Portazo a Italia

En un inusual gesto de autoridad, la Comisión ha rechazado los presupuestos presentados por el Gobierno italiano, quien deberá revisarlos y remitir unos nuevos en las próximas semanas. El Ejecutivo de los Conte, Salvini y Di Maio es muy original y pensaba que el «profesor» europeo sería incapaz de echarle de la clase a pesar de su comportamiento díscolo. La deuda del país supera el 130% de su PIB y, lo que es peor, sus planes de futuro no contemplan una reducción en los términos acordados.

Esto es lo que sucede cuando pierde el respecto a los déficits presupuestarios que engordan la deuda de un país. Los gobiernos de turno acostumbran a contemplar tan solo el horizonte temporal de su legislatura, en la que se dedican a agradar a sus ciudadanos, dándole sin parar a la máquina del gasto. Si esto coincide con la parte baja del ciclo la justificación es evidente: hay que sostener el edificio social, luchar contra la desigualdad, apoyar a los parados, mantener la educación y la sanidad y realizar inversiones públicas que impulsen a la economía. Esta actitud tiene una defensa sencilla. Lo malo aparece cuando este mismo comportamiento se mantiene aunque el ciclo cambie, como sucede en una buena parte de los países del sur de Europa, incluido el nuestro. Y, claro, si agrandamos el déficit y la deuda cuando las cosas están mal y hacemos lo mismo cuando están bien, ¿quién, cuándo y cómo devolverá lo que debemos; hasta cuándo aguantarán los mercados, qué prima exigirán para prestarnos? Italia empieza a conocer algunas de las respuestas…

La CE hace bien y haría mejor si se mantiene firme en su decisión. Los comportamientos nacionales desaprensivos son una lacra para el propio país que los practica, pero son también una amenaza para el resto de socios de la zona euro, cuya estabilidad es responsabilidad europea e interés de todos. Es posible que los modos heterodoxos italianos contenten a una parte de su población que asiste alborozada al espectáculo de desacato, pero son perjudiciales para todos los demás, que padeceremos las turbulencias de los mercados y los aumentos de las primas de riesgo con el consiguiente encarecimiento de toda financiación. Por eso, la Comisión acierta.

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