«Todas las partes del conflicto sirio reclutan niños de doce, once e incluso diez años», denuncia Unicef

«Los niños no pueden esperar a que las guerras terminen cuando hay crisis que amenazan su supervivencia inmediata y su futuro a largo plazo en proporciones catastróficas», afirma el director de programas de emergencia de Unicef, Manuel Fontaine. «Los niños son los más vulnerables cuando los conflictos o los desastres causan el colapso de servicios esenciales como la atención sanitaria, el agua y el saneamiento. Si la comunidad internacional no toma medidas urgentes para proteger y proporcionar asistencia vital a estos niños, se enfrentan a un futuro cada vez más oscuro», sentencia en el Informe de Acción Humanitaria para la Infancia 2018, que asegura que uno
de cada cuatro niños viven en países afectados por conflictos.

Con estas palabras, Fontaine se refiere a las principales víctimas de aquellos países que viven inmersos en una guerra, como Siria, que en marzo entrará en su octavo año de contienda civil; Yemen, Irak, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Nigeria… Estos niños, refugiados, desplazados de sus hogares, son los principales destinatarios del plan de acción humanitaria de la agencia de la ONU para este 2018. Presentado ayer en Madrid, la organización hace un llamamiento urgente por valor de 3.600 millones de dólares (unos 2.900 millones de euros). Una cantidad que irá destinada para «proporcionar asistencia vital a 48 millones de niños que viven en 51 paíes en situación de emergencia». El 84% de ese dinero será para trabajar en países afectados por crisis humanitarias derivadas «de la violencia y el conflicto».

«Es el llamamiento más grande de la historia», aseguró ayer, durante la presentación, Javier Martos, director ejecutivo de Unicef Comité Español, que subrayó

que en
«2017 se acentuó la repercusión de los conflictos». De ahí que el plan de acción humanitaria destine una parte importante de sus recursos económicos a Siria y Yemen. Casi ochocientos millones de euros serán para ayudar a los 6,9 millones de niños desplazados por el conflicto sirio a los países vecinos, como Líbano, Turquía, Jordania, Egipto e Iran; mientras que algo menos de 300 millones de euros irán destinados para los desplazados internos. En cuanto a Yemen, que lleva dos años inmerso en otra guerra civil, se ha previsto una cantidad de unos 270 millones de euros para sofocar las necesidades más urgentes -entre ellas una epidemia de cólera que habría afectado a un millón de personas, la mitad de ellos niños-.

Crisis de los rohingyas
Martos hizo hincapié también en el «repunte de la violencia» en Myanmar, lo que ha provocado el desplazamiento de miles de niños rohingyas a Bangladesh, donde viven hacinados en campos de concentración como el de Kutupalong, en Cox’s Bazar (Bangladesh). Con una extensión de 3.000 acres y una capacidad originariamente para 200.000 o 250.000 personas, en la actualidad sobreviven en él 688.000 personas, de las que el 60% son niños.

Durante una conexión en directo con Kutupalong, la jefa de operaciones de Unicef en Bangladesh, Sara Bordas, explicó cuáles eran los principales retos a los que tienen que enfrentarse en un espacio tan hacinado, como «crear puntos de agua, pozos; construir letrinas para hombres y mujeres…».

Unicef es la agencia humanitaria que lidera la respuesta de agua, saneamiento e higiene durante las emergencias, proporcionando más de la mitad de los servicios de emergencia de este ámbito en las crisis humanitarias de todo el mndo. «117 millones de personas carecen de acceso a agua potable, y en muchos países afectados por conflictos mueren más niños debido a enfermedades causadas por agua sucia y un saneamiento pobre que por la violencia directa», explica Fontaine en el informe. «Sin acceso a agua y saneamiento los niños enferman, y a menudo no pueden recibir tratamiento porque los hospitales y los centros de salud no están en funcionamiento o están saturados. La amenaza es mayor porque millones de niños se enfrentan a niveles de desnutrición que ponen en riesgo su vida, lo cual les hace más susceptibles a las enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera. Esto crea un círculo vicioso de desnutrición y enfermedad».

Niños rohingya se asoman por la ventana de un centro de enseñanza temporal apoyado por UNICEF en Bangladesh.

FACEBOOK UNICEF
Otras de las prioridades de Unicef, dentro del campo de Kutupalong, es la creación de «centros de salud y nutricionales, y espacios educacionales» que, en diferentes turnos, intentan atender al mayor número de menores posible. El objetivo de estos espacios es «retablecer la normalidad de los niños», indicó Bordas. También han puesto en marcha un centro de protección de la infancia para «identificar los casos más vulnerables», como los niños que llegan al campo de refugiados solos, tras haber visto como eran asesinados sus padres, o aquellos que tienen a su cargo varios hermanos, así como las adolescentes que han sufrido violencia de género.

Sara Bordas ha sido testigo de la evolución de los menores desde el ingreso en el campo, muchos de los cuales llegaron en septiembre pasado tras la gran crisis del mes de agosto. Recordó, con gran satisfacción, que los primeros dibujos que realizaban los niños con referencia a escenas de violencia y asesinato de sus familiares, habían dejado paso, cuatro meses después, a paisajes con flores.

Niños soldado en Siria
La presentación de ayer contó también con la intervención de Fran Equiza, representante de Unicef en Siria, que comenzó su intervención refiriéndose a uno de los últimos grandes desplazamientos dentro del país debido a los bombardeos: «200.000 personas están huyendo de Idlib hacia ciudades como Alepo, Hama o Tartus». Desde que comenzó la guerra, en marzo de 2011, se ha producido un total de «2,5 millones de desplazamientos de niños fuera de Siria y tres milllones dentro del país», indicó Equiza, que denunció uno de los peligros a los que se enfrentan estos menores: «Todas las partes del conflicto reclutan niños de doce, once e incluso diez años». Estos pueden ser utilizados «en acciones auxiliares o en primea línea, en el frente», donde pueden estallar minas.

La mutilación, la falta de agua, el frío… son algunos de problemas que afectan a estos niños y que Unicef intenta paliar con la entrega de equipos especiales, pero que no llegan a todo el mundo. «En Siria hay 150.000 niños sin ropa de abrigo, y 800.000 en los países vecinos», lamenta Equiza. La vacunación es otra de las prioridades en un país donde el año pasado fueron detectados 74 casos de polio, «enfermedad que se consideraba casi erradicada». También puso la voz de alerta en la región de Guta Oriental, a las afueras de Damasco, que está sitiada desde hace cuatro años. Allí el índice de desnutrición entre los niños ha alcanzado el 11,9%. «Y desde hace semanas no nos dejan entrar para llevar ayuda humanitaria», se lamenta.

Pero el mayor reto al que se enfrenta Siria es la reconstrucción de sus sistema educativo. «Con la guerra se marcharon 150.000 profesores, y una de cada tres escuelas fueron destruidas». Hasta el momento, Unicef ha reconstruido 600 centros y en 2017 dio formación a 10.000 profesores. «Es preciso que los niños vayan a la escuela para convivir con otros niños. Siria tiene mucho futuro, pero lo que más necesitan los niños es aprender, porque lo que han visto a sus mayores no es lo normal», indica Equiza, haciendo referencia a la violencia que existen en las aulas, tanto entre los niños, «porque es lo que han visto», como en los profesores. «El modelo de sociedad en Siria depende de lo que hagamos ahora», setencia.

Educación y agua potable
Es precisamente la educación la partida a la que Unicef destinará gran parte de los 2.900 millones de euros, con un 25%. Esto permitirá que 8,9 millones de niños tengan acceso a programas oficiales y extraescolares de educación básica. Le sigue, con el 21%, la inversión en agua, saneamiento e higiene, lo que permitirá a 35,7 millones de personas acceso a agua potable; el 18% será para nutrición, de tal manera que 4,2 millones de niños serán tratados contra la malnutrición; el 12% se destinará a salud (10 millones de niños serán vacunados contra el sarampión), y el 11% a protección de la infancia (3,9 millones tendrán acceso a ayuda psicosocial).

La gente hace cola para recoger agua suministrada por caminos de Unicef en Sana (Yemen) – UNICEF/UN057350/Algaba
Siete emergencias
En estos momentos, se calcula que aproximadamente 85 millones de niños y niñas necesitan ayuda humanitaria. Para Unicef los escenarios más urgentes a los que llevar ayuda son siete:

Siria y los países vecinos siguen siendo escenario de la vulneración de los derechos más básicos de 11 millones de niños después de casi 7 años de conflicto.

En Yemen, después de casi dos años de guerra, la infancia afronta una crisis de cólera sin precedentes. De 1 millón de casos sospechosos que hay en el país, la mitad son niños.

En Nigeria y la cuenca del lago Chad la violencia ha desplazado a 4,3 millones de niñas y niños.

En Irak la escalada del conflicto ha provocado que casi 9 millones de personas necesiten ayuda humanitaria.

En Sudán del Sur, miles de niños son reclutados por grupos armados y 2 millones no pueden ir a la escuela porque no son seguras.

En República Democrática del Congo el número de personas desplazadas en el país es el doble que en enero 2017, llegando a 4,1 millones.

Bangladesh ya acoge a más 655.000 personas de la comunidad rohingya que huyen de la violencia en Myanmar. Los más vulnerables, los niños que han llegado solos y están expuestos a cualquier tipo de maltrato o abuso.

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