianos bávaros, Horst Seehofer, al despacho del presidente de los socialdemócratas. Allí, ellos tres solos, trataron una serie de puntos de forma confidencial. Seguramente se trataba de un boceto de la formación del nuevo gobierno con nombres y apellidos en cada cartera. A ellos se sumaron posteriormente los jefes de los grupos parlamentarios de los partidos, para acordar un punto más, extremadamente importante: posición y tono parlamentario común respecto al partido populista y anti europeo Alternativa para Alemania (AfD).

Los tres líderes de los tres partidos negociaban bajo una intensa presión. El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, había insistido a media mañana en la obligación de los implicados en lograr la formación de gobierno y las carreras políticas de los cabezas de partido, o lo que queda de ellas, dependía directamente de terminar la jornada con éxito. En este contexto, la necesidad de que no se filtrase el contenido del borrador de acuerdo mientras continuaba la negociación llevó incluso a retirar los teléfonos móviles de los 39 negociadores para garantizar el secreto hasta finalizar. Aun así algunas líneas del preacuerdo iban trascendiendo. Además de la renuncia a los objetivos de reducción de emisiones de gases tóxicos a los que Alemania se había comprometido hasta 2020, se sabía que se han pactado las bases para una reforma de inmigración que de prioridades a trabajadores cualificados, aunque la ley no ha sido todavía bautizada porque la CDU de Merkel insiste en que no aparezca la palabra «inmigrantes» sino «trabajadores». Bastante más fácil de acordar ha sido un compromiso para extender a todo el territorio alemán la banda ancha, con plazo hasta 2025, gracias al dinero que fluirá de la adjudicación de licencias IMTS y 5G, en las que quedan varios puntos que han de ser acordados una vez arranquen las negociaciones oficiales. Porque recordemos que lo que hemos visto hasta ahora eran solo los sondeos, en los que se ha hablado también de asuntos tan variados como la reducción del uso del polémico glifosato o un gran programa de inversión en construcción de vivienda y remodelación de sedes de colegios. Y todos estos acuerdos siguen sujetos a la frase que más se ha repetido durante las negociaciones: nada está totalmente pactado hasta que todo esté totalmente pactado.

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