El esperpento se sube el 13 de abril a las tablas del Carrión con Morfeo Teatro y ‘Los cuernos de Don Friolera’

EUROPA PRESS

  • ‘Los cuernos de Don Friolera’, de Valle Inclán, llega a las tablas del Teatro Carrión de Valladolid el próximo día 13 de abril de la mano de la compañía burgalesa Morfeo Teatro, en un montaje que combina el teatro de variedades con un entorno de pintura contemporánea. Se trata de una feroz crítica al machismo ibérico bajo el cristal del esperpento.

“Estoy haciendo algo nuevo, distinto a mis obras anteriores. Este teatro no es representable para actores. Ahora escribo teatro para muñecos. Es algo que titulo Esperpentos. Consiste en buscar el lado cómico en lo trágico de la vida misma. Lo que sería una escena dolorosa, acaso brutal, para el espectador una sencilla farsa grotesca”.

Esta declaración del propio Valle-Inclán en una entrevista a la prensa sirve de pretexto de puesta en escena para dar comienzo a ‘Los cuernos de la friolera’, uno de los tres ‘esperpentos’ que conforman su magna obra ‘Martes de Carnaval’, uno de los proyectos más singulares y ambiciosos de está reconocida compañía de trayectoria internacional y que ha conseguido clamorosas críticas tras su estreno.

En ‘Los Cuernos de Don Friolera’ se retrata una España de principios del siglo XX en la que Valle-Inclán critica los prejuicios morales de la pérdida del honor por “los cuernos”; por eso pretende, y logra con suma ironía, burlarse de sus personajes y de sus comportamientos de folletín sainetero, en una parodia satírica sin precedentes, que provoca risas crueles y desatadas sobre la tradición machista de los españoles.

La historia narra cómo el teniente Astete-don Friolera-, recibe un anónimo avisándole de que su mujer le engaña. Vuelto loco por los celos que siente de su frívola mujer, doña Loreta, tentada por un chulapo de medias tintas y vecino, el barbero Pachequín, e instigado por un malintencionado vecindario, trama tomar venganza.

La hija de ambos, Manolita, entra en escena justo cuando el supuesto “cornudo” va a matar a los inocentes amantes, amansando las iras de su padre. Sin embargo la presión de sus colegas militares le ofusca en lo más hondo de su orgullo, y recurriendo a un ancestral código del honor, y pistola en mano, se conmina a cometer el crimen, al grito de “¡En el cuerpo de carabineros no hay cabrones”.

Hace Valle también un repaso del ambiente del hampa y clases populares, de la connivencia de los contrabandistas y oficiales del ejército, en definitiva un retrato despiadado de la deteriorada consistencia moral de la sociedad española y del ambiente de frustración tras la pérdida de las Colonias.

Reniega también Valle del conservadurismo intelectual y político de su época, de la mojigatería religiosa, y de la conservadora y altiva tradición literaria española desde Cervantes a sus días.

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