Olivier Faure será el nuevo primer secretario de los socialistas franceses

El LXXVIII Congreso del Partido Socialista (PS), en Aubervilliers, en la periferia norte de París, deberá concluir este domingo con el anuncio del nombramiento de
Olivier Faure (49 años) como primer secretario de la formación. El PS aspira a consumar el «renacimiento» de un socialismo hundido en la crisis más grave de su historia.

Varios analistas han llegado a afirmar en radio y televisión que el Congreso de Aubervilliers pudiera ser el último de un PS víctima de tres procesos convergentes: el desastroso mandato presidencial de François Hollande (2012-2017), el hundimiento histórico de sus ideas tradicionales y el enfrentamiento cainita de los aspirantes a refundar el socialismo francés.

Benoît Hamon, el candidato oficial del PS, obtuvo el peor resultado de la historia del socialismo francés en la primera vuelta de las presidenciales de 2017: un irrisorio 6,36% de los votos. El partido fue relegado a un humillante quinto puesto, detrás de Macron, Le Pen, Mélenchon y Fillon.

Tras aquella catástrofe, siguió el hundimiento histórico del grupo parlamentario socialista, que pasó de tener una mayoría absoluta de 295 diputados a un grupo muy minoritario de 31 diputados.

Tras su humillante derrota, Hamon creó su propio grupúsculo/partido, «Generations», e hizo un análisis devastador del estado del socialismo francés y europeo. «Lo que está ocurriendo a la izquierda francesa y europea va mucho más allá del hundimiento de los partidos: es el fin de la socialdemocracia», afirmó Hamon.

«El PS ha muerto»
Antigua estrella del socialismo francés, Manuel Valls, primer ministro de Hollande, antiguo aspirante a la candidatura socialista a las presidenciales, declara hoy a quien quiere escucharlo: «El PS ha muerto».

Con la fuga sin destino conocido de Valls y Hamon culmina la desaparición de todas las personalidades históricas del socialismo francés, perdidas en el limbo de la insignificancia (François Hollande) o el olvido (Martine Aubry, Laurent Fabius, Lionel Jospin, entre una pléyade de viejas figuras desaparecidas de la escena política).

Elegido por los militantes del partido en una votación sin pena ni gloria hace semanas, Olivier Faure deberá asumir el liderazgo del PS sin que exista todavía ningún proyecto político conocido.

Tras treinta años de vida militante, con un modesto diploma de derecho económico, sin experiencia profesional de ningún tipo, Olivier Faure tampoco tiene un «cuerpo de doctrina» política personal: ha militado en sucesivas y antagónicas «familias» del PS, trabajando como asesor y consejero de personalidades políticas de muy segundo plano.

Oliver Faure estará al frente de un PS hundido en un campo de ruinas: ha tenido que vender su sede histórica, tiene el grupo parlamentario más pequeño de su historia, sus antiguos líderes han desaparecido, no tiene programa político ni económico, no tiene aliados a la izquierda ni a la derecha… los más optimistas, proponen la creación de una «universidad popular» destinada a formar a sus futuros cuadros, mientras sus todavía desconocidos «cerebros» intentan construir la futura «ideología de sustitución».

«Navegamos en una chalupa»
Ese vacío político está poblado de alimañas. Alain Bergounioux, historiador y socialista histórico, resume la coyuntura de su partido de este modo: «El PS vive una crisis ideológica y una crisis humana. El partido vive la tragedia de una ausencia fundamental de solidaridad entre sus dirigentes y sus militantes». Menos elíptico, el vespertino «Le Monde» cita a un diputado socialista que comenta: «El verdadero problema es que los presuntos dirigentes se odian entre ellos. Estábamos en la cubierta del Titanic. Ahora navegamos en una chalupa, una embarcación pequeña que navega con dos palos para velas».

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