Todos contra Orban, Orban contra Soros

«Todos contra Orban» es el único lema en el que es capaz de ponerse de acuerdo una oposición húngara totalmente fragmentada. Tan superada se ha visto la variopinta oposición por las mayorías logradas por el partido Fidesz del primer ministro Viktor Orban que hace un año hubo hasta sondeos para una cooperación electoral entre el partido ultraderechista Jobbik y los socialistas del MSZP. La cosa quedó en nada. Y hoy esos dos partidos son los que a mucha distancia siguen a Fidesz en los sondeos, Jobbik como segunda y el MSZP como tercera fuerza más votada. Después vienen los Verdes, una escisión socialista y otros grupúsculos la mayoría sin esperanzas de representación parlamentaria. Los 199 escaños se eligen este domingo por sistema mixto de circunscripción y lista. Dependerá mucho también de la participación que Orban pueda hacerse otra vez con una mayoría de dos tercios que estos últimos días parecía lejana.

El partido de Orban que se presenta en la alianza con los democristianos de KDNP con la que gobierna desde 2010 en mayoría absoluta, es más, tuvo mayoría de dos tercios que perdió después por un escaño que no renovó. Ahora la estrategia del poder es clara y se basa toda ella en la figura de Viktor Orban. Él es el artífice de una mejora económica incuestionable de los pasados años. Pero ante todo es el defensor de la nación frente al exterior, frente a una Unión Europea que quiere inundar de refugiados este país como todos los demás. Y los aliados de esos intentos de Bruselas de imponer también en Hungría una sociedad multicultural cargada de conflictividad como la alemana, francesa o inglesa. De cuyos problemas con los inmigrantes y refugiados se informa en los medios húngaros desde luego con más detalle que en los países afectados. Y se apela al miedo sin complejos ni pudor en lo que Fidesz presenta en su propaganda como la advertencia para que el pueblo húngaro no caiga en la trampa de ese «mundialismo» que se propone eliminar las naciones liquidando sus señas de identidad, tradiciones y esencia.

El partido gobernante presenta a toda la muy variada oposición como «las fuerzas de George Soros», el gran magnate y multimillonario especulador de origen húngaro que financia una campaña mundial permanente en favor de fuerzas de izquierda, de los mensajes del multiculturalismo y la promoción de la inmigración en todas sus facetas. Soros, de origen húngaro, es el enemigo mortal de Orban. El gobierno Orban combate a la multitud de ONG de Soros que proliferan para combatir a Orban y desprestigiar dentro y fuera de Hungría la política actual del gobierno húngaro. Esto le ha costado muchas veces reprimendas y condenas de instancias europeas o de los diversos comités de las Naciones Unidas. Pero el gobierno siempre ha respondido que las ONG financiadas por el exterior no están legitimadas para intervenir en la vida política húngara. También las denuncias de dichos comités de que la agitación contra la inmigración en Europa es xenofobia han sido siempre rechazadas por Budapest.

«Tontos útiles»
Orban es hoy probablemente el supremo adalid de la defensa del control fronterizo europeo y advierte sin cesar que sin ese control Europa como sociedad libre y abierta morirá en plazo breve. De ahí que a nadie extrañe el panfleto electoral en el que vienen enfrentados en contraste de colores, las fuerzas de Soros sobre fondo gris oscuro y las de Victor Orban sobre cálido fondo color tierra. En él se advierte que las fuerzas de Soros, es decir toda la oposición desde la izquierda a la extrema derecha como «tontos útiles», eliminarían la valla fronteriza de llegar al poder, fomentarían la inmigración y alojarían a los inmigrantes y refugiados en las casas de las ciudades y pueblos. Y harían de Hungría otro país de inmigración como son los europeos occidentales, con sus barrios musulmanes y colegios atestados de niños no húngaros. Por el contrario, «las fuerzas de Viktor Orban, dice el panfleto, que fue quien construyó la valla fronteriza contra la inmigración ilegal en plena crisis en el otoño del 2015, la defenderá como lo hará con la nación ante cualquier intento de Bruselas o Merkel de imponerle cuotas de inmigrantes o refugiados». Orban, dice el panfleto, «es el garante de que Hungría siga siendo húngara».

Y de que los colegios húngaros no se parezcan a los austriacos, alemanes, suecos u holandeses, que se ven en la televisión y que especialmente en los barrios pobres tienen ya mayorías de niños de inmigrantes. Precisamente de niños húngaros presume el gobierno que asegura haber subido la tasa de natalidad en cuatro décimas desde que llegó al poder y espera después de esta legislatura llegar al añorado 2,1 niños por pareja necesarios para cambiar la tendencia demográfica. Desde luego, cierto es que unos paseos dan la impresión de que en Budapest hay más jóvenes de origen europeo embarazadas que en ninguna otra ciudad del continente.

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