Trump, forzado a aprobar sanciones contra Putin por su intromisión electoral

En el último minuto y a regañadientes. Con el mismo desinterés con que se saltó a la torera el pasado octubre el mandato del Congreso y cuando vencía el nuevo plazo, Donald Trump suscribió este lunes las primeras sanciones contra Rusia por su intromisión en las elecciones presidenciales que él mismo ganó. La diferencia esta vez es que el inquilino de la Casa Blanca, no sin mantener la incertidumbre a la que es aficionado, ha evitado seguir jugando con fuego. Después de horas de inquietud en las filas republicanas, temerosas de que otro plante presidencial reforzaría aún más la idea de su connivencia con Rusia, la Administración iba a dar a conocer la lista de las cinco tipos de sanciones elegidas, según anunció la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, poco antes del cierre de esta edición. La dirección del partido conservador recibió la decisión con alivio, incluso cuando distintas fuentes apuntaban que Trump optaría por castigos de bajo perfil.

La decisión del presidente más reacio al encontronazo con Moscú en la historia reciente culminaba un largo proceso de tirante relación con los propios congresistas republicanos. Desde que el pasado julio el Senado aprobara casi por unanimidad una ley que obliga al presidente, las reticencias de Trump a aplicarlas han sido permanentes. En agosto, obligado por los plazos a sancionarla, no ahorró críticas contra los senadores de su partido, de los que llegó a insinuar que habían impulsado una norma inconstitucional, por invadir el ámbito presidencial. En medio del ruido, procedió a su firma. Cuando llegó octubre, obligado por los plazos a aprobar las primeras sanciones concretas, Trump optó por el silencio administrativo. La justificación de la Casa Blanca entonces para no poner en marcha las correspondientes medidas de castigo a Rusia consistió en explicar que la Administración del Tesoro estaba trabajando aún en una lista de sanciones y de sancionables. Este lunes, finalmente, el presidente, no sin jugar al despiste desde la víspera y pasándolo por alto públicamente durante toda la jornada, dio su aprobación definitiva.

El texto legislativo que sirve de paraguas para las medidas aprobadas este lunes incluye doce tipos de medidas de las que el ocupante del Despacho Oval debía elegir cinco. Diversas fuentes del Congreso daban por hecho que Trump se iba a decantar por las más suaves, en su permanente voluntad de evitar un encontronazo con Putin. Para el presidente «outsider», que derrotó a todo el «establishment» contra pronóstico, la asunción de medidas contra Rusia es un acto de reconocimiento de que recibió su ayuda para el triunfo. Algo que una personalidad como la de Trump difícilmente va a reconocer nunca. Por encima, incluso, de las conclusiones que suscribieron en su día las principales agencias de inteligencia estadounidense, recogidas en un categórico informe.

Destitución de Comey
En un Washington salpicado cada día, casi cada hora, por noticias que añaden aderezo a la tremenda ensalada en que se ha convertido la investigación de la trama rusa, irrumpió este lunes la dimisión del número dos del FBI, Andrew McCabe. La misma Administración se cobraba al fin una de las piezas más ansiadas, que Trump había reclamado de forma insistente. Si su reticencia a sancionar a Putin alimenta la teoría de una supuesta conspiración previa a la elección, la marcha de McCabe, anunciada este lunes por el propio protagonista, incrementa la lista de víctimas del escándalo desde que el nuevo presidente tomara mando en plaza. Para entender la marcha de quien también fue segundo del anterior jefe del FBI, James Comey, y después jefe en funciones, hay que recordar que es precisamente la destitución de Comey a cargo de Trump el principal hecho, el eje sobre el que gira la actual investigación del fiscal especial contra él. Para Mueller, es un indicio de que el presidente, en su intento de frenar la investigación de la trama rusa, pudo cometer también un delito de obstrucción a la Justicia.

La salida de McCabe se produce después de una indisimulada presión a cargo del Fiscal General, Jeff Sessions, sobre su director, Christopher Wray. Como se publicó recientemente, el propio Trump llegó a preguntar hace unos meses al ahora dimitido a qué candidato había votado en la elección. Para el entorno de Trump y muchos republicanos, el hasta este lunes número dos del FBI fue una de las piezas clave para que Hillary Clinton no fuera inculpada en el escándalo de los e-mails.

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