Las situaciones traumáticas y las historias que nos cuentan son los principales orígenes de la fobia a volar

EUROPA PRESS

  • Cuando el miedo es incapacitante para la persona en cuestión, la mejor solución es acudir al psicólogo.
  • A nivel farmacológico se pueden recetar betabloqueantes o sedantes.

La fobia a volar es un trastorno psicológico cuyos síntomas se dan principalmente durante la niñez temprana, según ha explicado el doctor Pedro Adrados, psicólogo clínico del Hospital Vithas Nuestra Señora de América de Madrid, quien ha destacado que su origen aún es desconocido aunque generalmente se asocia a situaciones traumáticas del paciente o al relato de otras personas.

En este sentido, el experto ha señalado que no hay que confundir la fobia con la desconfianza que pueda producir coger un avión. Esta diferencia se basa en el grado de amenaza con el que se vive el hecho y la incapacidad que provoca dicho estado de alerta en la vida del individuo.

Dentro de esta fobia existen dos grupos. Por un lado, están aquellos en los que su miedo se relaciona con un posible accidente, y, por otro, se encuentran las personas cuyo miedo se asocia con el riesgo de sufrir un ataque de ansiedad.

En este contexto, el doctor ha destacado que cuando el miedo es incapacitante para la persona en cuestión, la mejor solución es acudir al psicólogo. Una de las “principales” técnicas que se llevan a cabo en este tipo de trastornos es la exposición, que “debe hacerse de forma segura, controlada y gradual, proporcionando al paciente las herramientas necesarias para superar ese miedo”.

También son importantes las técnicas que permiten disminuir la activación neurovegetativa de la ansiedad, como taquicardias, sudoración o hiperventilación. Para estos casos se utilizan técnicas de relajación y meditación como yoga o respiraciones abdominales. En cuanto al nivel cognitivo, el experto ha destacado el aprendizaje de técnicas para evitar la expectación ansiosa y normalizar los miedos compartiéndolos con el entorno. Además, ha explicado que hay que tener en cuenta el estado de alerta del paciente.

Cuando esperamos que algo malo pase, es fácil tender a interpretar cada señal como premonitoria. Toda la atención está puesta en los síntomas de ansiedad y cada circunstancia que nos acontece es interpretada como amenazante. En su lugar podemos anticiparnos y buscar estrategias de distracción: leer, escuchar música, ver una película o si podemos, intentar dormir”, ha señalado el doctor.

Por último, ha puesto en relieve que a nivel farmacológico se pueden recetar betabloqueantes o sedantes pautados y supervisados por un psiquiatra y un psicólogo.

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