Un extrabajador de Los Nogales: “Trataban a los ancianos como basura”

FCO. PELAYO

  • A. D. estuvo trabajando en la residencia hasta que lo despidieron tras denunciar los malos tratos. 
  • como ya desde su segundo día en la empresa detectó que algo no funcionaba bien. “Era mi primer trabajo como auxiliar de enfermería. No tenía ninguna experiencia, pero a mí no meparecían normales los comportamientos que estaba presenciando”, asegura. “En mi segundo día de trabajo me llamó la atención que una usuaria rechazase ir al baño con dos compañeras. Entonces la metieron por la fuerza y le empezaron a restregarle la cara con agua. Me quedé frío“, cuenta. 

    A. D. explica que era un comportamiento habitual en una gran parte de los trabajador ignorar las peticiones de los mayores que querían ir al baño. “Las usuarias me pedían ir al baño y no me dejaban. O me ponían mala caras”, recuerda. “Había una señora que me pedía llevarla todos los días a la misma hora. Pero si en ese momento no podía me decían que la dejara, que era una pesada. La señora, a la que llamaban la marquesa, siempre me pedía a mí que la llevara al baño porque le hacía caso”.

    La forma de trabajar con personas mayores de A. D. llamó la atención de algunos compañeros, que pusieron en conocimiento de los responsables del centro las atenciones que dedicaba a los ancianos. “Fue entonces cuando me dan un toque. La psicóloga de la residencia, que era mi superior, me pregunta por qué hacía así las cosas. ‘No puedes llevar a una usuaria al baño y tardar mucho’, me dijo. Le comenté que esa persona tiene una discapacidad y que no podía dejarla sola. Entonces me contesta: ‘Tú la dejas sola y tes vas a hacer otra cosa, que no se va a mover'”, sostiene este trabajador. “Tampoco me parecen bien otras cosas, como el trato hacia algunos usuarios”, dijo a su superior, quien contestó: “No te preocupes. Eso es algo puntual, aunque si ves algo más me lo dices”. 

    Otra mala experiencia de este auxiliar de enfermería fue en el gimnasio donde se realizaba la rehabilitación: “Me decían que cerráramos la puerta porque solían venir los hijos. Y luego allí, realmente, no se hacía ninguna rehabilitación. Cuando se quejaban les gritaban. Era algo evidente que los tenía que ver todo el mundo”. 

    El estrés mental al que estaba sometido este antiguo empleado de Los Nogales le hizo incluso tener que darse de baja una semana. A su vuelta, A. D. estaba decidido a irse pese a que solo llevaba allí un mes, pero no hizo falta: “Vi como a una señora que no se podía mover ni hablar una auxiliar le estaba cogiendo el brazo con bastante fuerza. Le quité la mano y le dije que eso no lo hiciese”. 

    Al día siguiente, ese gesto le costó el puesto. “Les dije que si mi trabajo era tratar mal a los usuarios entonces lo estaba haciendo mal. Trataban a los ancianos como si fueran basura. A las dos horas me despidieron por no haber superado el periodo de prueba, que no había encajado”, afirma A. D., que conocía a Bryan y María Josefa, dos de los tres extrabajadores denunciados: “Nunca me demostraron que fueran capaces de algo así”

    Fue el hijo de una de las ancianas el que denunció el pasado mes de diciembre la situación de maltrato continuado en la residencia que su madre seguía padeciendo. El denunciante aportó junto a su escrito tres vídeos grabados en el interior de la habitación y ocho fotografías de lesiones que presuntamente habían sido infringidas por el personal de la residencia. “Te mato”, “te arranco la cabeza” o “guarra” son algunas de las frases e insultos que profirieron contra las usuarias. 

    Este exempleado califica este tipo de comportamiento como “habitual” entre muchos trabajadores: “Hay tratos que se pasan por alto porque la gente tiene que hacer muchas tareas, como las camas o duchar a los usuarios. Hay mucha presión. A diario veía caras de agobio puro de gente que sí trata bien a los abuelos”. 

    El presidente del Grupo Los Nogales, Pascual Berlanga, ha asegurado, por su parte, que está estudiando querellarse por injurias contra el denunciante de supuestos casos de maltrato en una de las residencias del grupo por «las mentiras» que, a su juicio, está propagando. Berlanga reiteró que llevan «trabajando sin problemas desde hace 40 años» con el respaldo de autoridades y familias.

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