Merkel, perdedora de la intervención en Siria

Cuando Donald Trump llamó a sus aliados para coordinar la intervención en Siria, telefoneó directamente a los jefes de gobierno, saltándose las instancias europeas y obteniendo adhesiones individuales a los bombardeos. Después de que Theresa May y Emmanuel Macron anunciasen su participación, la canciller Angela Merkel se puso de perfil y estableció que «respaldamos que nuestros aliados estadounidenses, británicos y franceses, en su condición de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, hayan asumido responsabilidad de esta forma», pero aclarando que «Alemania no participará».

La que hace solo unas semanas era aclamada por la prensa internacional como la nueva líder de Occidente, se quedaba fuera del trascendente paso sin tampoco plantarle cara. «La operación militar fue necesaria y proporcionada para resguardar la eficacia del repudio internacional al uso de armas químicas y advertir al régimen sirio», diría después en un comunicado, en el que indicó además que la operación tuvo por objetivo «cercenar la capacidad del régimen de utilizar armas químicas e impedir nuevas violaciones de la convención sobre armas químicas».

La iniciativa de Trump tomó a Merkel saliendo de Meseberg, un castillo de Brandemburgo en el que había participado en un retiro de dos días con sus socios socialdemócratas para tratar de poner orden, después de unas primeras semanas de gobierno en las que se habían multiplicado los desencuentros entre los miembros de la gran coalición. El decidido paso delante de Macron, independiente de la parálisis alemana, mostraba al mundo una nueva situación en la UE cuya imagen no responde exactamente a las fotos que habíamos visto los últimos meses. Ni Alemania está asumiendo mayores responsabilidades en política internacional, en uno u otro sentido, ni Francia y Alemania se ven ahora como dos pilares de un mismo proyecto para la UE, un escenario en el que Macron parece ganar bastante más peso que Merkel.

El ministro alemán de Relaciones Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, ha criticado sobre todo el proceder de Rusia en la ONU. «El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha estado durante meses bloqueado en el tema de Siria, también en lo tocante al asunto del empleo de armas químicas, debido al proceder de Rusia, y también en este caso no ha estado en condiciones de cumplir su labor», ha dicho, calificando la operación de «señal proporcionada y necesaria». Al mismo tiempo, aseguró que Alemania seguirá respaldando el proceso de paz de Ginebra, que «necesita un nuevo impulso». En términos disciplinadamente similares se expresó la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen (CDU), subrayando que se debe hacer todo lo posible por reactivar las conversaciones de Ginebra.

Ausencia de estrategia clara de la UE sobre Siria
El presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, que vivió la foto de las Azores como embajador alemán en EE.UU., puesto que ocupó desde 2001 a 2008, ha sido uno de los primeros en decir en voz alta que los bombardeos en Siria han mostrado la ausencia en la UE de una estrategia clara respecto a ese país. «Merkel tiene razón al no participar, porque los ataques aislados no son un sustituto de la política fallida en Siria, pero la no participación tampoco es el sustituto», ha reprochado la posición de canto de la Cancillería de Berlín.

Siria ha puesto de manifiesto que la esclerosis de liderazgo que Alemania sufre desde la II Guerra Mundial no está tan curada como parecía y que, llegados los momentos decisivos, el país no está preparado. Ni siquiera los más a favor de la intervención en Siria hubieran votado a favor de la participación alemana. En opinión de Ischinger, Alemania queda un tanto desacreditada en sus ambiciosas demandas políticas europeas y su papel quedará limitado al suculento momento de la reconstrucción. «Rusia tendrá que salir de siria en algún momento, su situación económica impedirá a Moscú costear la reconstrucción. Y Damasco no puede contar con la ayuda de los ricos estados del Golfo. Irán tampoco se podrá permitir subvencionar a su aliado…», va descartando competidores.

En cuanto al debate político desatado por los bombardeos, lo más destacado es la ausencia total de posiciones a favor de una participación alemana en todo el arco parlamentario. La secretaria general del Partido Liberal (FDP), Nicola Beer, ha defendido «un ataque militar limitado y calculado, dirigido a demostrar a Assad y sus aliados que los ataques con gases tóxicos contra su propio pueblo no son tolerados». No obstante, justificó que los aviones alemanes no despegasen explicando que «la masacre solo puede detenerse en Siria por medios diplomáticos», a pesar de que se ve obligada a reconocerlos, a la luz de los resultados, como «inquietantemente ineficaces». La única y tímida voz en este partido atlantista a favor de una intervención ha sido la del vicepresidente del grupo parlamentario, Alexander Lambsdorff, que ha dicho que «si nuestros aliados necesitaran ayuda y eventualmente la solicitaran, por lo menos no se la debería descartar a priori».

Los Verdes, por su parte, han calificado la decisión de Merkel de «sensata». Die Linke (La Izquierda) ha vapuleado el ataque por «ineficaz» y «violación del Derecho Internacional», mientras desde el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD) se ha dicho que «sólo se debería haber pensado en un golpe punitivo una vez que se hubiera ido corroborado que se trató de un ataque con gas tóxico y que Assad es el responsable».

Powered by WPeMatico

A %d blogueros les gusta esto: