La XXIII Escuela de Otoño de Cáritas llama a hacer una «lectura creyente de la realidad»

El evento, al que acudieron 500 voluntarios de las distintas Cáritas parroquiales, estuvo presidido por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, y el director de la entidad, Mariano Pérez de Ayala, que dieron la bienvenida a los participantes para asistir a un fin de semana en el que recordaron que, por vocación, los asistentes han elegido «ser servidores de nuestros hermanos», así como que no hay que olvidarse de los pobres, pues «es especialmente con los que el Señor se identifica y solo se sustenta en una fuerte espiritualidad», en palabras del arzobispo recogidas por Cáritas en una nota de prensa.Tras la bienvenida inicial, el turno fue de María Luisa Berzosa, consagrada de la Congregación Hijas de Jesús y directora de Fe y Alegría en España y consultora de la secretaría permanente del Sínodo de la Amazonía, nombrada directamente por el Papa.Bajo el título ‘¿Qué veo cuando miro al mundo?’, la ponencia de María Luisa destacó que «las cinco urgencias» en este mundo son el derecho a la educación, migrantes y refugiados, ecología, paz y Derechos Humanos, así como que «hay dos valores que son fundamentales: la hospitalidad, es decir, la acogida cálida a migrantes y desplazados, en una sociedad plural, y la inclusión, que incorpora a las personas a una sociedad sin distinción de origen, sexo, condición cultural, religiosa o económica».El sábado continuó con un encuentro a cargo de Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación de Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (Foessa), entidad adscrita a Cáritas España, quien dio las ‘Claves de Cáritas ante una sociedad desligada’, con la que dejó constancia de que «la realidad de la recuperación económica en España se puede comparar a los coches que van en una misma carretera, pero van a dos velocidades».Además, Flores recordó que «muchos trabajos no consiguen hacer que las familias se integren en la sociedad: el 12% de las personas que trabajan se encuentran bajo el umbral de la pobreza y el 15% en exclusión severa, y los contratos temporales multiplican por 2,5 el riesgo de exclusión social».Los retos de Cáritas son «no abandonar al hermano, reconocer los signos de los tiempos, hacer lo que somos, denunciar la injusticia, y evitar el riesgo de un mundo sin hogar, y para esto hay que activar la empatía, la compasión y el calor», concluyó.La mañana del domingo estuvo centrada en la atención a la exclusión, con reflexiones sobre la implicación en la vida y en la situación de las personas que están sufriendo los efectos más duros de la pobreza.La XXIII Escuela de Otoño finalizó con la celebración de la eucaristía, presidida por el delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Sevilla, Carlos González Santillana, un broche final a un encuentro que, una vez más, ha tenido como único objetivo «formar y concienciar a los agentes de Cáritas desde la llamada que Dios nos hace a ejercer la caridad con sumo cuidado y entrega, dando las herramientas y la atención adecuada a los más vulnerables».

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