Más de 50 obras del palentino Díaz-Caneja, “arqueólogo” del paisaje castellano, ahondan en los colores de su tierra

EUROPA PRESS

  • Más de medio centenar de obras del pintor palentino Juan Manuel Díaz-Caneja, “arqueólogo” del paisaje castellano, se exponen desde este jueves en el Museo Patio Herreriano de Valladolid para “ahondar” en el “magma” y los colores de Tierra de Campos. La exposición ‘Díaz-Caneja. Paisaje universal’ se presenta con motivo del 30 aniversario de la muerte del artista y se podrá visitar, de forma gratuita, hasta el próximo 10 de marzo.

En la inauguración de la misma han estado presentes las concejalas de Cultura de Valladolid y Palencia, Ana Redondo, y Carmen Fernández, respectivamente, y el director de la Fundación Díaz-Caneja, Rafael del Valle, de donde proceden los óleos.

Del Valle ha destacado la capacidad pictórica de este artista que dedicó 40 años de su vida a esa “obsesión” por la naturaleza de Castilla, pues consagró el grueso de su obra al estudio de casi un único motivo: los paisajes.

Sin embargo, ha explicado, rechazaba la denominación de “paisajista” porque su pintura de vanguardia, más cercana a los puramente abstractos, estaba desligada de la realidad. “No era un paisajista porque no salía de casa, sino que pintaba aquello que investigaba y vertía en el lienzo lo que tenía en la cabeza”, ha apostillado Del Valle.

Además, aunque se ha acusado a Díaz-Caneja de haber pintado un único cuadro, Del Valle ha roto una lanza a su favor al defender la destreza que requiere “trabajar sobre un mismo tema de forma totalmente diferente e introducir insistentes y sutiles variaciones en sus obras”.

En este sentido, el presidente de la Fundación ha elogiado esa capacidad de Díaz-Caneja para percibir los matices y pequeñas mutaciones del entorno, que quedan plasmados en el “tejido esponjoso” de sus lienzos. “Es un arqueólogo que ha ahondado en el magma y en el contenido de una tierra que él veía llena de colores, lejos de los grises en los que se suele reparar”, ha aseverado.

Por su parte, las concejalas de cultura de sendos ayuntamientos han coincidido en que esos colores, a su vez, transmiten la “quietud y serenidad” de los campos castellanos a pesar de la vida “complicada y difícil” que llevó el pintor, ha agregado Ana Redondo.

Asimismo, la edil vallisoletana ha señalado que es un “orgullo y un deber” exponer la obra de uno de los grandes artistas de la Comunidad. Así, la muestra, que recorre “todo el paisaje pictórico” de Díaz-Caneja, se ha presentado a modo de “sincero y sentido homenaje” para dar a conocer la vida y obra del artista palentino.

JUAN MANUEL DÍAZ-CANEJA

En 1923, Caneja se trasladó a Madrid y recibió la influencia de Daniel Vázquez Díaz, sobre todo, del cubismo o tardocubismo más o menos derivado de la lección de Cézanne y su ductil geometría. Hacia 1927, conoció a Benjamín Palencia y a Alberto Sánchez y tomó parte en las excursiones de aquellos por los paisajes áridos del sur de Madrid que, mucho más tarde, dieron nombre a la Escuela de Vallecas.

Un año después, en 1929 viajó a París, donde contempló directamente la pintura de Picasso, Matisse y Braque. Las pinturas de Caneja de los primeros años treinta muestran, a través de tonos pardos y ocres, la lección cubista y constructiva en su mayor grado de abstracción. En 1937, y tras conocer a Isabel Fernández Almansa, su inseparable compañera, el pintor se afilió al Partido Comunista de España, militancia a la que obedeció durante el resto de su vida.

Sin embargo, la práctica del paisaje, en la inmediata posguerra, se debió aparecer a Caneja como el modo de mantener una especie de pureza plástica, inasequible a cualquier contaminación temática o ideológica que pudiera empañar la autonomía moderna de la pintura. En 1948 y hasta1950 fue encarcelado por su compromiso social y diez años más tarde, en 1958 recibió el Premio Nacional de Pintura.

Durante la siguiente década, la pintura de Caneja se fue centrando casi exclusivamente en el paisaje, pero tomado cada vez más como espacio autónomo para la pura expresión pictórica de un mundo reducido a los mismos y pobres elementos -unas lomas, unos alcores, la cristalografía de un pueblo- continuamente reelaborados sobre el lienzo. En 1962 obtuvo la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

En los años setenta y ochenta su pintura alcanza la más escueta depuración formal. Hacia la mitad de esa última década, da cabida, por entre el levisimo y fundamental paisaje, a ciertas presencias apenas corpóreas que adquieren una elocuencia mínima y oriental.

Pero será a partir de entonces y hasta el fin de su vida cuando componga una serie de pinturas de extremada alegría en el color y de una especie de furia arrebatada en la ejecución. Esa pintura deshecha, liberada ya de cualquier armazón geométrico, era sin duda el canto de cisne de uno de los pintores más esenciales del siglo XX español. Su muerte acaeció el 24 de junio de 1988.

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