Sustos a mansalva

Los jefes de Estado y Gobierno de los 28 miembros de la OTAN saben que Donald Trump disfruta con las emociones fuertes. Su dramatización escénica y su forma de decir las cosas, como el constructor del barrio de Queens que es, resulta difícil de gestionar para líderes políticos tradicionales a los que las trampas gustan mucho, pero los sobresaltos poco. Ayer los tuvieron a mansalva. Trump llegaba enfadado por unos aliados que, como Merkel o Sánchez, han despreciado sus requerimientos de pago. Pero Trump introdujo además nuevos factores en la ecuación de la seguridad europea que causaron gran sobresalto adicional. Por ser muy reales. Más allá de las cuestiones del gasto militar, Trump quiere enfrentar a los países europeos, y muy especialmente a Alemania, a sus contradicciones. Dijo que hablan de protección frente a Rusia quienes más dependen de ella y le pagan miles de millones, en referencia al gas y petróleo ruso, su gasoducto Northstream, que supone la más firme alianza con Rusia que hay en Europa, con un segundo oleoducto proyectado que también evita pasar por Polonia y otros aliados. «Alemania es un cautivo de Rusia», dijo.

Respecto al gasto militar, Trump dobló la apuesta. Dijo que el 2% del PIB es insuficiente y que habrá de ser el 4%. Sabe que esto no es viable y solo lo será en caso de guerra. Les espetó a los aliados que delinquen al no cumplir con sus pagos. Tampoco le pudo complacer que ante la cumbre con Vladimir Putin, los aliados expresaran su temor a que Putin lograra de Trump concesiones peligrosas para todos. Desde hace décadas se queja EEUU de pagar casi toda la factura de la defensa común como en la Guerra Fría mientras los europeos presumen de sistema de bienestar e infraestructuras. Trump ha decidido que eso va a cambiar. A la espera de la cumbre Trump- Putin, cierto es que el estado de agitación creado en Bruselas forzará cambios de actitud y de enfoque en la OTAN que muchos creen necesarios.

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