Richard Nixon: el verdadero «House of Cards»

A poco más de una hora en coche desde el laberinto de autopistas que circunvalan la ciudad de Los Ángeles se encuentra la biblioteca-museo de Richard Nixon. En la tienda de recuerdos, el récord indiscutible de ventas lo tiene la foto tan inolvidable como surrealista en el despacho oval de Nixon (amargado a pesar de haber llegado a la cúpula del poder en Washington) estrechando la mano de Elvis Presley (completamente intoxicado, entre otras cosas, por su propia leyenda).

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1974: portada tras la dimisión de Richard Nixon, quien fue derrotado por una exclusiva periodísticaEn un extremo de los jardines del museo se encuentra la humilde casa de madera, construida por su padre Frank, donde Nixon nació un 9 de enero de 1913; en sus propias palabras «el día más frío en uno de los inviernos más fríos en la historia de California». A un costado de la vivienda, se encuentra la sencilla tumba del presidente número 37 de los Estados Unidos. En su lápida, junto a la de su esposa Pat, se puede leer: «El mayor honor que la historia puede conferir es el de pacificador». Cuesta creer que Richard Milhous Nixon descanse verdaderamente en paz. A pesar de todo el tiempo transcurrido, la trinidad Nixon-Watergate-Vietnam continúa siendo una herida colectiva que no termina de cicatrizar. Llama la atención hasta qué punto los debates, reproches y polarización de hace medio siglo siguen resonando en la actualidad de Estados Unidos.

En su lápida se puede leer: «El mayor honor que la historia puede conferir es el de pacificador»

De hecho, la historia política de Richard Nixon se puede resumir con una palabra: perseverancia. Estudió Derecho en Duke University, sirvió en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial y se abrió camino en Washington como un furibundo anticomunista, primero en la Cámara Baja y luego en el Senado. En 1952, con tan solo 39 años, fue elegido como «número dos» de Eisenhower. Cuando en 1960 parecía que había llegado su turno, Nixon perdió la Casa Blanca en unas presidenciales que ganó John F. Kennedy por un mínimo margen de votos. En 1962, luchó por convertirse en gobernador de California. Tras sumar una nueva derrota electoral, el contumaz político pronunció una de las promesas más incumplidas en la vida pública americana: «No vais a tener más Nixon para patear».

En 1968 Nixon fue elegido finalmente presidente. Sus dos mandatos con éxitos difícilmente discutibles estuvieron sin embargo dominados por la obsesión con el poder y la paranoia de estar rodeado de enemigos. El escándalo «Watergate» fue la conclusión más o menos inevitable de todas esas obcecaciones nixonianas que terminarían en el primer y único presidente dimisionario de EE.UU. Para entender esta saga interminable hay que apreciar la complejidad y la inseguridad de Nixon, reflejadas solamente en la ficción de series como House of Cards es posible encontrar personajes tan malvados como inteligentes.

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