Nayib Bukele ganaría la presidencia de El Salvador en la primera vuelta, según las encuestas

Este viernes se presentó la última encuesta de la empresa Cid Gallup sobre la intención de voto en las próximas elecciones presidenciales en El Salvador, cuya primera vuelta tendrá lugar el próximo 3 de febrero. Los resultados dan a Nayib Bukele, candidato que se presenta por la conservadora Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), como el favorito con el 57%, muy por delante del siguiente candidato, Carlos Calleja, de la también de derechas Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que ha obtenido el 31% de la votación. Si estos resultados se confirmaran el día 3, «sería un triunfo en primera vuelta», al superar el 51% establecido la ley, explica a ABC, en conversación telefónica, Luis Haug, gerente regional de la empresa encuestadora.

«Los resultados muestran que el candidato Nayib Bukele, de una forma muy clara, está al frente de la elección. Tendrían que pasar algunos eventos bastante extraordinarios para que no fuera el triunfador», asegura Haug.

En tercer lugar, ya muy alejado, se encuentra Hugo Martínez, candidato del Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (FMLN), actual partido en el poder que cuenta tan solo con un 11% de intención de voto. Este bajísimo porcentaje estaría directamente relacionado con la «evaluación» que los ciudadanos hacen del actual mandatario, el exguerrillero Salvador Sánchez-Cerén (que el pasado jueves fue uno de pocos presidentes que acompañó a Nicolás Maduro durante su toma de posesión, no reconocida por la comunidad internacional). «Es el presidente peor evaluado de los últimos treinta años, incluso si tenemos en cuenta a los mandatarios previos a los acuerdos de paz en El Salvador», subraya Haug.

Falta de credibilidad
En un momento en que la «fake news» invaden las redes sociales y contaminan cualquier convocatoria democrática, esto parece haber hecho mella también en la campaña electoral en El Salvador, en la que han entrado a formar parte los trolls que supuestamente tendrían los diversos partidos para «diseminar noticias falsas» sobre sus contrincantes. Algo que ha tenido serias consecuencias. Entre los datos recogidos por la encuesta, destaca la falta de credibilidad que han logrado transmitir durante la campaña los candidatos. Un 40% de los consultados no sabe/no contesta sobre cuál de ellos considera que «dice la verdad». «Ese alto porcentaje está vinculado a la campaña que han realizado los candidatos de desacreditación sobre los demás. Cuando Bukele dice algo, hay una campaña para desmentirlo, y lo mismo sucede con Calleja y Martínez -afirma Huag-. Esto, sumado a la desacreditación que tienen actualmente los disntintos partidos políticos aquí en el país, incrementa la desconfianza».

A esto ha contribuido también, más que la falta de un debate serio entre los cándidatos -una de las principales críticas de los medios y analistas salvadoreños al proceso electoral-, el hecho de que la campaña ha girado en torno «a las verdades o no de los candidatos, más que sobre temas específicos sobre las necesidades del país». Los temas más preocupantes, como las pandillas y la seguridad, «no han sido directamente abordados, han sido dejados de lado», reconoce Haug.

Ese es otro de los datos que presenta la encuesta: las principales preocupaciones de los ciudanos consultados (en la muestra han participado 1.200 personas), situando como la más importante la violencia y la seguridad. El Salvador es unos de los paíes más violentos del mundo, como consecuencia en gran parte del fenómeno de las maras o pandillas. Algo que se sufre «principalmente en las zonas urbanas, hasta el punto de que en uno de cada cinco hogares vive una pesona que ha sido víctima de la violencia».

El problema de las pandillas
En la actualidad, el poder de las pandillas y de su entorno (familia) -se estima que abarcaría hasta 400.000 personas, en un país que tiene poco más de seis millones de habitantes- es de vital importancia a la hora de ganar las elecciones. Tras las revelaciones realizadas por medios como El faro sobre las negociaciones llevadas a cabo en el pasdo por varios partidos políticos con las pandillas -que terminaron dando un giro hacia el «manodurismo«-, el voto de estas el próximo mes de febrero podría decantarse por un voto de castigo para algunas formaciones.

Otro problema que preocupa a la ciudadanía en El Salvador es la situación económica y el desempleo, debido «a la escasez de ingresos que entran en los hogares». Un tema del que se ha hablado poco durante la campaña, a pesar de las consecuencias que viene provocado desde hace años, como la emigración masiva hacia otros países, en especial EE.UU. Un probelama que este año ha adquirido mayor visibilidad con la caravana formada por miles de centroamericanos (de El Salvador partieron varias caravanas que se integraron en la principal, que actualmente se encuentran varada en Tijuana). «Ha sido un tema ausente en la campaña, que se ha mencionado de manera esporádica tras alguna consulta de algún ciudadano», puntualiza Huag.

El informe también muestra a una juventud poco movilizada, especialmente por debajo de los 24 años, franja que muestra gran «apatía» respecto al debate político y las elecciones, lo que podría derivar en «un abstencionismo preocupante».

El candidato errante
Así pues, si no sucede nada extraordinario, Nayib Bukele se convertirá en presidente el próximo 3 de febrero. Bukele comenzó su carrera política con el FMLN, con el que se convirtió dos veces en alcalde, la última, de la capital salvadoreña. Tras un enfrentamiento en el seno del partido, fue expulsado en 2017. Después creó su propio grupo, Nuevas Ideas. En 2018 intentó formar coalición con el partido de centroizquierda Cambio Democrático, cuya inscripción no fue aceptada, dejando a Bukele sin partido con el que concurrir a las presidenciales, hasta que se integró en el derechista GANA, formación fundada en 2010 como consecuencia de una escisión de Arena.

En el programa de GANA aparecen propuestas muy radicales -a favor de la pena de muerte, contrario a la despenalización del aborto, uso de paramilitares para combatir a las pandillas-, algunas de las cuales Bukele ha rechazado públicamente.

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