Los alérgicos tendrán una primavera “leve” por el polen, pero la contaminación puede dar más guerra

EUROPA PRESS

  • Los alérgicos al polen que vivan en Extremadura y Andalucía van a ser los más afectados esta primavera

El invierno seco que se ha vivido este año reducirá notablemente los niveles de polen en primavera en comparación a años anteriores, por lo que las personas alérgicas no sufrirán unos meses muy complicados, según el doctor Julio Canabal Sanmartín, alergólogo del HM La Esperanza de Santiago de Compostela.

“Un invierno así supone menos carga de polen en el ambiente y, por tanto, menos síntomas alérgicos y más leves, aunque habrá que esperar a ver cómo avanza esta estación, sobre todo en cuanto a los niveles de contaminación”, explica el experto. El doctor puntualiza que este clima seco y cálido de las últimas semanas, y que se prevé en las siguientes, “incrementa” la contaminación, especialmente por las partículas diésel. “Esto favorece la alerginidad del polen y los síntomas de las personas sensibles al mismo”, indica.

Canabal Sanmartín destaca al respecto que, en contraposición a la primavera leve, “en invierno se constató un incremento de consultas debido a la escasez de lluvias y a niveles superiores de contaminación, lo que provocó que en los meses de enero a marzo se multiplicaran entre 5 y 10 veces los niveles de polen”. Esto ha incidido en el “aumento” de pacientes que han acudido a un especialista de Alergología, especialmente por cupresáceas, entre las que se encuentran los cipreses y las arizónicas.

La mayor parte de las alergias respiratorias están provocadas por los pólenes, destacando gramíneas, platanero, olivo, parietaria y ciprés. Durante el periodo primaveral, en España se produce la polinización de la mayor parte de las especies alergénicas. Incluso en esa época se produce la polinización de especies menos abundantes como el abedul en el norte de España, y la palmera en el litoral mediterráneo.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica estima que los alérgicos al polen que vivan en Extremadura y Andalucía van a ser los más afectados esta primavera. Los niveles oscilarán entre los 6.056 granos/m3 en Cáceres y los 6.996 en Badajoz, mientras que en Andalucía variará de muy leve en Almería, con 635 granos/m3 a moderada en Sevilla, con 4.656 granos/m3.

En España, 8 millones de ciudadanos son alérgicos, de los cuales el 80%tienen alergia a las gramíneas, una familia de plantas que son la principal causa de la aparición de las alergias primaverales, el 60% al olivo, el 50% a las plantas arizónicas y el 40% al plátano de sombra.

Según el presidente del Comité de Alergología de la SEAIC, Ángel Moral, en los últimos diez años se ha duplicado el porcentaje de alérgicos a los pólenes más alergénicos. Concretamente, las gramíneas han pasado del 35 por ciento al 74 por ciento; la arizónica del 9 al 23 por ciento; el plátano de sombra y la salsola del 7 al 14%; y el olivo del 30 al 52%.

La contaminación y las alergias

La causa de estos incrementos se puede explicar por el efecto de la contaminación y el cambio climático, según el doctor. Moral, al igual que Canabal Sanmartín, argumenta que la emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y de los motores diésel altera la estructura del polen, haciendo que genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles.

Estas proteínas de estrés incrementan la agresividad del polen en las ciudades y en poblaciones que viven cerca de autopistas, en comparación con los pólenes de zonas rurales sin contaminación. Por este motivo, en las ciudades se producen más casos de alergia a pesar de que la concentración de pólenes sea menor que en el campo.

“Los altos niveles de contaminación de las ciudades favorecen el fenómeno de inversión térmica que impide a los pólenes abandonar la atmósfera e incrementa el tiempo de exposición a ellos”, comenta el experto. También recuerda que el cambio climático está alterando los ciclos de polinización de las plantas, adelantando el inicio y retrasando el final de su periodo de floración, con lo que se amplía la duración del periodo de polinización y, por tanto, se aumenta la exposición de la población a los pólenes.

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